EL PAíS › EL TESTIMONIO DE QUIENES LOGRARON ESCAPAR SANOS DEL DERRUMBE EN PALERMO

“Se escuchaban gritos y gente llorando”

El ex cantante de Ráfaga y el tecladista del grupo que tocó antes del derrumbe contaron el calvario en que se convirtió el boliche después de la tragedia. “Se me cruzó por la mente la tragedia de Cromañón”, dijo. Hubo cincuenta ambulancias del SAME.

“Escuchamos un ruido espantoso y comenzó el calvario.” Con esas palabras, el tecladista Sergio Aranda, que acababa de actuar con su banda, describió el momento en que se desató la tragedia. Beara, según lo registrado por el gobierno porteño en la web oficial “Salí seguro” (www.saliseguro.gob.ar), tenía una superficie de 491 metros cuadrados y se encuadraba en la categoría “salas de fiestas privadas, bares nocturnos”; no se indicaba, en cambio, cuál era la capacidad del lugar. Poco antes de las 4 de la madrugada, y tras el show musical, la fiesta continuaba.

Horas más tarde, durante la conferencia de prensa, el secretario general del gobierno porteño, Marcos Peña, informó que en el lugar había “alrededor de 150 personas”, pero el cantante del grupo (desprendido de Ráfaga) Ariel Puchetta estimó que “había menos de 300”. Cualquiera fuera el número, el funcionario aseguró que “la cantidad de gente que había en el lugar está acorde a la habilitaciones”.

El cantante Puchetta y el tecladista Aranda habían terminado la actuación y se dirigían hacia el sector vip, ubicado en el entrepiso. Planeaban quedarse “a tomar algo”. “Le digo a Ariel (Pucheta): ‘Aguantá un poco que nos van a armar una mesa”, recordó Aranda. Los músicos se demoraron “en el último peldaño”. En el entrepiso, recordó Pablo Díaz, un sobreviviente que se hallaba con un amigo “abajo, cerca de la barra”, “había mucha gente saltando y bailando”. Aranda, que permanecía “en la punta de la escalera” con Puchetta y otros dos músicos, vio cómo “el techo, donde nosotros supuestamente teníamos que estar parados, se viene todo abajo”. “Escuchamos un ruido espantoso y comenzó el calvario”.

Al estruendo siguieron los lamentos. “Había gente llorando por todos lados y cables de electricidad colgados por todos lados”, señaló Aranda. El entrepiso, que según precisaría luego el comisario inspector Carlos Alvarez, de la Superintendencia Federal de Bomberos, era de “aluminio y durloc, con partes de madera”, se había desplomado. Ubicado a 10 metros de altura de la planta baja, medía “unos diez metros de ancho por siete de largo”, cayó y provocó “un caos total”, narró Puchetta.

“Quedamos atrapados entre los escombros y se me cruzó por la mente la tragedia de Cromañón, porque además se cortó la luz”, recordó Díaz. “De golpe se nos cayó el entrepiso en la espalda y me tiró al suelo, quedé con las manos hacia adelante, las piernas atrás y las rodillas dobladas.” Para salir del lugar, había sólo una salida; “mi amigo estaba más cerca de la puerta pero estaba desmayado, lo reanimé y tratamos de acercarnos a la salida arrastrándonos como pudimos y me ayudaron porque no podía caminar”. Díaz recordó “gritos y desesperación, mucho pánico”, todo “a oscuras”.

“Hubo un griterío tremendo”, recordó el tecladista. “Estaban todas las luces de emergencia prendidas –contó el cantante–, había cables colgados por todos lados, se escuchaban gritos y gente llorando.” Sobre la planta baja, el entrepiso mantenía aplastada a una cantidad imprecisa de personas. Los músicos y otras personas que permanecían ilesas ayudaron a levantar el entrepiso “para que la gente aplastada saliera”.

A las 3.57 llegó el aviso al SAME. “En forma automática se decretó el ‘alerta rojo’ en todos los hospitales de la zona y a los pocos minutos unas 50 ambulancias del SAME llegaron al lugar de la tragedia”, recordó el director médico del servicio, Alberto Crescenti. “Cuatro dotaciones del Cuartel Central de Bomberos, una de la dotación Canes especializados en la búsqueda y rescate de personas y personal del Gobierno de la Ciudad” también concurrieron al lugar, dijo el comisario inspector Alvarez.

Durante el traslado desde el boliche hasta el Hospital Fernández murieron dos jóvenes: Adriana Beatriz Lizarraga, de 20 años, y Leticia Paula Provedo, de 21. Eran amigas. Este diario habló con el abogado de sus familias, Daniel Llermanos, en la noche de ayer; los deudos se encontraban retirando los cuerpos de la morgue. La causa, contó Llermanos, tendría dos carátulas posibles: homicidio culposo o estrago doloso.

Otras 33 personas, de entre 19 y 30 años, fueron derivadas con golpes leves, fracturas y crisis de angustia a cinco hospitales cercanos, informó la Secretaría de Salud: el Fernández, el Pirovano, el Durand, el Tornú y el Rivadavia. Desde el Rivadavia, además, derivaron a la adolescente Guadalupe Quintela, hija del intendente de la ciudad de La Rioja, a la clínica Bazterrica, donde fue operada por una doble fractura de pelvis. Su padre, Ricardo Quintela, contó a este diario al anochecer, mientras llegaba a Buenos Aires, que Guadalupe, de 18 años, había concurrido al boliche con cuatro amigas, que se encontraban “con contusiones pero bien y todas dadas de alta”. El funcionario contó que se enteró a poco de sucedido el episodio, porque “el hermano, que en cuanto supo fue al boliche para buscarla y después la acompañó en la ambulancia hasta el Hospital Rivadavia, me despertó de madrugada para avisarme”. Cuando el entrepiso se desplomó, “Guadalupe estaba por irse de la fiesta”.

Hora y media después, cesó el “alerta rojo”. Sucedió en cuanto “los bomberos finalizaron las tareas de remoción de escombros y los heridos ya se encontraban en las distintas guardias médicas”, dijo Crescenti.

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Los 25 heridos, de entre 19 y 30 años, fueron derivados a cinco hospitales cercanos.
Imagen: Télam
 
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