EL PAíS › DOCUMENTO DE LOS OBISPOS CATOLICOS CON CRTITICAS AL “ECONOMICISMO”

“No hay democracia sin dignidad”

El texto se titula “Tiempo para el encuentro fraterno de los argentinos” y se elaboró con motivo del bicentenario de la independencia. Destaca que “todos tienen derecho a gozar de condiciones equitativas de la vida social.

 Por Washington Uranga

Los obispos católicos argentinos dieron a conocer ayer un documento colectivo con motivo del bicentenario de la independencia en el cual reafirman el valor de la democracia, plantean que la misma es inseparable de la dignidad humana y critican el economicismo, subrayando que “todos tienen derecho a gozar de condiciones equitativas de la vida social”. Entre los males que afectan a la sociedad los obispos señalan especialmente el desencuentro, la corrupción,el narcotráfico y el descuido del medio ambiente. Bajo el titulo “Tiempo para el encuentro fraterno de los argentinos”, la jerarquía católica hace una fuerte reafirmación de la democracia pero sostienen también que “para que la democracia sea efectiva y real, debe darse no solo a nivel político, sino también a nivel social y económico, asegurando la protección de la dignidad de la persona humana”.

Asevera el episcopado que la democracia es “el sistema político más coherente con la dignidad humana” pero advierte que “no hay plena democracia sin inclusión e integración” y que “llorar por la miseria de los demás significa compartir sus sufrimientos, y sobre todo, tomar conciencia de que nuestras propias acciones son causa de injusticia y desigualdad”. Entiende también la jerarquía católica que la integración “hace a la persona protagonista desde su propia dignidad e implica el derecho al trabajo, la propiedad de la tierra y un techo habitable”.

Sin mencionarlo, la afirmación recuerda la proclama del papa Francisco ante los movimientos sociales (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, 9 de julio de 2015), resumida en “las tres T: techo, tierra, trabajo”. Esto, dicen los obispos, “está muy lejos de un protagonismo economicista devastador, que impone sin ninguna ética su dominio absoluto”. En otra parte se afirma que “el Estado no puede desatender su tarea de asistir a los más carenciados, excluidos de hecho y sin oportunidad de integrarse”. Después una reflexión histórica con motivo del bicentenariolos obispos lamentan “la lamentable postergación” de las comunidades de pueblos originarios como “resultado de promesas incumplidas de distintos gobiernos”.

El texto episcopal, que consta de 22 páginas, tuvo un largo proceso de preparación pero fue debatido y aprobado en la asamblea plenaria que los obispos realizaron entre el 11 y el 15 de abril pasados en la localidad bonaerense de Pilar. Si bien no se trata de un documento de coyuntura, en el mismo se abordan cuestiones relacionadas con la realidad política, económica y social del país.

La cúpula de la Conferencia Episcopal, integrada por el presidente José María Arancedo (arzobispo de Santa Fe), el vicepresidente Mario Poli (cardenal de Buenos Aires) y el secretario general Carlos Malfa (obispo de Chascomús), le había entregado el documento al presidente Mauricio Macri en un encuentro celebrado el miércoles en la residencia presidencial de Olivos. El gesto de anticiparle el documento al Presidente puede ser leído también como la pretensión de la jerarquía católica de evitarque la declaración sea entendida como crítica directa hacia el gobierno. Durante la pasada asamblea los obispos debatieron sobre la oportunidad de emitir una declaración respecto de la situación social, pero finalmente decidieron descartar un pronunciamiento de coyuntura para darle más relevancia al texto conocido ahora, que consideran más de fondo y que venía siendo preparado con mucha anticipación.

En su declaracíón, los obispos señalan también “algunos males” que afectan a la sociedad, en particular el desencuentro, la corrupción, el narcotráfico y el descuido del medio ambiente. Para la jerarquía católica “el principal de nuestros males (argentinos) es el desencuentro que no nos deja reconocernos como hermanos”. La corrupción, sostienen, es “un gran flagelo” que se extiende en los ámbitos privados y públicos. “No es solo un problema personal que atañe al corrupto -dicen- sino que alcanza al conjunto de la sociedad, ya que algunos bienes que deben estar al servicio de todos, terminan ilegítimamente sujetos a la voluntad y goce de unos pocos”.

El documento de la jerarquía católica dice en forma categórica que “hoy nadie duda que el narconegocio está ampliamente instalado en la Argentina” y que ello “no es una sensación” sino que mientras “se discute si el país entero es una ruta de paso, de consumo o si ya tenemos producción, lo cierto y tristemente comparable es que un silencioso y perverso mal social se extiende con progreso geométrico y sigue matando y destruyendo familias a su paso”. Y agrega que “negar la realidad de esta miseria humana que aspira a corromperlo todo, nos puede llevar a una inacción que favorecerá el avance de esta sombra luctuosa sobre nuestra geografía”. Advierte la jerarquía católica que “la Argentina está corriendo el riesgo de pasar a una situación de difícil retorno” porque “si la dirigencia política y social no toma medidas urgentes costará mucho tiempo y mucha sangre erradicar estas mafias que han ido ganando cada vez más espacio”.

En consonancia con los pedidos de Francisco los obispos argentinos hacen también un llamamiento a la “conversión ecológica” que supone “nuevos estilos de vida” que comienzan en la familia y en los cuales “la búsqueda de la verdad, de la belleza y del bien, así como el trabajo conjunto para un desarrollo común, sean los elementos que determinen las opciones de consumo y de las inversiones”. Si bien el texto reafirma la tradición católica que entiende que “el varón y la mujer, unidos en matrimonio, (son) la base natural de la familia”, los obispos también reconocen que existen “diversas circunstancias y expresiones de modelos familiares” y que son todos estos los que siguen “sosteniendo la sociedad y consolidando la Nación” con su “esfuerzo, ganándose el pan honestamente, sosteniendo los valores culturales y la transmisión de la fe”.

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El presidente y vice de la Conferencia Episcopal, José María Arancedo y Mario Poli.
Imagen: Rafael Yohai
 
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