EL PAíS › AGENTE NARANJA, PCB Y GLIFOSATO

La ruta de una empresa

 Por Darío Aranda

La industria sojera argentina, que ocupa 17 millones de hectáreas, funciona a base de un agrotóxico: el “glifosato”, sustancia con la cual se rocían los campos, se eliminan las malezas y que sólo permite el crecimiento de soja transgénica, modificada en laboratorio. El nombre comercial del producto –que acumula denuncias por provocar malformaciones a recién nacidos, abortos espontáneos, cáncer y muerte– es “Roundup”, de la compañía estadounidense Monsanto, la semillera más grande del mundo, que controla el 20 por ciento del mercado internacional. La empresa tiene 107 años de historia y se le reconoce ser impulsor del PCB (elemento cancerígeno utilizado en transformadores eléctricos), proveer en la guerra de Vietnam del químico “agente naranja” (utilizado por las tropas estadounidense para arrasar el territorio enemigo), condenas por publicidad engañosa (justamente por su producto Roundup) y denuncias por presionar a la Agencia de Protección Ambiental (EPA), organismo estatal norteamericano que controla a la industria química.

Con sede central en el estado de Missouri, fue fundada en el 1901 por John Francis Queeny, empleado durante treinta años en la industria farmacéutica, que tomó el nombre de su esposa (Olga Méndez Monsanto) y creó una pequeña empresa, pero de rápido crecimiento; en la década del 20 ya había convertido a la compañía en una de las principales fabricantes de productos básicos de la industria química. En 1928, el hijo de Queeny, Edgar, tomó la presidencia de Monsanto, que alcanzó su era de expansión en la década del 30 con la adquisición de tres empresas químicas.

“El herbicida conocido como agente naranja, que fue usado por Estados Unidos para defoliar los ecosistemas de selva de Vietnam durante los años ’60, era una mezcla de químicos que provenía de varias fuentes, pero el agente naranja de Monsanto tenía concentraciones de dioxina muchas veces superiores al producido por Dow Chemical, el otro gran productor del defoliante”, detalla Brian Tokar en su investigación Monsanto: Una historia en entredicho. Según el trabajo, ese hecho convirtió a Monsanto en el principal acusado en la demanda interpuesta por veteranos de la guerra de Vietnam, que experimentaron un conjunto de síntomas atribuibles a la exposición al agente naranja. “Cuando en 1984 se alcanzó un acuerdo de indemnización por valor de 180 millones de dólares entre siete compañías químicas y los abogados de los veteranos de guerra, el juez ordenó a Monsanto pagar el 45,5 por ciento del total”, explica.

En 1981 la compañía se estableció como líder en investigación biotecnológica, pero recién en 1995 fueron aprobados una decena de sus productos modificados genéticamente, entre ellos la “soja RR”, resistente a glifosato. Promocionaba el Roundup como “un herbicida seguro y de uso general en cualquier lugar, desde céspedes y huertos hasta grandes bosques”. Pero el 26 de enero de 2007 fue condenada por el tribunal francés de Lyon a pagar multas por el delito de “publicidad mentirosa”.

En el último trimestre de 2007, Monsanto Latinoamérica facturó 256 millones de dólares, contra los 90 millones de igual lapso de 2006, un incremento del 184 por ciento. En 2006, la facturación global llegó a 4476 millones de dólares. “Gran parte se debió al mayor precio del herbicida glifosato”, reconoce la empresa, que vende el cuestionado agrotóxico con un eslogan irrefutable: “Es el herbicida más vendido del mundo”.

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