SOCIEDAD › LA TECNOLOGIA LASER, QUE CUMPLE CINCUENTA AñOS, SE APLICA EN MEDICINA, EN LA INDUSTRIA Y EN LA VIDA COTIDIANA

La respuesta que encontró múltiples preguntas

En 1960, Theodore Malman, su desarrollador, lo anunció como “una respuesta en busca de preguntas”. Hoy se aplica en fibra óptica, lectura de DVD y cirugías de la vista y cuenta con un futuro ilimitado de desarrollos posibles.

 Por Pedro Lipcovich

Computadoras transparentes, pequeñísimas, como relojes pulsera o, mejor, como piedras de anillo, joyas atravesadas por chispazos de luz. Complejos aparatos médicos microscópicos que se meterán en el tumor para curarlo. Centrales nucleares de fusión, que ofrecerán energía para la eternidad de la especie humana. Esas felicidades, y las desdichas que las acompañarán, promete para las próximas décadas la tecnología láser, que cumple sus primeros cincuenta años de existencia. Entretanto, lo que en 1960 se anunció como “una respuesta a la espera de preguntas” ya es imprescindible para que funcione el mecanismo de la sociedad contemporánea: la banda ancha de Internet; la fabricación de teléfonos celulares; los láseres que animan grandes cortadoras en la industria automotriz y los que funcionan en dimensiones de millonésimas de milímetro; el dispositivo que midió la distancia hasta la Luna y el que sabe cuánto tarda la luz en viajar, a 300.000 kilómetros por segundo, desde una pared a la otra de nuestro living. Este fin de semana, en el Teatro Argentino de La Plata, hay una gran muestra sobre el tema que culminará en el Show Láser.

Para empezar, el futuro: “En las computadoras y otros dispositivos actuales, un problema que pone límite a la reducción de su tamaño es cómo disipar el calor que generan: reemplazar la electricidad por luz, mediante el láser, permitiría que las computadoras y otros aparatos fueran mucho más chicos, y transparentes: al no tener cables, sólo veríamos flashes de luz”, anticipa Gabriel Bilmes, profesor en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata y miembro de la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires.

También el siempre anunciado y nunca logrado proyecto de obtener energía atómica por fusión de átomos de hidrógeno –fuente más barata que las actuales centrales nucleares, menos contaminante y prácticamente eterna– podría concretarse gracias al láser: “Ya hay laboratorios que utilizan el láser para obtener las altísimas temperaturas necesarias para la fusión”, anuncia Bilmes.

Otro prometido futuro es el de la nanotecnología: “Ya existen los nanoláseres, dispositivos que miden sólo de 40 a 100 nanómetros (una millonésima de milímetro): pensemos que un átomo mide entre 10 y 100 nanómetros. Estos dispositivos permitirían sistemas de medicina menos invasiva, con dispositivos que actúen en el sitio mismo de cada enfermedad”, cuenta el investigador.

El primer aparato láser se presentó en 1960, cuando Theodore Malman, su desarrollador, lo anunció como “una respuesta en busca de preguntas”. La prehistoria del láser (Light Amplification by Stimulated Emission of Radiation) había empezado en 1917: “Ese año, Einstein introdujo las ideas fundamentales de la ‘emisión estimulada de radiación’: predijo que la radiación puede ser amplificada, aumentada; esto es aplicable a la luz visible y también a los rayos infrarrojos, ultravioletas, los rayos X; eso es el láser”, señaló Marcelo Trivi, director del Centro de Investigaciones Opticas (CIOp), que funciona en el marco del Conicet y de la Comisión de Investigaciones Científicas de la provincia de Buenos Aires. Así amplificada, la radiación tiene propiedades raras: es realmente monocromática –a diferencia de todas las demás fuentes de iluminación, que siempre, aunque no lo parezcan, son mezclas de colores, es decir, de distintas longitudes de onda– y esta rara luz puede ser enfocada en un haz finito, con precisión tal como para pegarle a un espejito en la Luna.

Precisamente, “una de las principales aplicaciones del láser es la medición: permite establecer con gran precisión distancias como los más de 300.000 kilómetros que van de la Tierra a la Luna: para ello, se midió el tiempo que la luz tardaba en ir y volver de un espejo que los astronautas habían dejado en la Luna y que el láser permitió enfocar con precisión”, recordó Trivi.

En realidad, más asombroso que medir la distancia de la Tierra a la Luna es determinar la distancia de una punta a la otra de una habitación mediante un aparatito de uso comercial, el “distanciómetro” láser: “Esos aparatos miden el casi imperceptible tiempo que la luz tarda en rebotar de una pared a otra en una habitación. Son ‘láseres pulsados’, que, a diferencia del láser continuo de, por ejemplo, los punteros láser, emiten rítmicamente en lapsos que la tecnología ha hecho cada vez más cortos –cuenta Trivi–: el último láser que adquirió el CIOp tiene un pulso de un milésimo de millonésimo de segundo: es lo que la luz tarda en recorrer unos pocos centímetros”.

Uno de los trabajos que efectuó el Centro de Investigaciones Opticas fue en el puente Zárate-Brazo Largo: “El láser permitió medir cuántos centímetros se desplaza el puente por el paso de un tren, para que los ingenieros civiles determinaran si las condiciones de seguridad eran adecuadas; y lo eran”. Un poco más alto, el célebre arreglo en órbita del telescopio Hubble fue posible gracias a un láser capaz de medir pequeñísimas imperfecciones en la superficie de la lente.

Claro que el láser no sólo sirve para medir: también permite comunicar. “La banda ancha y la velocidad actuales de Internet son posibles gracias al láser, que permite trasmitir por fibra óptica –destaca Daniel Schinca, investigador en el CIOp–; hoy por hoy, el fondo de todos los mares está ceñido por una impresionante red de cables de fibra óptica.”

Y curar: “La aplicación más común en biomedicina es la cirugía –señala Schinca–: el bisturí láser se perfeccionó mucho en estos últimos años”. Su principio es similar al de la lupa cuando concentra en un punto los rayos del sol: “El instrumento que el cirujano manipula es la punta de una fibra óptica, con unos lentes que enfocan la luz láser en el punto deseado”. Sus principales usos son la cirugía de la vista y la cirugía dental. “Hace que el sangrado sea menor porque a medida que actúa va cauterizando los vasos sanguíneos.”

Y, también, depilar: “El láser que se aplica sobre la piel actúa sobre la melanina: según su potencia puede utilizarse para quitar lunares, o también tatuajes, o bien, al actuar sobre los bulbos del pelo, que tienen gran cantidad de melanina, lo hacen explotar, lo matan, y el pelo no vuelve a crecer”, precisa Schinca.

El láser hace posible la grabación y lectura de los CD, los DVD y los actuales blu ray. “La diferencia entre estos dispositivos está dada por la cantidad de marcas que el láser puede hacer en el material –explica Bilmes–: los CD son grabados y leídos con láser infrarrojo, que, por tener una longitud de onda mayor, permite trazar menos marcas; el blu ray, el láser azul, al tener menor longitud de onda permite grabar mucho más información.”

Y también los celulares: “La fabricación de teléfonos celulares es posible porque se fabrican con láseres, que cortan o imprimen sus componentes”. La determinación del genoma humano también se hizo gracias al láser: “No hay laboratorio de investigación que no tenga láseres en relación con sus experimentos”, agregó Bilmes. Otra característica del láser, la coherencia, permitió desarrollar la holografía, la posibilidad de presentar en dos dimensiones un objeto de tres, que puede verse en las chapitas identificatorias de las tarjetas de crédito.

En cambio, el láser no funcionó como el temido “rayo de la muerte” que parecía ser. “Requería un aparataje demasiado voluminoso –explica Trivi–; finalmente ese tipo de láser resultó útil en la industria, por ejemplo para cortar acero en la fabricación de automotores. Pero el láser sí se usa militarmente para perfeccionar las miras telescópicas y en armas con visores nocturnos: “Indirectamente, son mucho más peligrosos que el rayo mortal de la ciencia ficción, que cortaba a las personas por la mitad”, comenta el director del CIOp.

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“No hay laboratorio de investigación que no tenga láseres en relación con sus experimentos”, dicen los investigadores.
 
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