EL MUNDO › OPINION

La hora de la “frau” de hierro

 Por Mercedes López San Miguel

Ella prometió reducir el poder de los sindicatos y la burocracia y recortar el impuesto sobre la renta. Su nombre era Margaret Thatcher y corría el año 1979 cuando fue nombrada primera ministra británica. Fue implacable: privatizó un Estado gigantesco, destrozó los sindicatos y anuló al laborismo durante 15 años. Con su política, el desempleo pasó de uno a tres millones antes de que hubiera violencia en las calles en la huelga de los mineros. Los planes económicos de Angela Merkel, presidenta del conservador Unión Democrática Cristiana (CDU) y futura canciller de Alemania, son análogos a esas conquistas capitalistas. ¿Qué hay de cierto en el apodo puesto a Merkel de “la Thatcher alemana”? ¿Hasta qué punto tendrá poder para llevar adelante un programa “de hierro” dentro de una “gran coalición” con los socialdemócratas?
La agenda de la CDU alemana incluye el plan de trasladar la carga del seguro de desempleo de los salarios al impuesto al valor agregado (subir el IVA del 16 al 18 por ciento, destinando una parte de esos ingresos a reducir los “excesivos” costos no laborales) y darles a las compañías más espacio para llevar adelante acuerdos con los empleadores y menos con los sindicatos. “Estoy convencida de que en 10 años podemos volver al primer lugar de las economía europeas”, dijo Merkel, cuyo plan es criticado por lijar los derechos de los trabajadores. Sus credenciales thatcheristas se acentuaron durante la campaña, cuando nombró como vocero financiero del partido a Paul Kirchof, del que se habló como posible ministro de Finanzas, cargo que quedará en manos de los socialdemócratas. Kirchof propone una tarifa plana de impuesto sobre la renta: un 25 por ciento para todos y supresión de las posibilidades de deducción vigentes. La CDU propugna flexibilizar el despido para bajar el desempleo del 11 por ciento. Los socialdemócratas se oponen a esas políticas por considerarlas antisociales.
Merkel podría esconder más reformas bajo la manga. Para los reformistas, esta diminuta divorciada de 51 años podría ir más allá una vez acomodada en su silla de jefa de gobierno y probarse como una “dama de hierro”. Pero a la vista parece una figura menos autoritaria que Thatcher. Las dos mujeres tienen algo más en común: obtuvieron títulos en ciencias y los archivaron –para Thatcher fue química; para Merkel, física– antes de que se dedicaran de lleno a la política.
“Es dura y sabe lo que quiere”, dijo un antiguo asistente de Merkel. Varios elementos hicieron que su aspiración a la Cancillería fuera considerada una novedad, casi “un milagro” para su formación: es mujer, protestante y, aunque nació en Hamburgo, creció en la entonces comunista Alemania del Este. Llegó a liderar un partido tradicionalmente dominado por hombres católicos de Alemania Occidental. Merkel se unió a la CDU dos meses después de reunificación alemana, luego ocupó el Ministerio de la Mujer y la Juventud, para que cubrieran con ella las cuotas de mujer y “ossi” (del este). En 1994 fue la titular de Medio Ambiente.
Hace cinco años ganó reconocimiento durante un escándalo de su partido. Merkel negó como “totalmente absurdo” que hubiera habido sobornos por el suministro de tanques a Arabia Saudita. Cuando la crisis se acentuó y se volvió evidente el papel del entonces canciller Helmut Kohl, rompió públicamente con el hombre que la había llevado al gabinete, el mismo que la apodaba “la nena” a sus 36 años. Eso le dio dividendos a Merkel, quien fue elegida para liderar el partido en el 2000. Dos años después todavía no era conocida lo suficiente como para ser candidata a canciller y sí lo era Edmund Stoiber, el líder del partido hermano de la CDU, la CSU. La relación de Merkel con Stoiber es señalada como difícil, lo que se vio durante la campaña, con las controvertidas observaciones de éste sobre los alemanes del este, a quienes acusó de “vagos” y de “fracasados”.
Merkel tiene un tono persuasivo y estridente, aunque más vago que el de la baronesa británica. Maggie cumplió 80 años el pasado 13 de octubre y, según cuenta el ex ministro conservador George Walden, a la hora del aperitivo, la ex premier “balbucea incoherencias” porque se tomó tres whiskies y un par de gin-tonics, la bebida predilecta de su difunto marido, Dennis.
El equipo de campaña de Merkel trabajó duro para quitarle –aunque no se haya notado– la imagen de insípida frente al carisma de un animal político como Gerhard Schroeder. La dama se puso ropa más colorida y se cambió el corte de pelo a tipo taza y, como parte de la consigna marketinera de “suavizar”, usó en la campaña la melódica canción de los Rolling Stones, Angie (“Angie, your are beautiful...”).
Merkel resultó ser hábil para ubicarse en el lugar de representación de un cambio –sea éste un giro a la derecha– en la actual coyuntura alemana, de laxo crecimiento económico. Es claramente una persona en el tope de sus poderes, con una reserva de considerable energía y determinación. Mucho de lo que va a necesitar en los próximos años.
En política internacional, Thatcher apoyó el anticomunismo de Ronald Reagan donde fuera, consolidó la alianza con Estados Unidos, fue amiga personal de Augusto Pinochet –a quien le agradeció su apoyo en la guerra de las Malvinas– y fue desconfiada absoluta de Europa. En relaciones exteriores, Merkel se ubicaría más cerca de Gran Bretaña-Estados Unidos que de Francia, en clara diferencia con su predecesor, Schroeder. No obstante, la fuerte cartera de Exteriores irá para la SPD en el reparto. La discrepancia más importante entre SPD y la CDU es la postura hacia el ingreso de Turquía en la Unión Europea. La CDU se opone y propone una asociación privilegiada. El SPD considera de importancia estratégica la entrada de Turquía en la UE como factor que impulse un islamismo pacífico y contribución al desarrollo democrático de aquel país.
La líder de los conservadores alemanes está casada con un profesor de química de Berlín, Joachim Sauer, quien ha anunciado su intención de mantener “un perfil bajo” y de convertirse, en este sentido, en el equivalente alemán de Dennis, “el señor de Thatcher”. La pareja no tiene hijos. En temas como el aborto y los derechos de los homosexuales, ocupa una posición más de centro en comparación con la ex premier británica. Aquí podría ser más una mezcla entre la reaccionaria Thatcher y el laborista Tony Blair.
Los alemanes están polarizados sobre la dirección de un nuevo gobierno. ¿Será la nueva canciller una oveja con ropa de loba? Para la izquierda, Merkel y la CDU/CSU encarnan la frialdad de los recortes sociales y el intento de acabar con el estado de bienestar germano. En alianza con la socialdemocracia, es cuestionable cuánto de esa proclama será sostenible. El espíritu thatcherista tendría un destino de descanso en la “gran coalición”.

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