EL PAíS › OPINIóN

Modelos fotográficos

 Por Horacio González *

¿Cuál es el número adecuado de personas para participar en una reunión? Hay tradiciones bíblicas, políticas, festivas, circenses que mantienen distintas recomendaciones. El número apostólico de doce parece adecuado. Quizás un número mayor obliga a decisiones de perspectiva, color y agrupamiento de personas que escapan de lo que la historia del arte tuvo como más conveniente. Leonardo Da Vinci agrupa su última cena en grupos tomados de tres en tres, inmortalizando conversaciones postreras, cuyo tema es la hermandad, el amor, la promesa y la traición.

Nuestro amigo Marcos López, con su excepcional fotografía Asado en Mendiolaza retrata la comilona en aparente amenidad e indiferencia a las cuestiones graves del mundo. El anfitrión no es menos sacramental por estar trozando un pollito a las brasas y los manducantes se hallan todos sorprendidos en gestos congelados, que sin embargo están llenos de vida. No parece ocurrir nada trascendental; sin embargo allí están la gula, el hedonismo, la callada angustia del compartir colectivo.

Otra cosa son las otras dos fotos, que sin embargo parten del mismo principio de la reunión de cuerpos. Son imágenes seriales, un cómputo lineal, una voluntad de forjar una comunión. No son fáciles esas reuniones. Juntar los adeptos, se sabe, es milenariamente trabajoso. En algunos casos, puede haber promesa, despedida o llanto compartido. En otros, conspiración, amenaza, impudicia.

La foto de los empresarios alrededor de Magnetto, en un ambiente cerrado, austeros vitrales, con las copas ya empleadas, es para el álbum escabroso de las corporaciones, su perseverante propósito de abrumar a las instituciones democráticas con sus sonrisas de camaradería y su camaradería con los aprietes de urgencia. Hay sonrisas medidas. Es el nervioso sarcasmo de los que llaman a la acción. La historia argentina tuvo muchas fotos de éstas, muchos daguerrotipos, instantáneas al magnesio, a la albúmina, fotos carnet 4 x 4 (precisamente) o de perfil (justamente) y también panorámicas con flash. Los métodos fotográficos variaron más que los métodos para exonerar los momentos productivos de la democracia.

En la foto en La Rural, alrededor de Biolcati, no percibimos aureolas de santidad. No se hace necesario preguntar “si hay un traidor entre nosotros”. Sin embargo, hay demasiadas manos en actitud de rezo. Cuchicheos, abundan. Los dioses quizás sean esquivos y conviene lanzar la mirada al infinito, donde los hados parecen dudar sobre el mejor partido a tomar. A diferencia de la foto de Marcos López, quieren eliminar retenciones, sin saber que las verdaderas imágenes que los pueblos recuerdan no son las del falso ascetismo de los poderosos empresarios y los políticos en hilera, sino las de la sensualidad compartida. Estas últimas son imágenes que fluyen hacia el buen recuerdo; son para la memoria una forma eximia de la buena retención.

* Sociólogo. Director de la Biblioteca Nacional.

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