EL PAíS › DANIEL SCIOLI, UNA VIDA PúBLICA CON ESPACIO PARA EL MISTERIO

Lo expuesto y lo no revelado

El candidato del Frente para la Victoria aprovecha su exposición pública, que se inició en la época de las carreras en lancha. Anunció su gabinete para mostrarse previsible. Dice que es transparente. Pero todavía hay interrogantes sobre algunas de sus definiciones.

 Por Victoria Ginzberg

“Nos casamos”, decía el título en letras amarillas de la revista Gente del 21 de diciembre de 1989. “Después de la tragedia, Daniel Scioli y Karina Rabolini cuentan su nueva vida y anuncian su boda”, agregaba. Completaba la portada una foto de ambos abrazados y sonrientes. Solo 17 días antes, el ahora candidato a presidente del Frente para la Victoria había perdido el brazo derecho en un accidente con su lancha en el río Paraná. Está claro que la exposición en los medios no es algo que asuste a esta pareja, acostumbrada a mostrar y mostrarse. En política, el gobernador de la provincia de Buenos Aires trata de aprovechar esa característica a su favor. Quiere que lo vean abierto y transparente, sin dobleces. “Hasta que muera me tengo que mostrar como soy. El Daniel que han visto luchar para llegar a esta instancia”, dijo mirando a la cámara en una entrevista de campaña. Además de los discursos, hubo gestos políticos. El más claro fue adelantar prácticamente todo su eventual gabinete antes de la elección, una carta que en general los candidatos, e incluso los presidentes electos, se guardan para manejar a piacere hasta el final. Pero pese a que parece querer evitar el misterio todo lo posible, aun hay, en relación con Scioli, espacio para interrogantes.

La vida pública de Scioli ha sido muy pública desde que se inició en política en la interna que le ganó a Miguel Angel Toma para ser diputado por el peronismo porteño. De hecho, el haberse convertido en una persona popular a partir de las carreras off shore fue lo que lo puso en el camino que lo llevó a competir por la presidencia.

Sabemos que le gusta la pasta frola, la manzana asada y los fideos, que corre en la cinta todas las mañanas, que juega al futsal y al ajedrez, que en la música prefiere a sus amigos de Pimpinela y Ricardo Montaner (algo difícil de digerir para el kirchnerista de Silvio Rodríguez o Los Redonditos de Ricota), que en su casamiento estuvieron Susana Giménez, Mirtha Legrand, Guillermo Coppola y Tato Bores, entre muchas otras personalidades del espectáculo y la farándula y que cuando se divorció, en la audiencia de conciliación habló maravillas de su mujer. También que en su casa de Villa La Ñata armó en el quincho un “museo” lleno de fotos, camisetas de fútbol y hasta el bastón de la gobernación. Y que tiene allí estatuas gigantes de Perón y Evita, Raúl Alfonsín, Néstor Kirchner, Nelson Mandela, Lula, Bill Clinton y el Che Guevara, Diego Maradona, Lionel Messi y Cacho Castaña.

Su muñón no es tabú. Aparece sin su brazo ortopédico cuando hace deporte, muestra fotos de los controles que se hace un par de veces por año en el extranjero e incluso hace chistes sobre el asunto. (“En Ramallo dicen: ‘Votamos a Scioli porque nos dio una mano’”, contó en una entrevista en alusión al lugar donde tuvo el accidente).

En política, no trata de silenciar sus inicios con Carlos Menem, a quien mencionó cuando viajó a La Rioja antes de las PASO. Por el contrario, exhibe su trayectoria como prueba de lealtad. Visitó al riojano en la quinta de Don Torcuato mientras estuvo con prisión domiciliaria y muchos de sus amigos miraban para otro lado, trajo a Buenos Aires la renuncia de Adolfo Rodríguez Saá tras la breve presidencia de diciembre de 2001 porque fue uno de los pocos que lo acompañaron a San Luis después del fracaso del encuentro de Chpadmalal y fue el único funcionario del gobierno de Eduardo Duhalde (ocupó la Secretaría de Turismo y Deporte) que firmó, junto con el presidente interino, el Registro de Renovación Excepcional de Cargos, con el cual el lomense se autoexcluyó de presentarse en las siguientes elecciones y Scioli renunció a su banca de diputado.

Con Néstor y Cristina Kirchner tuvo varios y fuertes encontronazos, pero como saca a relucir cada vez que se presenta la ocasión, nunca se fue, ni siquiera cuando, durante el conflicto con las patronales del campo, otros se alejaron silbando bajito o dando portazos. Y pasó sin manchas el test de Wikileaks. Puede haber sido una estrategia planeada. O simplemente es así. Porque, como ya se ha señalado, si Néstor Kirchner puede ser considerado un rebelde, Scioli, hasta ahora, parece ser todo lo contrario. “Sé audaz, sé más audaz, no seas tan audaz”, dice que decía su abuelo. Justamente la supuesta falta de audacia es algo que dentro del kirchnerismo miran con recelo. Pero Scioli lo reconvierte a su favor, habla de templanza y previsibilidad. “Soy el candidato más previsible, confiable y coherente. Hay que ir a la certidumbre de la previsibilidad, lo transparente”, transmitió durante la campaña.

En su vida personal, que se sepa, tuvo al menos un gran secreto: su hija Lorena, a quien reconoció 16 años después de su nacimiento. Y cuando hizo pública su paternidad, también lo hizo con todo, tapas de revistas incluidas. ¿Y en política? El mantra de “fe, optimismo y esperanza” que repitió durante años cada vez que tenía un micrófono adelante hizo que muchos se preguntarán qué había detrás de esa persona a la que los periodistas no le podían sacar una definición (por cierto, una habilidad muy envidiada por otros dirigentes). Algunos kirchneristas levantan las cejas a manera de interrogante cuando les preguntan si creen que Scioli es transparente u oculta algo. Quieren pensar que no habrá “sorpresas” pero tampoco se arriesgan. “La verdad, la verdad, todavía estamos haciendo el duelo porque se va ella. Tenemos que ganar y después vamos a ver.” Otros, sin embargo, creen que no hay más de lo que se ve, pero eso es lo que no los entusiasma. Los que más desconfían apelan a la sociedad como guardiana. “Si Menem pudo llegar y hacer lo que hizo es porque todavía estábamos anestesiados por la dictadura. Eso es algo que cambió durante estos años. No hay margen para algo así”, reflexionan.

En el sciolismo aseguran que no hay una “cara oculta” y que la desconfianza que puede existir en algunos sectores viene de los que lo comparan todo el tiempo con Cristina Kirchner: “Lo que dice Scioli es lo que piensa. Se puede ir al archivo y comprobarlo. No hay una agenda oculta detrás. El no es Cristina. Algunos creen que cualquier cosa que no sea lo que dice Cristina está mal. El va a tomar sus decisiones. Dice todo muy clarito si lo sabés escuchar, por ejemplo, no dice que no va a haber devaluación, sino que no va a haber devaluaciones bruscas... ‘construir sobre lo construido, cambiar lo que haya que cambiar’”.

Durante la campaña, el gobernador dio algunas definiciones. El anuncio de su gabinete es una de ellas. Sus colaboradores señalan que allí se refleja lo que Scioli considera una síntesis del espacio del Frente para la Victoria. Porque si es electo, el presidente va a ser Scioli y nadie más. Es obvio, pero a veces hay que aclarar lo más básico. También es obvio que sin una dosis de sorpresa y misterio no hay política.

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Daniel Scioli y Karina Rabolini, una pareja acostrumbrada a la exposición.
Imagen: Leandro Teysseire
 
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