EL PAíS › EL ACUERDO DE TIMERMAN Y SALEHI PROPONE EXPLORAR CAMINOS POR LA AMIA ENTRE IRAN Y LA ARGENTINA

Con un “mecanismo legal” como objetivo

Los cancilleres de los dos países se reunieron ayer en la sede de la ONU y quedaron en intercambiar propuestas legales el mes que viene, en el marco de lo que un comunicado describió como “Caso AMIA”. Respaldo del Congreso Judío Mundial a la Argentina.

 Por Martín Granovsky

Desde Nueva York

Los cancilleres Héctor Timerman y Alí Akbar Salehi se reunieron ayer en Nueva York y redactaron un comunicado.
Imagen: Pablo Piovano & AFP.

No hizo falta que participaran traductores del farsi y del castellano. El canciller argentino y el iraní se entendieron y redactaron en inglés un comunicado tras la reunión que mantuvieron ayer para buscar “un mecanismo” legal que ayude a lo que el texto llama “Caso AMIA”.

Héctor Timerman y Alí Akbar Salehi se reunieron en la sede de la Organización de las Naciones Unidas cuando pasaron solo dos días desde que Cristina Fernández de Kirchner anunció ante la Asamblea General que instruiría a su canciller para aceptar la propuesta iraní de mantener conversaciones formales.

La Presidenta, el martes, puso un marco deseado por el Gobierno. Dijo que el diálogo se daría, “entendemos”, para facilitar el requerimiento de la Justicia argentina de que cinco iraníes declaren en la causa por la bomba del 18 de julio de 1994.

Timerman y Salehi estuvieron acompañados por el vicecanciller argentino, Eduardo Zuain, y el director general para Asuntos Americanos de la Cancillería iraní, Reza Zabib.

Dice el texto que los cuatro “se reunieron en la sede de Naciones Unidas en Nueva York, y decidieron continuar las negociaciones a través de los representantes legales de ambos ministerios en la sede de las Naciones Unidas en Ginebra”.

La fecha ya está fijada: octubre próximo.

Y como se trata de un comunicado que siguió a una negociación y abre otra que ya tiene fecha, conviene citar textualmente el último párrafo del documento, cuando habla del objetivo de las reuniones del mes que viene: “Explorar un mecanismo legal que no esté en contradicción con los sistemas legales de Argentina e Irán”. Los ministros “también decidieron que este proceso no se interrumpirá hasta encontrar una solución mutuamente acordada para todos los asuntos, entre ambos gobiernos, sobre el Caso AMIA”.

Cristina había recordado que la Argentina exploró la posibilidad de un trámite legal en un tercer país como se hizo con los terroristas libios que volaron un avión en Lockerbie, sobre el Reino Unido, en 1988, con un resultado de 270 muertos. El avión pertenecía a la entonces existente Pan American World Airways, de capitales norteamericanos. El juicio se realizó en Holanda, un tercer país, con jueces escoceses, por el sitio donde cayó el avión una vez que explotó en el aire. Pero los presos terminaron en Escocia, no en los Países Bajos. Otra diferencia con el caso argentino es que el proceso fue posible porque Libia estaba bajo un régimen de sanciones de la ONU y porque en ese momento soportó un ataque aéreo de los Estados Unidos contra Muammar Khadafi y su familia en Trípoli, la capital.

La Argentina no propone buscar condiciones para ayudar a la solución de la causa Amia sobre la base de la presión, en parte porque de hecho no lo hace y en parte porque ni busca ni tiene condiciones militares de agresión sobre Irán.

En todo caso la carta fuerte del Gobierno –y se trata de una simple especulación que debe ser verificada con el tiempo– es que para Irán resulta beneficioso aparecer como un contendiente dialoguista justo cuando afronta un pico de presiones en contra de la eventualidad de que logre contar con poder atómico de naturaleza bélica.

Antes de ser canciller, cargo que asumió a comienzos de 2011, Salehi fue representante de Irán en la Agencia Internacional de Energía Atómica y también presidente del organismo estatal encargado del desarrollo nuclear iraní. Es físico recibido con esa especialidad y con posgrados en el exterior, incluido el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts de Boston.

Funcionarios argentinos que lo trataron en reuniones internacionales lo describieron ante la consulta de Página/12 como un negociador sólido. En el caso de la bomba contra la AMIA su conocimiento de los temas nucleares no le serán de aplicación directa sino como contexto de la política exterior iraní. Parte del avance logrado hasta el momento en la relación con países sudamericanos como Venezuela y Bolivia es la cooperación tecnológica.

Un miembro del Gobierno que pidió reserva de su identidad dijo que la redacción del texto común fue compleja y que por eso tiene características sintácticas trabadas.

Como en todo instrumento inicial no abunda en precisiones. Sin embargo, es definitorio en dos aspectos:

- Pone la negociación como una forma de explorar mecanismos legales, que es el objetivo principal de la Argentina para haber aceptado el diálogo ofrecido por Irán.

- Aunque en ningún momento incluye la palabra “atentado” o alguna parecida, coloca de modo explícito la palabra “Amia”, por la Asociación Mutual Israelita Argentina, una de las formas sociales de organización de los judíos argentinos con vocación comunitaria.

La línea a seguir indicaría que “mecanismos legales” más “Amia” dan un marco de para qué se hará la ronda de octubre. Un marco posible, por cierto, puesto que ninguna negociación está cerrada de movida y nada indica que las dos partes llegaron a este punto con otro nivel de acuerdo que no sea sentarse a negociar y hacerlo sobre los dos puntos mencionados. El gobierno argentino parece contar, al menos por ahora, con la carencia de recelo extremo de los dirigentes comunitarios de la AMIA y de los de la Delegación de Asociaciones Israelitas de la Argentina, DAIA.

Para reforzar esta línea fuera de la Argentina, Timerman se reunió ayer, antes del diálogo con los iraníes, con el presidente del Congreso Judío Mundial, Ronald Lauder. “Le expresó su apoyo a las negociaciones que comenzaremos con Irán”, dijo a Página/12 un miembro del Poder Ejecutivo.

Hoy, en las Naciones Unidas, se entrevistará con el canciller israelí Avigdor Liberman, del sector ultraortodoxo del gobierno de Bibi Netanyahu. Israel es el país del mundo que aboga con mayor intensidad por cortar toda chance de que Irán se convierta en una potencia atómica. Abogar, en ese sentido, es un término que en cualquier momento podría entenderse de otra manera –más práctica– porque Israel es el mayor receptor de ayuda militar norteamericana en el mundo y porque sí tiene arsenal nuclear.

Netanyahu calificó ayer a Irán de “mayor peligro para la paz mundial”.

Irán replicó que si hay un ataque israelí su interpretación será que se produciría con apoyo de los Estados Unidos, y por lo tanto se parecerá a una Tercera Guerra Mundial por la extensión y sus posibles derivaciones.

Por ahora, sin embargo, Barack Obama se contenta con tocar la cuestión iraní en los discursos. Lo hizo el martes en la Asamblea General de la ONU y suele referirse a Irán como un peligro en sus mensajes de campaña. En noviembre debe competir por las presidenciales contra el conservador extremo Mitt Romney para determinar si retiene el cargo que asumió el 20 de enero de 2009 o le deja lugar a su contrincante republicano.

Otra de las entrevistas clave que mantendrá Timerman hoy es la cita con Serguei Lavrov, el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia. El país del ex jefe de la KGB en Alemania Vladimir Putin está solidificando el Estado central mientras mantiene con los Estados Unidos alianzas y contradicciones temáticas. Por ejemplo, tiene una posición opuesta a Washington sobre la posibilidad de intervención extranjera en la guerra civil de Siria que, de paso, es el principal aliado de Irán en la región. Es decir, un aliado cada vez más débil. A la vez, Rusia coincide con los Estados Unidos en la necesidad de combatir el terrorismo, que los rusos experimentaron en carne propia por los atentados cometidos por grupos extremistas chechenos incluso en Moscú y vislumbra como un peligro para la estabilidad el posible desarrollo de grupos como Al Qaida y similares.

En este tablero se inscribe la única entrevista formal con un colega que mantuvo la Presidenta durante su visita a Nueva York para participar de la Asamblea General. Cristina se reunió el martes último, el mismo día de su discurso, con el presidente egipcio, Muhamad Morsi. Ex líder de la Hermandad Musulmana, un partido que reivindica la aplicación política de los principios religiosos islámicos, Morsi renunció a la jefatura de su fuerza para asumir como presidente democráticamente electo de Egipto tras el derrocamiento del dictador Hosni Mubarak y la transición política que lo siguió.

En su mensaje a la Asamblea General del martes la Presidenta criticó implícitamente a los Estados Unidos por haber armado a Al Qaida en plena guerra fría para combatir a la Unión Soviética, concepto que repitió el miércoles durante su charla para los estudiantes de la Universidad de Georgetown, en Washington.

Dijo que los países más poderosos subvaloraron la crisis social de Oriente Medio y pidió una solución para el problema palestino en los carriles de 1967. Fue una forma de aludir al reclamo de la ONU para que Israel deje los territorios ocupados en la Guerra de los Seis Días de aquel año. La Presidenta se cuidó de aclarar el apoyo argentino a la existencia de Israel como Estado.

El mensaje se produjo al mismo tiempo que el presidente iraní, Alí Akbar Ahmadinejad, insistía en su idea de que Israel es una novedad en el mapa de la región –concepto que no fue interpretado en su literalidad por el gobierno israelí, que contraatacó hablando de la milenaria presencia del pueblo judío– al contrario de la tradición que, a su juicio, representaría Irán.

Como en los partidos de ajedrez veloz que juegan estos días viejos y no tanto en la plaza Washington Square del Greenwich Village, el reloj de las negociaciones con Irán está en marcha mientras otros relojes funcionan en simultáneas.

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