EL PAíS › CON DINERO Y GUARDAESPALDAS

La vida en Marbella

 Por H. B.
desde Marbella

Multimillonario, rodeado siempre de sus guardaespaldas y asiduo concurrente a las lujosas fiestas de la Costa del Sol española. Sus vecinos en Marbella (Málaga) apenas podían reconocer en Monzer Al Kassar al traficante de armas o al sospechoso de mantener vínculos con grupos terroristas de medio mundo que llegó a verse involucrado en el secuestro del crucero “Achille Lauro”, ni a la persona que construyó una leyenda de intocable para la Justicia porque los testigos que declaraban en su contra perdían la vida. Tampoco al hombre que mantuvo vínculos con el ex presidente Carlos Menem, quien en 1991 le regaló, en tiempo record, un pasaporte argentino para que pudiera regresar a Marbella después de que España le prohibiera la entrada en el país como ciudadano sirio.

La imagen que conocen los vecinos de la elitista ciudad malagueña dista mucho del mitificado delincuente que siempre encuentra un resquicio para escaparse de los jueces y que recurría para ello a sus poderosas amistades y a la mala suerte que se ensañaba con los testigos. Llegado a Marbella hace más de dos décadas, el multimillonario sirio reside con su esposa e hijos en una mansión de tres plantas en Atalaya de Río Verde, una lujosa urbanización situada frente a Puerto Banús cuya tranquilidad se vio ayer alterada por la presencia de la policía y decenas de medios de comunicación.

Después de algunos años agitados, en los que llegó a ausentarse varias temporadas de los escenarios públicos de la ciudad e intentó pasar desapercibido tras sus problemas con la Justicia española, Al Kassar había regresado por sus fueros y en las últimas temporadas era normal verlo en cualquiera de las múltiples fiestas de verano, especialmente aquellas de carácter benéfico, en las que solía hacer gala de una ostentosa generosidad, como cuando llegó a pagar 6000 euros en la subasta de un reloj Cartier valorado en sólo 1800.

Si acaso, una de las pocas diferencias con la multitud de ricachones que pasean su lujo por la ciudad es la corte de guardaespaldas de la que suele acompañarse indisimuladamente y del culto a la discreción que practican las personas de su entorno. Un voto sepulcral de silencio parece ser un requisito imprescindible para formar parte del séquito de Al Kassar.

Durante el pasado verano, era habitual verlo almorzar en un conocido restaurante libanés de Puerto Banús, el puerto deportivo y de ocio más lujoso de la zona. En los últimos meses había empezado a abandonar su bajo perfil para comenzar a dejar ver sus simpatías políticas. Con ocasión de los bombardeos israelíes en Líbano, no dudó en sumarse a una manifestación organizada en la ciudad por la nutrida y adinerada colonia de residentes árabes en solidaridad con las víctimas civiles.

Un antiguo colaborador suyo se lamentaba anoche de que en los últimos tiempos Al Kassar hubiera abandonado su perfil empresarial y hubiese exteriorizado su simpatía “por los de las barbas”. Hace escasas dos semanas, una revista local publicó una entrevista en la que el sirio opinaba no sobre sus presuntas actividades ilícitas, sino acerca de la situación política internacional. Allí se mostró especialmente crítico con el presidente norteamericano, George Bush, de quien dijo que “si hay justicia en este mundo, Bush será llevado ante el Tribunal Internacional de La Haya”. Seguramente no sospechaba que días después sería él quien acabaría entre rejas.

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