EL PAíS › LA NUEVA ADMINISTRACION ESTATAL DETECTO UNA SERIE DE IRREGULARIDADES EN AGUAS ARGENTINAS

Turbia era también la contabilidad francesa

Con los actuales ingresos y gastos, Aguas Argentinas hubiera podido solucionar el problema de nitratos, a lo que se resistió hasta ser una de las causas de la rescisión. Los funcionarios detectaron erogaciones millonarias en consultoras y maniobras con las obras.

 Por Alfredo Zaiat

Las primeras evaluaciones contables de Aguas Argentinas realizadas por la nueva administración, planillas a las que tuvo acceso Página/12, revelan que la actual ecuación económica-financiera le hubiera permitido a la compañía francesa resolver en un año el problema de los nitratos –una de las causales de la rescisión– con el propio giro del negocio. Además, detectaron exageradas erogaciones a consultoras por 25 millones de pesos por año, contratos por montos abultados con firmas vinculadas en el rubro construcción, gastos en el rubro Repuestos y Reparaciones en obras que nunca se realizaron, transferencias millonarias al operador por el concepto de administración. A la vez, comenzaron un relevamiento específico en el área impositiva. Ante los primeros sobresaltos que provocaron los números de la empresa, el Gobierno decidió realizar una investigación total sobre el funcionamiento de Aguas Argentinas.

La historia de la estatización del servicio de provisión de aguas y cloacas bajo la concesión de Aguas Argentinas reúne en los últimos tres años maniobras de distracción de los franceses, operativos de espionaje de funcionarios del Estado para obtener información que la compañía negaba, intentos desesperados del Banco Galicia –socio minoritario de la empresa– para encontrar compradores y negocios turbios con obras de construcción y contratación de consultorías por parte de la firma gala. Un equipo de 50 personas de distintos organismos del sector público trabajaron para la estatización del servicio durante meses con la peculiar virtud de no provocar filtraciones, para así tomar por sorpresa a Suez y a sus socios y evitar que el Estado quedara en una posición de debilidad ante los millonarios pleitos cruzados que existen.

La administración Kirchner está convencida de que los franceses no tenían ninguna intención de quedarse en Argentina desde el mismo momento en que se rompió la paridad 1 a 1. Y que durante los últimos tres años sólo buscaron un incremento de casi 60 por ciento de las tarifas y la transferencia de su deuda al Estado argentino. Según evalúan funcionarios que prepararon el desembarco en Aguas, Suez siempre buscaba pretextos para irse sin aceptar las propuestas oficiales de brindar el servicio durante un par de años sin aumentos de tarifas, hasta estabilizar la economía y la situación política de gobernabilidad, para luego mejorar el esquema financiero. Esos mismos técnicos explican que, para ellos, el negocio de Suez no era la facturación del servicio, sino el manejo de las obras de construcción de reparación, repuestos y expansión de la red. Esa actividad era realizada por compañías vinculadas a los franceses en un esquema de integración vertical. “Con el estallido de la convertibilidad disminuyeron las ganancias en dólares de esas operaciones con firmas vinculadas y, por lo tanto, la concesión perdió atractivo para Suez”, apuntó el funcionario.

Uno de los últimos intentos del Banco Galicia para acercar compradores, antes de la convocatoria a Eduardo Eurnekian, fue el que realizó al magnate de las finanzas mundiales George Soros. Este manifestó que no le interesaba el negocio de la provisión del servicio, y sí el manejo de las obras de expansión. El rubro construcción es “la crema” de esa actividad. Suez ya lo sabía.

Una de las sorpresas de la contabilidad de Aguas la brindó el rubro fee de administración. En casi todas las privatizadas, el operador había acordado con el grupo de control –en la mayoría era la misma empresa– recibir un monto de dinero por brindar su servicio. Lo que llamó la atención de los funcionarios, en este caso, fue el monto: desde el comienzo de la concesión hasta el 2001 –último año en que cobraron ese fee– Suez embolsó la friolera de 128 millones de dólares. Esa suma surgía de calcular el 6 por ciento de la utilidad operativa de cada uno de los ejercicios. Para la tarea de “operador” en Buenos Aires enviaron a tres franceses –destacan en el Gobierno–, apoyándose en todo el cuerpo técnico y gerencial heredado de Obras Sanitarias. Carlos Ben, por ejemplo, flamante presidente de Aguas y Saneamiento Argentinos, estaba en OSN y luego siguió en Aguas Argentinas hasta alcanzar el cargo de director de la compañía. Esos millones “fáciles” que se llevó Suez no fueron los únicos. Durante el período de “oro de la convertibilidad” Aguas (se) distribuyó dividendos por la nada despreciable suma de 110 millones de dólares. Con la estatización del servicio desaparecerá ese fee de administración y el objetivo con las utilidades será la reinversión para ampliar el alcance del servicio. De todo el personal de Aguas quienes perderán el empleo en Buenos Aires serán esos franceses.

Del balance de la compañía, en las proyecciones para este año, se contabiliza una facturación de unos 840 millones de pesos y gastos (con todos los excesos arriba mencionados) por 570 millones, resultando una utilidad operativa de 270 millones. En el rubro gastos está incluido el de personal, compras, servicios y pago de impuestos. Para solucionar el tema de los nitratos, la nueva empresa invertirá 143,5 millones de pesos. Estas cifras son utilizadas por los funcionarios para demostrar que Suez no tenía ningún interés en seguir con la concesión, puesto que con el actual giro podía salvar una cuestión dramática para 300 mil personas-clientes del conurbano. “No era un problema de ingresos, o sea de tarifas, para no realizar las obras; era simplemente una estrategia para irse”, concluyó el técnico.

El jueves próximo, el empresa estatal de aguas y cloacas anunciará su plan de obras, entre las que se encuentra la vinculada a los nitratos. Existen 150 pozos, en distintas zonas de la concesión. La mayoría está contaminada. Y Aguas no realizó las inversiones necesarias para solucionar el problema. AYSA presentará el programa para asegurar que el agua suministrada no esté contaminada con nitratos: se clausurarán los pozos y se realizarán acueductos de vinculación con la red principal junto a inversiones para aumentar la presión en la bomba de Bernal. Además, comenzará la obra de una nueva planta de potabilización ubicada en Paraná de las Palmas, en el Tigre.

La batalla con Suez se jugó en todos los terrenos. Un grupo de funcionarios del Ministerio de Planificación estaba en alerta por la provisión de agua en el verano. Aguas, en una de los tantos cruces con el Gobierno, había adelantado a fines de noviembre que podría haber problemas en el abastecimiento por falta de inversiones ante la intransigencia oficial de no dar el aumento de tarifas. En Planificación sospechaban de ese presagio dramático. Entonces enviaron un emisario, en acuerdo con el gremio, para contactarse con los gerentes regionales de Aguas. De ese modo se aseguraron información directa sobre el funcionamiento de la compañía. En los primeros días de calor empezaron a registrarse problemas de presión. Esos empleados de Aguas informaron al emisario del Gobierno que la empresa apagaba a la noche la bomba de alimentación de las plantas de producción, con el argumento de ahorrar energía y así bajar costos. El gremio denuncia esa maniobra, Aguas dejó de apagar la bomba y no hubo problemas de abastecimiento en el verano.

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Los técnicos del Estado detectaron gastos contabilizados en obras que nunca se realizaron.
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