EL PAíS › LA CARTA DE ADVERTENCIA DE UN JOVEN PRESO QUE LUEGO APARECIO “SUICIDADO”

“Hago saber que corre peligro mi vida”

Ricardo Videla fue condenado a perpetua siendo menor. Su caso fue el primero en llegar a la CIDH, pues un tratado internacional lo prohíbe. En 2005 apareció muerto en su celda. La versión oficial del “suicidio” fue descartada por una pericia. Página/12 revela una carta donde el joven pedía que lo trasladaran porque los guardias querían matarlo.

 Por Horacio Cecchi

Ricardo David Videla Fernández, el Perro Videla, el primero de los menores cuya condena a perpetua motivó la intervención de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, murió con un cinturón al cuello el 21 de junio de 2005, en una celda del módulo 11 A de máxima seguridad de la Penitenciaría de Mendoza. Según el Servicio Penitenciario, los guardias lo encontraron colgado de su cinturón y, cortésmente, lo descolgaron. La pericia indica todo lo contrario: el Perro no se colgó ni jamás fue colgado; las marcas en el cuello indican que fue ahorcado desde atrás jalando con un cinturón; los presos dicen que el Perro no usaba cinturón porque vestía jo- gging. Unos días antes, Videla había escrito dos cartas en las que pedía el cambio de prisión porque tenía miedo de que lo mataran. Ambas notas fueron entregadas a su madre, Stella Maris. Una de ellas era un pedido de hábeas corpus para presentar al juez. En ambas decía lo mismo: que temía por su vida.

El pedido de hábeas corpus está firmado por Ricardo D. Videla. “Hago saber –dice el texto al que tuvo acceso este diario– que en el sector en que me encuentro (celda 3, módulo A de máxima seguridad) corre peligro mi integridad física.” El joven agregó que “el personal penitenciario me amenaza constantemente y existe una persecución psicológica por parte de ellos y aclaro que las amenazas que recibo son ‘graves’ (las comillas le pertenecen) y que las daré a conocer en su presencia”. El Perro pidió ser trasladado a la cárcel de San Rafael, “ya que sería el único lugar donde podría vivir”. Dijo además que para la fecha en que escribía esa nota se encontraba en huelga de hambre.

El Perro no llegó a ser trasladado ni a ser recibido por el juez. Ni a levantar la huelga ni a presentar el hábeas corpus. El 21 de junio de 2005 apareció muerto en una celda de la planta alta del pabellón de máxima seguridad (la celda 14), porque en la suya, la 3 de la planta baja, supuestamente encontraron un barrote cortado.

El relato oficial que por entonces trascendió públicamente decía que los guardias lo descubrieron colgado de la ventana de la 14 y lo descolgaron cortando el cinturón. Las declaraciones de los penitenciarios que intervinieron constan en la investigación P-46824/05 abierta el 21 de junio de 2005 por la fiscal de instrucción 1 de Mendoza, Liliana Patricia Curri Barli.

Pero la versión oficial de los hechos (que el Perro Videla quisiera suicidarse, que se hubiera colgado, que tuviera un cinturón para hacerlo) se disuelven con los resultados de la pericia realizada por el perito de la policía científica mendocina Gustavo Olguín Massotto. El perito detectó:

1) Ausencia de surco en profundidad en el cuello, típico del ahorcamiento por suspensión.

2) En su lugar, encontró coloración rosada, que indica “un auxilio inmediato o una constricción no por suspensión sino mecánica”, y de inmediato aclara: “Puede ser tirado manualmente o atado en algún lugar y tirado del cuerpo. Puede haber sido jalado con el cinto desde atrás, se pone el lazo y se jala desde atrás por otra persona”.

Massotto encontró una parte del cinto, de unos 42 centímetros de largo, atada a una de las rejas de ventilación, a 2,18 metros del piso. La otra parte del cinto, de 85 centímetros, junto al cuerpo del Perro. Según el oficial Alvea, el corte se había producido por tracción, al intentar bajar el cuerpo. Según la hipótesis sugerida por el perito, el corte se produjo con el cinto separado del cuello, para enmascarar el hecho.

3) El lugar donde apareció el cinturón anudado a la reja era el más incómodo, el centro de la reja, teniendo en cuenta que en un extremo había un banco fijo y en el otro un inodoro.

4) Pero además, no se hallaron pruebas de que Videla se hubiera trepado para arrojarse porque “no se encontraron indicios como marca de calzados ni en las paredes ni en los asientos”.

5) La lesión en el cuello responde a la asfixia mecánica por detrás, pero el perito dedujo que podría haber actuado más de una persona porque no se encontraron rastros de defensa en el cuerpo. “Si fue colgado, fue colgado por varias personas y cuando estaba inconsciente o sin vida”, dijo el perito, pero inmediatamente agrega que,

6) “si estuvo colgado debería aparecer alguna lesión de color más blanquecina porque es postmortem, pero la marca que presenta el cadáver para mí es vital”. El perito señala que “existe la posibilidad de que nunca haya sido colgado el cadáver”, y de inmediato describe cómo cree que ocurrió todo:

“Que lo haya asfixiado mecánicamente otra persona jalando desde atrás, luego anudado el cinturón en la rejilla de la ventana y haber jalado hacia abajo para producir la rotura del cinturón. Después haber dejado el cinturón junto al cuerpo (...). Si toman la precaución entre tres o cuatro personas pueden neutralizarlo abrazándolo o inmovilizándolo en el piso, boca abajo traccionando desde atrás con el cinturón”.

Por último, el perito agregó que “el cinturón no se condecía con las vestimentas que llevaba en ese momento (jogging) porque de no haber tenido el cinturón y hubiera querido hacer esas maniobras (colgarse) podría haber utilizado los cordones de las zapatillas o el cordón del pantalón corto que tenía debajo del pantalón de gimnasia.”

En el expediente figuran, además, declaraciones de guardias y presos. Si la versión de los guardias sostiene que a Videla lo encontraron colgado, con su cinturón atado al cuello y que ellos mismos descolgaron el cuerpo, la versión que surge del lado de los presos no coincide en lo más mínimo.

Es particular el relato de un preso que ocupaba la celda contigua a la del Perro y que empieza describiendo momentos antes, cuando el propio Videla intentaba que se le acercara un oficial para reclamar por sus pertenencias.

“Todo empezó cuando se arrimó el oficial Factory por el pasillo y Videla le dijo que se arrimara a hablar con él”, sostuvo el preso. “Yo lo insulto y Factory se va. Ahí el David (Videla) le dijo (al oficial) que si no se arrimaba a hablar con él se iba a ahorcar. Como se fue Factory, por el interior del módulo se arrimó el suboficial Albea o Aldea y Videla le dijo que le trajera unas mantas o que le trajera las pertenencias porque si no se iba a ahorcar, y que le trajera al oficial Factory.”

En su declaración, Alvea niega que alguna vez Videla haya amenazado con suicidarse. El preso continúa: “Se sintió eso, yo no pude ver nada porque estaba encerrado en la celda de al lado, lo que estoy contando es sólo lo que escuché. El oficial Aldea le dijo que si quería ahorcarse que se ahorcara”.

El relato del mismo interno se torna estremecedor un poco más adelante, cuando describe la intervención del suboficial que éste jamás declararía:

“(Alvea) le quiso dar a entender que le iba a poner unas esposas, que es una medida cautelar que tienen ellos. Luego de las esposas es común que pongan una inyección, eso es cuando nos hacemos algún corte o algo. Después de eso, yo escuché que Videla me decía ‘Johny, Johny’ y se le sentía mala voz, rara, entonces empecé a patear la puerta para que viniera el encargado para que lo fuera a ver al pibe, el suboficial Aldea que todavía andaba por el interior del módulo”.

Alvea, en cambio, negó haberse encontrado en el módulo en ese momento. Además, tiene diferencias con otro guardia respecto del momento en que se entera del hecho. De su relato surge la base de la versión oficial sobre el supuesto suicidio: “Miramos por la ventana y estaba colgado –dijo Alvea, recordando el momento en que llegó a la celda 14–, abrimos la celda, ingresamos. Yo y Maccacaro levantamos al interno y Salas rompe el cinto, que es con lo que se había ahorcado”. Pero cuando la fiscal les preguntó a varios presos por el cinturón con el que supuestamente se había colgado Videla y que según la versión oficial pertenecía al Perro, los internos se mostraron sorprendidos. “No sé, desde que yo lo conozco a ese pibe siempre andaba de jogging, no le gustaba andar con jeans”, dijo uno de ellos.

El informe pericial fue presentado el 30 de junio del año pasado; la declaración del perito fue realizada ante la fiscal el 8 de agosto. Las declaraciones de penitenciarios y presos fueron realizadas en junio y julio, días después de la muerte de Videla. Diez meses de contradicciones después, no aparecen sombras de sospecha sobre nadie. Igual que cuando fue condenado, por ahora el culpable sigue siendo el Perro.

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El Perro Videla fue condenado a prisión perpetua a pesar de lo que estipula un tratado internacional con rango constitucional.
 
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