EL PAíS › LA TRAYECTORIA DEL GOBERNADOR CHAQUEÑO

Un contador entre caudillos

Negociando y articulando con un amplio espectro de fuerzas políticas, Capitanich construyó el frente que en 2007 dio la sorpresa y logró destronar al radicalismo. En el último tiempo apareció como hombre cercano a CFK en el PJ.

Capitanich fue jefe de Gabinete en 2002 y luego manejó la Comisión de Presupuesto del Senado.
Imagen: Télam.

Las caras de sorpresa, la fiesta improvisada a medianoche en el centro político de Resistencia eran una muestra de lo que muchos todavía no creían. En medio del reñido cierre electoral de ese septiembre de 2007, la alianza del Frente Chaco Merece Más había logrado no sólo ganar por poco más del 0,8 por ciento las elecciones, sino aguar la fiesta del radicalismo, que hasta último momento esperaba celebrar, convencido de que no abandonaría la gobernación de la provincia. El mentor del frente que aglutinó a fuerzas políticas por derecha y por izquierda para disputar la hegemonía radical ahora volvió a ganar las elecciones con márgenes que anoche superaban 65 por ciento de los votos. La construcción de esa alianza fue una de las mejores invenciones de Jorge Capitanich, y acaso una de las metáforas de su modo de construcción de gobierno. Hombre que creció definiéndose como un “técnico” abocado a la “gestión”, construyó un polo de poder a partir de una continua articulación y negociación de espacios políticos.

Hay pasos en la vida de Capitanich que pueden leerse en esa clave: su trayectoria como jefe del gabinete de crisis durante la presidencia de Eduardo Duhalde, posteriormente su mandato en la Comisión de Presupuesto y Hacienda del Senado. O, más acá, su lugar como vicepresidente del PJ, articulador entre propios y díscolos. Siempre mencionado, candidato constante a ocupar lugares en disputa, en los últimos tiempos apareció como hombre de confianza de la presidenta Cristina Fernández en la siempre cargada relación con los poderes del PJ.

Jorge “Coqui” Milton Capitanich nació el 28 de noviembre de 1964, en una familia de inmigrantes de Montenegro que fundó una colonia en la localidad de Roque Sáenz Peña. En 2009, en medio de una crisis matrimonial con su ahora ex esposa Sandra Mendoza, ella presentó esa parte de la familia, lo ubicó en una tradición familiar y lo satirizó como advenedizo del peronismo. “Yo soy ciento por ciento peronista, no Capitanich”, dijo ella y, como parte de una pelea pública con ribetes de novela, explicó que su padre, ex presidente de la Corte Suprema de Chaco, le abrió las relaciones del mundo político: “Viene de una familia radical, de agricultores”, dijo ella. “A mí me debe la carrera política”, siguió.

Ingresado a la Universidad del Nordeste en 1982, Capitanich se graduó como contador en 1988 y asumió las primeras funciones públicas como secretario privado del entonces gobernador Danilo Baroni. Luego fue subsecretario general y más tarde secretario de Comunicación.

Con el fondo de la crisis de 2001, Duhalde lo nombró jefe de Gabinete en el 2002, un cargo que ocupó durante cuatro meses que aparecen como claves en su ascenso político. Los diarios de la época dicen que ese lugar le permitió vincularse con todo el espectro político, empresario y sindical, un ámbito que volvió a sentar alrededor suyo más tarde desde el ejecutivo puesto de presidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda del Senado. Para entonces, Chaco estaba gobernada por Roy Nikisch, el sucesor radical del también radical Angel Rozas. Un hombre que buscaba crecer pero sobre todo preservarse en ese juego de sucesores y herencias, Nikisch, que ayer fue derrotado, confiaba en ese senador del PJ chaqueños para que acelerara y negociara con la Nación las obras públicas de la provincia.

Con la conformación del Frente Chaco Merece Más aspiró en 2007 a lo que parecía una utopía. “Sumé por derecha y por izquierda”, dijo después del triunfo. Ganó la provincia después de doce años de gobierno radical, alternado entre Rozas y Nikisch, con tradición de caudillos, una oposición desarticulada y endémica como los números de la pobreza que por esos días contaban 17 muertos por hambre en el Impenetrable. “¡Hijo de puta!”, dicen que le vociferó la misma noche de aquel triunfo a Aníbal Fernández. “¡Ni ustedes creían que íbamos a ganar!” Pero ganó, y de esa alianza hizo un sello: sumó a buena parte de los partidos de izquierda, los integrantes de las fábricas recuperadas, los organismos de derechos humanos, el Frente Grande, el PJ, el Frente para la Victoria. Un espacio que además se consolidó con el tiempo. Sólo algunos bloques se desarticularon. Los que se fueron lo hicieron alineados a las decisiones de sus partidos a nivel nacional. Fue el caso de Libres del Sur, que sigue aliado generalmente en la Legislatura. Hay integrantes del PRO, más de los esperados por los sectores de centroizquierda, aunque admiten que están en lugares técnicos. En los dos últimos años, jóvenes militantes de los organismos de derechos humanos se incorporaron por compromiso personal a funciones políticas.

Habrá que ver si ese movimiento de alianzas se profundiza. Y entender la dirección en que avanza. Capitanich ocupó un rol importante en la dinámica del PJ después de la derrota del Frente para la Victoria de 2009. Cuando varios gobernadores aparecían disputando espacios de poder y planteando un escenario de poskirchnerismo, él se ancló al lado del ex presidente. Apareció como vocero y mentor de acuerdos en la discusión de los fondos de coparticipación. Su nombre llegó a sonar como candidato a presidente. Y luego a vice, en los últimos meses. Después de la designación de Amado Boudou como compañero de fórmula de Cristina Fernández, volvió a centrarse en el trabajo en el PJ, desde donde parece representar a la Presidenta para articular como en sus mejores momentos las relaciones de poder con la siempre compleja corporación peronista.

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