EL PAíS › LA LLEGADA DE BARACK OBAMA EN OPTICA ARGENTINA

El fin del estilo cowboy

Barack Obama asumirá el martes. Cristina Kirchner coincidirá con él en dos cumbres durante abril. En la Argentina esperan cambios en la relación. En Washington prometen un nuevo discurso.

 Por Fernando Cibeira

Con el planeta entero tan lleno de expectativas por la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca, América latina y la Argentina no podían ser la excepción. Tanto en la reunión que el presidente electo mantuvo con el presidente de México, Felipe Calderón, como la presentación en el Senado de la futura secretaria de Estado, Hillary Clinton, hubo promesas de una mayor atención a la región. El convencimiento entre los funcionarios argentinos es que se verá un estilo más amigable, pero que para los cambios de fondo habrá que esperar todavía un buen tiempo.

Hasta abril, difícil que haya novedades. Ese mes la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se cruzará con Obama dos veces. Primero en la reunión del G-20, en Londres, donde se volverá a poner en debate la crisis financiera internacional. Luego, en Puerto España, capital de Trinidad y Tobago, la un tanto exótica sede de la V Cumbre de las Américas. “Será una oportunidad de oro para profundizar las relaciones con el continente”, definió el Departamento de Estado cuando se fijó la cita. Allí Obama debería explicar con más detalle su estrategia para la región.

La cita en Londres será breve, apenas medio día con veinte presidentes explicando sus puntos de vista sobre la crisis. La Presidenta tendrá más chances de encontrarse con Obama en la cumbre de Trinidad y Tobago, que funcionará como presentación del presidente de Estados Unidos ante la comunidad americana. Se supone que para entonces ya debería tener al menos encaminados los principales problemas con los que deberá lidiar apenas asuma: la crisis económica, Medio Oriente, Irak. Seguramente, Obama intentará verse en Puerto España con tantos presidentes como le sea posible. Entre sus asesores para la región descuentan una buena recepción.

“Ellos creen que lo que existe en Sudamérica no es antiamericanismo sino antibushismo. Que quien debe salir de escena es George Bush y sus modales, no Estados Unidos”, explicaba un funcionario argentino con buenos vínculos en Washington.

Todavía no está resuelto quién reemplazará a Thomas Shannon como el funcionario del Departamento de Estado que se encargará de la región. Incluso, se supone que Shannon podría seguir unos meses y hasta tal vez más. Shannon es un funcionario de carrera y aunque haya asumido con Bush se lo considera más demócrata que republicano. “Lo odian los conservadores”, contaba un argentino que lo conoce bien. De diplomático a bombero, Shannon este año se encargó de viajar a Buenos Aires a apagar los incendios cada vez que el juicio en Miami por el caso de la valija de Antonini Wilson volvía a encender los ánimos en la Casa Rosada y aledaños. Su suerte fue diversa.

Con todo, ya suenan candidatos para reemplazarlo: los más fuertes son Arturo Valenzuela y Frank Sánchez. Chileno de nacimiento, Valenzuela ya ocupó el puesto de subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos durante el primer mandato de Bill Clinton. Sánchez, hijo de españoles, se desempeñó como asesor para la región durante la campaña de Obama. Ambos tienen una mirada comprensiva sobre Latinoamérica y anticipan que, al menos en lo discursivo, los cambios serán inmediatos.

“La diplomacia estilo cowboy tiene que terminar, no cuesta nada cambiar de estilo”, explicaba días antes de las elecciones en Estados Unidos Frank Sánchez. “Obama entiende por muchas razones que debe mejorar la relación con América latina”, aseguraba, al tiempo que prometía que el nuevo objetivo se centraría en la lucha contra la pobreza y hasta que se enviará el doble de ayuda económica a la región.

Más en el rol de analista y menos comprometido con el presidente electo, Valenzuela anticipaba más o menos por la misma época “un cambio de discurso” en la diplomacia demócrata. En sus relaciones con América latina, sostenía, ya no estará tan presente la lucha contra el narcotráfico y los acuerdos comerciales, y habrá una mayor sensibilidad para buscar marcos de cooperación.

Claro que eso era la previa y a ahora llegó el momento de los bifes. Por el momento no es posible obtener mayores datos de parte del entorno de Obama, que en los últimos días cerró hasta los canales de diálogo más informales. “No hay un solo contacto con los gobiernos extranjeros”, explicaba un diplomático que por estos horas trajina la helada Washington que recibirá al nuevo presidente. En consecuencia, no hay nada que no sea oficial, y así queda el rito de los presidentes norteamericanos electos de recibir al presidente de México. Obama prometió dar vuelta la página a las tensiones de los últimos años en la relación entre Washington y América latina. “Hay que mirar hacia adelante”, apuntó.

Según la visión de la Cancillería, Argentina puede jugar un rol en esa reconciliación. Por ejemplo, en el papel “mediador” que se adjudican en la relación de Hugo Chávez con el mundo desarrollado. También ayudando a la apertura del diálogo con el gobierno de Cuba –en donde casualmente estará Cristina Kirchner el día de la asunción– o mejorando el vínculo con la Bolivia de Evo Morales. De última, el papel dependerá en buena medida de lo que Argentina pretenda. “Lo que ellos dejan siempre en claro es que van a trabajar con quienes quieran hacerlo. No piensan ir a golpearle la puerta a nadie”, remataba el funcionario de los buenos contactos.

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