EL PAIS › UNA MULTITUD ACOMPAñO A LOS FAMILIARES EN UNA CARAVANA PACIFICA

Marcha en reclamo de justicia

En contraste con las protestas del domingo, vecinos, familiares y compañeros de los chicos fallecidos marcharon primero al cementerio y luego, por la tarde, al lugar donde se produjo la tragedia, para reclamar justicia.

Desde Baradero

A un día de la muerte de Miguel Portugal y Giuliana Giménez, los familiares y amigos recibieron el respaldo de la comunidad desde temprano colmando las calles, el cementerio y la plaza central frente al municipio de Baradero. Las movilizaciones se realizaron en un repetido pedido de tranquilidad, contrastando con los episodios del domingo a la madrugada, para que “ellos dos descansen en paz”, repitió durante todo el día Hugo Portugal, padre de Miguel. A pesar de la indiferencia del municipio, que no envió ningún representante al entierro de los adolescentes ni a la marcha de la tarde, los pasos de los centenares de personas en silencio de duelo, durante la mañana, y con vivas y aplausos continuos que se transformaron en martillazos con pedidos de “justicia”, durante la tarde, se materializó con la renuncia de un funcionario y dos jefes policiales y la creación de una comisión que investigue al intendente Aldo Carossi (ver nota central). Sin embargo, en las calles la sentencia estaba firme: “Carossi, tu capricho costó dos vidas”, denunciaba el cartel que acompañaba la marcha.

Por la mañana, en la Escuela Técnica Nº 1, en la que Miguel y Giuliana hace pocas semanas habían empezado a cursar quinto año, los uniformes eran simples muestras de camaradería y respeto. Los chombas y polleras no entraron a las aulas de la escuela que permanecía de duelo y desde donde, a las 10, dos coches fúnebres esperaban llevar a los alumnos fallecidos. Los chicos y chicas habían hecho correr un aviso por mail y por chat. Las clases de suspendieron por duelo, pero los chicos fueron igual y caminaron hasta el cementerio junto a amigos, familiares, vecinos y estudiantes de otras escuelas, a pesar de que no se había declarado asueto.

Mientras la movilización avanzaba por la calle que llega al municipio, desde las casas y desde los comercios los vecinos salían a mostrar su respeto a los adolescentes con lágrimas o con los brazos bajos. “Espero que las cosas en la ciudad cambien, la gente estaba cansada de la persecución que sufrían los jóvenes. Que saquen a quienes tengan que sacar”, decía Susana, una comerciante, y lo repetían varios grupos de vecinos frente al municipio.

El cementerio municipal, frente al polideportivo, donde Giuliana practicaba atletismo, se copó de vecinos que después de diez cuadras de caminar continuaban en silencio y sólo seguían atentos con la mirada a los padres de las víctimas que se desplomaban en los brazos de sus hijos y hermanos. El silencio continuaba mientras daban el último adiós.

“Era una costumbre que te persigan como a un delincuente. Se tenía que terminar esta situación, pero, lamentablemente, tuvieron que perderse dos vidas para que ocurra. Y nadie del municipio ni la policía se va a hacer presente”, resumió Estela, vecina de Miguel.

“A las tres marchamos desde la plaza. Hagamos la marcha en paz para que ellos pueden descansar”, convocó el padre de Miguel para romper un largo silencio. Los aplausos unieron los cien metros que separaban las despedidas. “Queremos que se presenten los testigos, queremos saber qué ocurrió con esos inspectores. Es la vida de dos criaturas”, solicitó Alejandro, el tío de Miguel.

Para romper con la costumbre de la siesta, a las 15, los aplausos eran constantes y sonantes frente al municipio para que el duelo comience a ser reclamo: “Justicia x Portu y Giu”, “Asesinos”, “Portu y Giu, los amamos” “Carossi, tu capricho costó dos vidas”, se pronunciaban los amigos y familiares en carteles e inscripciones sobre el asfalto frente a la municipalidad, donde los restos del fuego eran el principal decorado. Pero ayer nadie soltó una sola piedra ni ningún policía custodió la marcha. La radio Tiempo ya había recuperado sus vidrios rotos, pero para anunciar “nos vamos. Gracias a todos”. “La radio no va a funcionar más, César (Scollo) tuvo muchos problemas ya. Siempre que hay bronca con la municipalidad también se la agarran con él”, dijo un empleado. (Ver nota aparte.)

Imaginario colectivo mediante, la marcha de “silencio y paz” comenzó con una vuelta a la plaza, y después en una caravana encabezada por los padres de las víctimas hasta Gallo y Anchorena, donde se produjo el hecho trágico. Mabel encaraba hacia la esquina pero venía en la última de las cuatro cuadras de caravana: su lentitud era producto de un desgarro en su pierna, provocado por una persecución de los inspectores de tránsito, una semana atrás. “Yo tuve suerte, pero me ese día me di cuenta de que le podía pasar a cualquiera”, resaltó.

La marcha se detuvo y el padre del Portu se inclinó sobre el asfalto y bajo una pintada que reclamaba justicia escribió: “Hijo, te amo. Papi”. La madre de Giuliana, Roxana Sandoval, lo levantó y se enlazaron en un abrazo que despertó el aplauso más fuerte de la tarde y ungrito: “¡Giuliana, presente! ¡Miguel, presente!”. De vuelta en la plaza, se habían sumado unos cientos de vecinos que completaron unos dos mil bajo la consigna de que “a mis hijos también les podría haber pasado”. “Justicia, justicia, justicia”, fue el grito que resumió toda la jornada.

Informe: Nahuel Lag.

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Los compañeros de los chicos fallecidos concurrieron al velatorio, en la escuela a la que asistían.
Imagen: Rolando Andrade
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