EL PAíS › NO LEVANTA VUELO EL GOBIERNO PARLAMENTARIO DE LA OPOSICION

El parto

Los nueve meses de un embarazo normal le llevó al Grupo Ahhh... advertir que no había ganado las elecciones del año pasado. Por eso no puede llevar a cabo su desatinada propuesta de gobierno parlamentario contra la voluntad del Poder Ejecutivo, que no le ha cedido la iniciativa. Un cambio de clima y la duda sobre el 2011. El Episcopado Católico vuelve a posicionarse y reclama acatamiento a un supuesto Orden Natural, subversivo del marco institucional que la Argentina se ha dado.

 Por Horacio Verbitsky

Al Grupo Ahhh... le llevó los nueve meses de un embarazo normal descubrir que el 28 de junio del año pasado no había ganado las elecciones legislativas de medio término. Como escribió en La Nación nada menos que Natalio Botana esa fue “una imagen falsa”, porque el gobierno “había retenido, si no la mayoría, por lo menos su condición de primera minoría”. Sería un ejercicio de sadismo innecesario citar ahora las cosas que se escribieron y se dijeron después de la primera conferencia de prensa presidencial posterior al escrutinio, cuando CFK expuso casi con las mismas palabras lo que ahora afirma el politólogo preferido de las derechas aborígenes.

La rebatiña de los cargos, primero en la Cámara de Diputados y luego en el Senado, mantuvo esa ilusión por un tiempo más. Sólo esas bajas pasiones pudieron unir a Pino con Pinedo, a Cobos con Carrió, a De Narváez con Giustiniani, a Morandini con Menem, a Estenssoro con Duhalde, a Merchán con el ganso mendocino De Marchi, a Bonasso con Buryaile. Pero cuando falta una semana para el parto de la criatura gestada en aquellos comicios queda muy claro que si 68 de cada cien votaron en contra del gobierno, esas cifras son más abultadas enfrente de Rodríguez Saá y de Sanz, de Macri y de Prat Gay. Si no fuera por los tránsfugas que después de la elección se pasaron de bando o se corrieron algunos metros para negociar mejor se hubiera advertido aún antes que un Morales y un Solá no hacen un Morales Solá.

Un sistema

Después de varias semanas de duchas heladas que disolvieron el lodo mediático que lo entibiaba, el Grupo Ahhh está algo más resignado a reconocer que merecen tanto respeto los resultados electorales de 2009 como los de 2007 y 2005, que valen lo mismo las bancas obtenidas en cada uno de esos comicios, como expresión equivalente de la voluntad popular y que como todas las fronteras, la división de poderes tiene más de un lado. Al menos eso es lo que establece la Constitución que todos se atropellan por defender, con su sistema de engranajes que giran a distinta velocidad para que un senador electo hace cinco años se siente junto con otro que recién comienza su mandato de seis y todos ellos y un Poder Ejecutivo elegido en un comicio distinto deban coexistir con jueces designados sin participación popular directa. Ese ha sido el más exitoso producto importado desde los Estados Unidos, con sus adaptaciones locales que no modificaron lo esencial. Ese sistema reconoce la centralidad del Poder Ejecutivo (“jefe supremo de la Nación, jefe del gobierno y responsable político de la administración general del país” según el artículo 99.1) y divide el Congreso en dos cámaras. La formación de las leyes requiere de la participación de ese Ejecutivo unipersonal y de ese Legislativo bicameral. Una sola cámara del Congreso no puede legislar y tampoco las dos si un proyecto de ley aprobado por ambas no obtiene la aprobación presidencial. Sólo con 2/3 de los votos de ambas cámaras el Congreso puede remontar un veto del Ejecutivo. Distinto es el sistema parlamentario, que muchos propusieron imitar pero que no fue adoptado por los constituyentes de 1994. Allí las cámaras renuevan todos sus miembros en un solo acto y no existe otra cosa que gobiernos de mayoría ya que son los parlamentarios los que eligen al jefe del gobierno. Por eso el presidente o el primer ministro que pierden la confianza del Parlamento que los designó debe dimitir y el jefe de Estado, sea Rey o presidente, convoca a nuevos comicios. Parece un sistema más sencillo, pero no lo es, como lo ejemplifican las peripecias de la política francesa de mediados del siglo pasado, la italiana de las últimas décadas o la israelí actual. La fragmentación de las representaciones y la dificultad para formar y mantener mayorías estables es un rasgo característico de la política contemporánea, ya se trate del presidencialismo estadounidense que hace apenas una década dirimió la elección en la Corte Suprema de Justicia o el parlamentarismo alemán que hace cinco años obligó a compartir el gabinete de ministros a la derecha cristiana con la izquierda socialdemócrata. Por eso, la capacidad que CFK mostró de mantener unido el archipiélago gobernante a pesar de la estampida que se vaticinaba el 29 de junio y la forma en que lo hizo, profundizando su agenda y respaldándose en sectores organizados de la sociedad civil, anticipan que no le pasará lo mismo que a Alfonsín, De la Rúa y Duhalde, que no pudieron sostenerse. La única duda es si terminará como Menem, con la primera minoría a su favor pero índices más altos de rechazo, o llegará al 2011 con buenas perspectivas electorales.

Cambio de clima

El mismo diario La Nación, que ya lleva siete años en el intento de hacer que se cumpla la profecía con que saludó la victoria de Néstor Kirchner (“la Argentina ha decidido darse gobierno por un año”, 15 de mayo de 2003), constató con inocultable malestar una recuperación de la imagen positiva de la presidente y de su antecesor, según la medición de una “importante consultora” que prefirió mantener su nombre en reserva. En este caso el anonimato de la fuente avala la veracidad del contenido: se trata de alguien que no desea prestar su nombre para la difusión de una noticia que contraría sus preferencias. Según esta consultora clandestina, un 35 por ciento de los consultados no se sabe dónde ni en qué cantidad, aprueban la gestión del gobierno nacional. La misma desazón se aprecia en las columnas de opinión en diarios, radio y televisión que cada día con menos eufemismos califican como inútiles a los políticos del Grupo Ahhh. Es injusto arrojarlos al precipicio con desdén, porque esos hombres y mujeres que hoy parecen patéticos no hicieron más que cumplir lo que les señalaban como su deber republicano los mismos que hoy los cubren de invectivas, aquellos que un día escriben que el gobierno debe acostumbrarse a que la justicia lo controle y le ponga límites constitucionales y al siguiente consideran inaudito que también opine sobre la legalidad de los actos del presidente del Senado, vicepresidente de la Nación y gran esperanza blanca de los que se oponen a todo lo que venga de CFK, aunque los beneficie.

Baño de realidad

No sólo los políticos y los medios opositores han recibido un súbito baño de realidad. Ni la Asociación Empresaria conducida por el Grupo Clarín y la transnacional italiana Techint, ni el Episcopado Católico han conseguido quórum para firmar sendas declaraciones críticas contra la política oficial. El lunes 15, el Foro “De habitantes a ciudadanos” que conducen el obispo Alcides Jorge Pedro Casaretto y el empresario sojero Eduardo Serantes, puso a consideración de sus invitados un documento sobre la lucha contra la pobreza con algunas de las ideas que Hugo Biolcati expuso en agosto del año pasado al inaugurar la exposición anual de Palermo, y cuya expresión concreta fueron las donaciones de soja para que coman los chicos que Casaretto y Serantes pusieron en práctica en 2001. Estuvieron de acuerdo con firmar el texto la Sociedad Rural, la AEA, la denominada CGT Azul y Blanca de Luis Barrionuevo y algunos dirigentes de la oposición. Pero se opusieron la CGT, la CTA y la Federación Agraria. Mañana habrá un nuevo intento de relectura del documento cuyas chances son mínimas, a la luz de lo que ocurrió el miércoles con el almuerzo que debía reunir a la AEA con la SRA y con entidades que no se resignan a ser de mera fachada como la Unión Industrial, cuyo líder, Héctor Méndez, debió desertar de la tenida porque se le recalentó el frente interno. Para todos ellos, la contradicción entre las superganancias que siguen haciendo sus empresas y el discurso incendiario de la tierra arrasada se torna difícil de sostener. Carecen, además, del acompañamiento social que tuvieron durante unos meses de 2008 y que no supieron interpretar como los quince minutos de fama que el mundo no le niega a nadie, sea el ex carapintada Aldo Rico o el ex ingeniero Blumberg, que así como llegan pasan, sin dejar huella. La resistencia de Clarín a admitir alguna desconcentración de sus mercados o una investigación de sus negocios con el Estado, la de Techint a aceptar en sus directorios al representante estatal que represente las tenencias accionarias que pasaron de las AFJP a la Ansesz cuando se recuperó el sistema previsional, o la incomodidad de las transnacionales por las regulaciones que no permiten que una sola empresa controle todas las telecomunicaciones en el país, son pobres banderas a la hora de enrolar masa de maniobra para la desestabilización de un gobierno. Por eso las mayores asociaciones patronales se conforman con mostrarse juntas pero no les dan los niveles de acuerdo para firmar un documento común.

Bergoglio es un don

El mismo clima explica la jugada del Episcopado Católico, que pidió audiencias con las cabezas de los tres poderes del Estado para entregarles un documento que habían leído en los diarios una semana antes, con el pretexto de unas pocas obviedades sobre el funcionamiento de las instituciones y la amistad social, bajo el pomposo título “La Patria es un don, la Nación una tarea”. Esta laxitud de contenido realza la significación del gesto. Luego de años de confrontación y ante la evidente insustancialidad de las fuerzas opositoras, Bergoglio prueba un acercamiento menos beligerante que le devuelva el lugar político cercano al poder que, desde el Concilio Vaticano de hace medio siglo, la Iglesia Católica tanto rechaza como apetece. Hace dos años, en un desayuno con gerentes de empresas y en una reunión con el ex vicepresidente Carlos Alvarez, Bergoglio dijo que “esto termina a los tiros”. Su modelo era el presidente de la Iglesia española, el arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, habitual concurrente a las marchas con las que el Partido Popular enfrenta al gobierno socialdemócrata de Rodríguez Zapatero. Esta esperanza se disipó porque en la Argentina no hay ninguna fuerza opositora con capacidad de movilización equivalente y la sociedad ya no consiente una anacrónica policía de costumbres. Las principales apuestas políticas de Bergoglio fueron en estos años el evanescente duhaldismo, el PRO de Mauricio Macri-Gabriela Michetti y la jefa de la Coalición Cívica Libertadora, Elisa Carrió. El único mensaje de Duhalde es la venganza contra Kirchner y ni aun así se acerca a los perfiles shakespeareanos con que sólo él recuerda su interinato a cargo del Poder Ejecutivo, durante poco más de un año para olvidar. Macri no se opuso como el Arzobispo porteño exigía al casamiento entre dos hombres de distinto género, no pudo mantener su alianza electoral con el filántropo colombiano que también aspira a la presidencia; y sus prácticas institucionales como vetador serial, espía de propios y ajenos y contratador directo son peores que las que le critica al Ejecutivo Nacional. Carrió expande cada semana el área de sus fobias y es un modelo tan atractivo para pregonar la concordia política como el consumo de un yogurt dietético.

Una reunión política

La presidente recibió a los hombres de negro en compañía de tres ministros, lo cual contribuyó al logro del objetivo de reposicionamiento episcopal. CFK planteó la reunión en términos políticos y Bergoglio respondió en el mismo terreno. Al referirse al maltrato padecido en el Congreso por Mercedes Marcó del Pont, la mencionó como “una mujer que no tiene mis modos, ya que a mí me acusan de soberbia”. Bergoglio acotó que la presidente del Banco Central era “una mujer muy valiosa, con una trayectoria impecable”. La presidente explicó que si el Congreso le negara el acceso de las reservas para cumplir con los compromisos internacionales, “no vamos a pagar la deuda externa sobre los hombros de los trabajadores. Lo vamos a hacer a través de los que más tienen. Si no quieren un DNU lo haremos por ley”. Mencionó el libro de Aldo Ferrer Vivir con lo nuestro y cuestionó la autoridad moral de algunos líderes de la oposición. Lo ejemplificó con Patricia Bullrich, quien como ministra de la Alianza redujo por un decreto simple el 13 por ciento del ingreso de los jubilados. “Estoy dispuesta a buscar acuerdos, pero en base a acuerdos concretos y sin resignar mis facultades constitucionales. Como usted es el jefe de la Iglesia yo soy la presidente de todos los argentinos y no voy a dejar caer a ninguna provincia”, dijo. Cuando se analizó la cuestión de la deuda externa, Bergoglio dijo que había escrito un documento sobre el tema y que ningún medio se lo publicó, salvo El Argentino, que financia el gobierno nacional. “A veces la prensa no dice toda la verdad”, agregó el arzobispo para asombro de sus anfitriones. También dijo que le parecía muy acertada la asignación universal por hijo. De este modo ambas personas jurídicas públicas, estatal y no estatal, creen haber obtenido una necesaria cuota de legitimidad, en un momento que no es el mejor para ninguna de ellas. Sin duda, esta recuperada visibilidad del Episcopado católico se hará sentir en los debates que se avecinan sobre diversos temas de interés para la sociedad.

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Imagen: Leandro Teysseire
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