EL PAíS › EL PROTOCOLO DE EVOLUCIóN DE LA EXTIRPACIóN DEL CARCINOMA DE TIROIDES

El tratamiento paso a paso

El titular de la Asociación Argentina de Oncología Clínica, Adrián Hannois, explicó a Página/12 que la operación a la presidenta Cristina Fernández se realizó “en los tiempos previstos” y sin complicaciones.

 Por Pedro Lipcovich

El cronograma de la salud presidencial es, a grandes rasgos, el siguiente. Entre mañana y pasado finalizará el postoperatorio: los problemas –sangrado o acumulación de líquidos– son improbables. El oncólogo cederá la conducción del tratamiento al endocrinólogo, que comenzará la administración de levotiroxina en reemplazo de la hormona que, extirpada la glándula tiroides, el organismo ya no produce. Es posible que se efectúe una aplicación de iodo radiactivo, para eliminar del organismo todo resto de células tumorales. Entretanto, la tiroides completa y los ganglios linfáticos adyacentes ya se hallan en anatomía patológica: 10 a 15 días necesitará el patólogo para verificar que el tipo y el tamaño del tumor correspondan a lo previamente detectado. La paciente llevará una vida normal, con su dosis cotidiana de levotiroxina; durante 20 días cada año deberá suspender la aplicación para hacer un chequeo y, eventualmente, nueva aplicación de iodo radiactivo. El tiempo establecido para declararla curada son cinco años, aunque “en este tipo de cáncer, las raras recaídas se producen entre dos y tres años tras la operación”, señaló el presidente de la Asociación Argentina de Oncología Clínica (AAOC), Adrián Hannois, gracias a quien Página/12 obtuvo los datos que integran esta nota. En cuanto a la cicatriz de la operación, no se va a notar: “Es casi una cirugía estética”.

“La intervención se efectuó en los tiempos previstos. Habrá que esperar 48 horas, con observaciones cada tres o cuatro horas, para detectar eventuales complicaciones como sangrado o acumulación de líquido: son raras, y más frecuentes en personas con hipertensión o diabetes, que no es el caso de la Presidenta”, comentó el titular de la AAOC, la mayor entidad profesional oncológica de la Argentina.

“Unas 48 horas después de la intervención, el endocrinólogo relevará al cirujano en la conducción del tratamiento: empezará a administrar levotiroxina, para reemplazar la hormona que producía la glándula tiroides. Le llevará unos días establecer la dosis exacta”, señaló Hannois.

Entretanto, “el material retirado por el cirujano, es decir, la glándula y los ganglios regionales, se envía a anatomía patológica. Estos estudios demoran entre 10 y 15 días, ya que el tejido debe prepararse para su examen bajo el microscopio. El patólogo verificará si el tumor realmente sólo ocupaba un solo lóbulo de la tiroides: hay tumores papilares multifocales, y esto a veces no aparece en los estudios previos. También examinará los ganglios: si aparecieran allí células tumorales no implica mal pronóstico, pero exige un control más estricto”, explicó el oncólogo.

En todo caso, “muchas veces, luego de la operación, se da una dosis de iodo radiactivo, para que no quede nada de tejido tiroideo en el organismo; esta aplicación podría hacerse en el curso de los 20 días de reposo programados. Seis meses o un año después, según lo disponga el endocrinólogo, se efectúa un rastreo y, si aparecieran células originadas en la tiroides, se administrará una nueva dosis de iodo radiactivo”. El iodo radiactivo, por ser iodo, es captado selectivamente por las células de la glándula tiroides, que lo necesitan para fabricar su hormona, y, por ser radiactivo, las destruye desde adentro.

El seguimiento posterior se hará por medio de ecografías, pero “una vez por año, se suprime durante unos 20 días la levotiroxina y se hace un rastreo corporal total con iodo: si hay algún resto de células tiroideas, donde podría quedar algo de la enfermedad, se administra iodo radiactivo. Si no, al año siguiente se hará otro chequeo. Durante la supresión de la levotiroxina, habrá síntomas de hipotiroidismo –como cansancio o sueño–. El resto de su vida será totalmente normal”, explicó Hannois.

“En oncología, la mayoría de los tumores se consideran curados cuando transcurrieron cinco años sin recidivas, pero en el caso del tumor papilar de tiroides las recaídas, muy infrecuentes, suelen producirse dentro de los dos o tres años”, concluyó el especialista. En cuanto a la cicatriz, “la intervención es casi una cirugía estética: se aprovechan bien los pliegues del cuello y, a los pocos meses, la cicatriz ya no se nota”.

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