EL MUNDO

Crónica de la caída del dominó vasco franco-español que cesó la violencia

 Por Eduardo Febbro
Desde París

La cooperación franco-española jugó un papel determinante en el debilitamiento político y militar de ETA. Los separatistas radicales vascos siempre habían utilizado a Francia como “patio trasero” de sus acciones. El País Vasco francés fue históricamente la “tierra de asilo” de la dirigencia de ETA y muchas veces sirvió como retaguardia operativa. Con la victoria del socialista François Mitterrand en mayo de 1981, París y Madrid establecieron un eje activo que dio lugar a múltiples arrestos, entre ellos el de la misma cúpula dirigente de ETA. La guerra sucia contra ETA planteada por el gobierno del socialista Felipe González entre los años 1983 y 1987 puso al rojo vivo las relaciones entre las dos capitales. La estrategia del “contraterrorismo” aplicada en los santuarios franceses de ETA por los famosos paramilitares del felipismo, los GAL, Grupo Antiterrorista de Liberación, trabó la alianza entre los dos dirigentes socialistas. Los GAL, que ultimaron en Francia a 28 etarras, contaron además con un apoyo logístico evidente por parte de círculos policiales franceses. Una serie de denuncias revelaron incluso que Madrid pagaba entre 25.000 y 100.000 dólares a los informantes de los servicios de seguridad franceses.

Al cabo de dos años de hielo, la cooperación se reanudó a principios de los años ’90. Fue la policía francesa la que, el 29 de marzo de 1992, le asestó a ETA el golpe más duro que la organización haya recibido en su historia. Una minuciosa investigación realizada conjuntamente por la Guardia Civil Española y la policía francesa condujo al arresto de la dirección de ETA en un chalet de la localidad de Bidart. La cúpula separatista estaba compuesta por José Luis Alvarez Santacristina (“Txelis”), José Javier Zabaleta Elósegi (“Baldo”), Francisco Mugica Garmendia (“Paquito”) y José Arregi Erostarbe (“Fitti”). El desmantelamiento de la dirigencia desembocó en la reorganización completa de la banda vasca, que tuvo que nombrar una nueva dirección y remodelar sus estrategias operativas, tanto en Francia como en España. El “golpe de Bidart” marcó el comienzo de una extensa pesquisa policial en Francia que se tradujo en el arresto de cientos de miembros de ETA. En realidad, los dos golpes más duros recibidos por ETA fueron dados en territorio francés. Después de la operación Bidart, los servicios del antiterrorismo francés sellaron la sentencia de ETA con otro operativo realizado en octubre de 2004 en los Pirineos Atlánticos. El nido, bautizado Txoriak (los pájaros), contenía un sustantivo arsenal: misiles aire-tierra de fabricación soviética, fusiles de asalto, 150 ametralladoras, miles de detonadores y 400 kilos de dinamita constituían el botín de los etarras. El operativo condujo también al arresto de dos líderes de ETA empeñosamente buscados: Mikel Iriarte, alias Mikel Antza y jefe de la dirección política de ETA, y de su compañera, “Anboto”.

Para los especialistas franceses de la lucha antiterrorista, las dos intervenciones de los servicios de seguridad explican las “treguas parciales” decretadas por ETA. Una cifra revela la amplitud de la “caza” de los etarras organizada en Francia. Actualmente, hay 150 miembros de ETA detenidos en las cárceles francesas, una cifra que sobrepasa ampliamente el número de detenidos por su vinculación con el terrorismo islámico. Pese a ambos golpes, los etarras, que gozaban de sólidos apoyos de la población vasca francesa, mantuvieron su presencia en el territorio francés pero con otra táctica. En vez de concentrarse en el País Vasco francés, los etarras “deslocalizaron” sus escondites a otras regiones del norte. Con todo, desde el año 2004, los servicios de seguridad incrementaron el abanico de los operativos a fin de “romper” las redes y las estructuras de ETA. Además de los arrestos puntuales, la policía atacó lo que los especialistas llaman “los aparatos”. La banda de ETA funcionaba con tres estructuras: el “aparato político-militar” que preparaba las acciones –ejecuciones, atentados, secuestros, robo de explosivos–, el “aparato logístico” –papeles falsos, escondites, autos robados– y el “aparato de reserva”, encargado de entrenar a los nuevos militantes. La cooperación entre Madrid y París desmanteló esas tres ramas.

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Policías junto al cadáver del militar español Pedro Antonio Blanco García, muerto en 2000.
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