EL PAíS › FUE APRESADO EN ESPAÑA MONZER AL KASSAR, ANTIGUA ESTRELLA DEL ENTORNO MENEMISTA

Capo del tráfico con DNI argentino

El poderoso traficante que recaló en Argentina, donde la administración menemista le otorgó DNI, cédula y pasaporte en tiempo record, fue detenido en España por un pedido de la Justicia norteamericana. Su nombre aparece vinculado con varios de los hechos escandalosos de los ’90, incluida la venta ilegal de armas.

 Por Luis Bruschtein

Monzer Al Kassar, el misterioso personaje sirio que formó parte del entorno menemista, involucrado en denuncias sobre tráfico de armas, drogas y lavado de dinero, fue detenido por la policía española ayer en el aeropuerto de Barajas, en Madrid, a raíz de una orden de captura internacional emitida por la Justicia norteamericana que lo acusa de “proveer armas a organizaciones terroristas, conspiración para matar a ciudadanos y oficiales estadounidenses, conspiración para usar y adquirir misiles antiaéreos, blanqueo de capitales y tráfico de drogas”. Al Ka-ssar tiene un pedido de seis años de prisión en una causa pendiente ante la Justicia argentina por irregularidades en la obtención de su DNI, cédula y pasaporte, que le fueron proporcionados con la increíble celeridad de 24 horas durante el gobierno de Carlos Menem.

Aunque la denuncia del tribunal de Nueva York no especifica el nombre de la organización terrorista de la que habla en su pedido de captura, Al Kassar ha sido acusado ante ese tribunal de conspiración para proporcionar ayuda y medios materiales a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), operación que incluía el contrabando de cocaína.

El fiscal de distrito de Nueva York, Michael García, explicó en rueda de prensa que la detención de Al Kassar en España fue el desenlace de una operación preparada desde el año pasado por la agencia antidroga norteamericana (DEA). Según el fiscal, informantes de la DEA “le dijeron a Al Kassar que querían comprar armas para las FARC, con el entendimiento específico de que estaban destinadas a atacar los helicópteros norteamericanos en Colombia”. Al Kassar quería venderles miles de fusiles automáticos, millones de municiones, lanzacohetes y misiles tierra-aire por un total que evaluó él mismo en alrededor de 6 y 8 millones de euros (8 a 10 millones de dólares). La transacción tenía la apariencia de una venta de armas a Nicaragua y suponía una operación con transferencias de dinero entre Nueva York y España, la compra de armas fabricadas en Rumania y su envío por vía marítima a Colombia. Junto con la detención de Al Kassar, se anunció también la de dos de sus presuntos cómplices en Rumania, el chileno Luis Felipe Moreno y el palestino Tarek Musa al Ghazi.

La historia impresionante de Al Kassar había comenzado mucho antes de que en 1990 arribara a la Argentina, poco tiempo después de la asunción de Carlos Menem a la presidencia. El millonario sirio había sido declarado “persona no grata” en Estados Unidos, Canadá y Austria, expulsado de Francia, Alemania e Italia y procesado en Gran Bretaña, Dinamarca y Suiza. En todos esos países se lo vinculaba con el imparable tráfico de droga que provenía del valle del Bekaa, en el Líbano controlado por Siria, que se cambiaba por armas, cuyas ventas producían a su vez grandes cantidades de dinero que luego entraba en un complejo sistema internacional de lavado. Perseguido en todo el mundo, el poderoso traficante fue recibido en la Argentina con sorprendentes privilegios y atenciones.

Para muchos, el origen de esas atenciones obedecía a una razón familiar ancestral. Las familias Al Kassar, Menem y Yabrán (protagonista de otra saga de crímenes, suicidios y negociados durante la era menemista) provenían del mismo pueblo de Siria: Yabrud. Ese vínculo de origen tan estrecho habría logrado que el misterioso personaje fuera recibido en la antesala del despacho presidencial por Amira Yoma, cuñada de Carlos Menem y en ese entonces a cargo de su agenda. La fotografía para su DNI fue sacada en esa misma oficina y, según declaró Al Kassar ante el juez Jorge Ballestero, utilizó un saco del presidente para posar ante la cámara. El juez desechó esta afirmación, porque el sirio es mucho más corpulento que Menem. Al Kassar siempre dijo que la velocidad del trámite obedeció a una “orden de (Carlos) Menem”, que le ofreció este favor en “una comida en la Casa Rosada”. Cuando el traficante hizo estas declaraciones esforzándose por mostrar una relación de confianza con el entonces presidente, su relación con Menem ya se había enfriado. El hecho es que Al Kassar y su familia obtuvieron la residencia permanente en Argentina el 7 de febrero de 1990 y su DNI, cédula federal y pasaporte para extranjeros al día siguiente de haber iniciado el trámite, en 1992.

Para otros investigadores, el motivo de este recibimiento privilegiado por parte del menemismo sobrepasaba aquel origen familiar y apuntaba a los posibles negocios que se podían vehiculizar a través de su persona. De hecho, durante esa época el gobierno argentino fue involucrado en dos casos de venta ilegal de armas a nivel internacional, algo que nunca antes había sucedido. Y el mismo Al Kassar fue relacionado con el envío comercial ilegal de material militar a Croacia y Ecuador violando, en el primer caso, un embargo a la venta de armas dispuesto por la ONU y, en el segundo caso, pasando por alto que la Argentina era uno de los países garantes de la paz en la guerra no declarada entre Ecuador y Perú.

Al Kassar negó las acusaciones y nunca se le pudo comprobar su participación dado que –sugieren algunas investigaciones– la documentación probatoria podría haber estado en la planta cordobesa de Río Tercero, que estalló en 1995. Pero no deja de sorprender que ambas operaciones se produjeran durante la estadía en el país –y en estrecha relación con el gobierno– de uno de los principales traficantes de armas del mundo. En aquella época circuló, incluso, el facsímil de un documento firmado por Humberto Romero, entonces ministro de Defensa, dirigido a Al Kassar, donde se ofrecía la puesta a la venta de submarinos.

La presencia en la Argentina del oscuro representante de uno de los lobbies clandestinos más poderosos del mundo dejó una huella profunda. Al punto de que investigadores de los atentados contra la embajada de Israel y la AMIA descartan la pista iraní y hasta la pista siria y vislumbran la mano de Al Kassar. Esta hipótesis asegura que el multimillonario habría financiado la campaña presidencial de Carlos Menem a cambio de la realización de negocios que luego se frustraron por presiones del gobierno norteamericano y que los atentados habrían sido la sangrienta venganza, incluyendo la muerte de Carlos Menem Jr.

Es común que las operaciones de tráfico de armas se cobren o se paguen con droga cuya venta produce millones de dólares que luego deben ser lavados. Amira Yoma, que había recibido con tanta efusión e intimidad al conspicuo traficante, se casó poco después con otro ciudadano sirio, Ibrahim al Ibrahim, que prácticamente sin hablar castellano fue designado en la Aduana de Ezeiza. En ese escenario confuso de relaciones familiares y poderes clandestinos, la cuñada de Menem fue acusada más tarde de trasladar valijas llenas de dólares para una poderosa organización internacional de lavado de dinero. El nombre de Al Kassar, que ya había sido apresado en Londres con un cargamento de hashish en la década del ’80, también se mencionó en este episodio.

Para los argentinos puede parecer arbitraria la vinculación del novelesco traficante sirio con todos los males de una época, pero los diarios españoles están acostumbrados a que su nombre aparezca relacionado con negociados y sagas de asesinatos.

En 1992, Al Kassar fue acusado de haber proporcionado el armamento al grupo del Frente Popular para la Liberación de Palestina (afín al gobierno sirio), que había tomado el crucero “Achille Lauro” donde había resultado muerto un ciudadano norteamericano. En 1984, Al Kassar había sido acusado por el atentado en Madrid contra el dirigente palestino de Al Fatah, Elías Awad. Y en 1992 el juez Baltasar Garzón tomó a su cargo la causa contra Al Kassar por el “Achille Lauro”. Dos testigos que declararon en esa causa murieron en circunstancias extrañas. Ismail Khalil el Kchoure, que había sido su secretario personal, cayó “accidentalmente” desde el cuarto piso del departamento de Marsella donde residía. La pericia forense determinó que la víctima estaba en coma etílico desde dos horas antes de la caída. El sirio Mustafá Nasimi, que había sido socio de Al Kassar y que había denunciado la relación comercial de éste con el grupo que había participado en el secuestro del “Achille Lauro”, fue asesinado a la salida de su casa en Madrid, de un disparo en la nuca realizado a corta distancia. Previamente, narcotraficantes colombianos habían secuestrado a sus dos hijos adolescentes, que luego aparecieron sanos y salvos. También hubo una campaña de desprestigio contra el juez Garzón, al que denunciaron por participar en orgías con prostitutas marroquíes. Estas acusaciones fueron esclarecidas y rechazadas, pero Al Kassar no pudo ser condenado.

Los traficantes de armas del porte de Al Kassar muchas veces son utilizados por los servicios de inteligencia de las potencias para realizar operaciones en las que ellas no pueden figurar. Estas transacciones incluyen complicadas operaciones de triangulación del material militar y del dinero para disimular origen y destino. Y por este motivo los traficantes suelen mantener relaciones non sanctas con los servicios de inteligencia más poderosos del planeta, incluyendo la CIA y hasta el mismo Mossad. A tal punto pesan estas relaciones, que el jefe de los servicios secretos españoles (Cesid) durante el gobierno de Felipe González, Emilio Alonso Manglano, visitó Siria invitado por Al Kassar.

Hasta ahora, Al Kassar pudo mantener una vida principesca en Marbella, en su miliunochesco Palacio Mifaldi. La única causa por la que tiene un pedido de condena a seis años de prisión es por la falsificación de DNI, cédula y pasaporte en Argentina. Esta causa, abierta por el juez federal Jorge Ballestero, había sido declarada prescripta por decisión del propio magistrado, a pedido del abogado de Al Kassar, Víctor Stinfale. La Sala II de la Cámara Federal volvió a abrir la causa en septiembre de 2005 y ordenó a Ballestero seguir investigando pero, ante una nueva apelación de la defensa, llegó a la Corte Suprema que a fines del 2006 ordenó que se lo siga investigando.

Al Kassar fue interrogado ayer por el juez español Juan del Olmo. Había aterrizado en Madrid, procedente de Marbella. Su caída, a pedido de la Justicia norteamericana y celebrada como una “demostración de magnífica cooperación entre las justicias de España y Estados Unidos”, parece indicar que su estrella está en declive y que sus relaciones no pudieron protegerlo. Parece evidente que el gobierno de George Bush decidió exhibir su cabeza como un trofeo de la “cruzada antiterrorista”.

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Frente del Palacio Mifaldi en Marbella, donde Monzer Al Kassar fijó su residencia en los últimos años.
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