EL PAIS

“No hay peor batalla que aquella que no se da”

Roberto Lavagna tardó en admitir que estaba tercero y sólo lo hizo cuando la diferencia con Carrió estaba al mínimo y cuando se confirmó que había ganado en Córdoba. Especulaciones sobre el futuro de su coalición.

 Por Alejandra Dandan

Al filo de las once de la noche y con los datos sobre las espaldas, Roberto Lavagna dijo: “Puede que haya algunos que tengan alguna decepción, pero no hay peor batalla que aquella que no se da, y nosotros la dimos”. El candidato a jefe de Gobierno por Una Nueva Argentina (UNA) dejó para mejores momentos la evaluación de la derrota de su coalición. Con 37,47 por ciento de las mesas escrutadas, el ex ministro de Economía quedaba tercero con 19,37 por ciento de los votos, debajo de Cristina Fernández y con un digno dígito de diferencia con Elisa Carrió. El futuro de la colación, la reconstrucción del PJ y las proyecciones del radicalismo ortodoxo son parte de los componentes del balance que se pone en juego.

En UNA las cosas sucedieron como estaba previsto, excepto para quienes formaron parte de la coalición: radicales y peronistas esperaban lograr un piso de mínima suficiente para alcanzar el ballottage. Lavagna se dio por vencido muy tarde, luego de varias horas encerrado con su vice en el bunker de campaña de Costa Salguero. Ni Lavagna ni Gerardo Morales aceptaron las primeras tendencias que los ubicaban más de diez puntos por debajo de la candidata de la Coalición Cívica. Recién lo hicieron cuando la diferencia se estrechó a 19,37 y 20,47, y cuando se aseguraron el primer lugar en Córdoba, por el llamado “efecto Juez”, con 35,24.

“Esto no es una derrota”, dijo Morales a Página/12. “Es una elección muy digna en un escenario donde el Gobierno empezó a instalar la figura de Carrió con la idea del voto útil”. De acuerdo con esa lógica, UNA perdió por el voto opositor. “Mucha gente que buscaba votar contra el Gobierno, optó por Carrió” en lo que funcionó como ballottage adelantado.

En ese esquema, lavagnistas y radicales perdieron, pero también ganaron. Para darse ánimos, los radicales recordaron su gran derrota de 2003, cuando sucumbieron con un desastroso dos por ciento. Ahora los puntos son más: “Somos una fuerza que, dividida en tres (con Margarita Stolbizer y radicales K) ,sigue siendo un actor central del mapa político”. De lo que perdieron nadie habló demasiado. En ese análisis que queda pendiente entra la pregunta por el acierto o error del armado de la fórmula.

Lavagna votó alrededor de las 9.30 de la mañana a seis cuadras de su casa, en la escuela 21 de Pinto 3910, Saavedra, el barrio donde vivieron sus padres y donde él mismo pasó buena parte de su vida. Lo acompañaba Nicolás, uno de sus tres hijos, médico de 26 años y de guardia. Para que pudiera volver a trabajar, Lavagna lo dejó pasar primero, luego votó él y antes de irse se topó con un vecino que entró a buscarlo en medio del gentío. “¡Lavagna! ¡Lavagna!”, vociferó el conocido, que inmediatamente le regaló una bolsa de nylon con cuatro tomates, aquellos símbolos de la Argentina de las protestas por los datos del Indec.

Luego hubo familia, mañas y cábalas, como la siesta que repite antes de cada cierre eleccionario. A la mañana temprano fue su mujer Claudine Marechal, terapeuta de pacientes psiquiátricos y trabajadora del Cemic, la que le llevó a la cama una taza de café con leche y galletitas de agua. Ella también es quien elige la ropa que usa en cada viaje. “Es muy malcriado”, susurraron en el comando, como quien encuentra causa razonable habilitarle a hurtadillas una crítica.

En el bunker de Costa Salguero para las seis de la tarde no había radicales, sólo peronistas de segundas y terceras líneas. Quince minutos antes de las siete llegaron Eduardo Camaño y Jorge Sarghini, pero durante horas no se los vio. A las siete llegaron Lavagna y Gerardo Morales. A esa hora, ninguno de los bocas de urna alentaban una salida: Lavagna estaba con 13,1 por ciento de los votos, diez por debajo de Carrió.

Carlos Brown fue uno de los pocos que puso el pecho. Dio vueltas en la sala de prensa temprano y habló. “El análisis va a depender de los resultados”, especuló a primera hora. Este ex diputado peronista pensaba en ese momento en la conformación del Congreso, uno de los ámbitos donde la coalición con duhaldistas esbirros y radicales juega su mayor apuesta. “No es lo mismo salir segundo que tercero, y no es lo mismo quedar tercero por pocas décimas que por más.” Del tamaño de esa diferencia depende en el corto plazo, por ejemplo, la permanencia de la coalición o, como se especula, su fragmentación en dos bloques.

“No hay que olvidarse que nosotros no armamos una alianza sino una coalición”, explicó anoche una altísima vocera de la UCR. “No quisimos repetir lo que nos pasó con la Alianza, en ese momento embargamos nuestro escudo, así nos fue y Chacho Alvarez es funcionario del gobierno.” UNA presento una denuncia por irregularidades en la Junta electoral con el resto de las fuerzas (ver aparte). Y Lavagna ganó en Córdoba con un 35,24 por ciento de los votos sobre 23,8 de Cristina Fernández, por los efectos de la sospecha de fraude de Luis Juez.

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Lavagna sólo se hizo visible en su bunker cerca de las once de la noche, para conceder.
Imagen: Vera Rosenberg
 
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