EL PAíS › COMO VIVIERON LOS FAMILIARES EL PROCESO DE LA DESTITUCION

Día de nervios, reclamos y festejo

Padres de Cromañón y partidos de izquierda siguieron la sesión frente a la Legislatura. El veredicto provocó un estallido de euforia.

Con la experiencia de haber sobrevivido a Cromañón a sus 18 años, Chantal se acercó al mediodía a la marcha de los familiares. Morocha, de corte rolinga, remera de Los Piojos, se entretenía peinando a su hermana, mientras escuchaban uno a uno los votos de los legisladores por los parlantes desgastados de un camión. “No creo que haya justicia, posta que si no lo destituyen no se puede esperar más nada”, comentó a Página/12, como preparándose a una posible absolución. Finalmente, cuando escuchó que el jefe de Gobierno, Aníbal Ibarra, era removido de su cargo, se unió en un solo grito con los familiares de las víctimas y los partidos de izquierda: “Los pibeeeeeeeees... ¡Presentes!”.

Desde temprano, algunos de los familiares se instalaron en reposeras junto a la valla policial, mientras otros cincuenta ingresaban al recinto. Colgaron guirnaldas con pequeñas estrellas de cartón que mostraban fotos de las víctimas y una bandera con los nombres, bajo la frase “a los que el cielo no pudo esperar”. Se fueron sumando los partidos de izquierda (PO, MST, MAS, La Corriente), algunos centros de estudiantes y la FUBA. “Hay que castigar a Ibarra, Kirchner y Chabán”, coreaban los militantes. En un bar de la zona, la ex legisladora Vilma Ripoll seguía el juicio por televisión junto a varios familiares. El tronar de los bombos en la calle contrastaba con el silencio de los familiares dentro del recinto. Cada tanto, una madre salía llorando al pasillo y, apenas se reponía, volvía a entrar. Allí también los pronósticos eran reservados. “Estamos tranquilos en nuestra locura y esperamos. Hay que ver si la plata deja lugar a la conciencia”, suponía Daniel Yanni, padre de Bárbara y Darío.

Afuera, la mayoría eran jóvenes, que se sentaron en rondas en la calle. Muchos vestían con remeras de Callejeros. “No creo en la responsabilidad de la banda, son los inspectores los que tendrían que haber controlado”, planteó Chantal. A su alrededor, los adolescentes aplaudían cada voto por la destitución y silbaban a los que absolvían. “Son tres, necesitamos diez”, comentaba uno. “¿Cómo vamos?”, se preguntaba cada tanto. “Estamos 3 a 2, por culpa de que Baltroc se fue al carajo”, aseguraba otro, como si fuera un partido de fútbol.

Los festejos comenzaron con el voto de Florencia Polimeni y fueron in crescendo hasta el del zamorista Gerardo Romagnoli. En un comienzo, la mayoría no prestaba atención a la radio. A partir de la legisladora radical, se agolparon junto a los parlantes, los militantes ondearon las banderas rojas y amarillas y, finalmente, al décimo voto, estallaron: “Ya se fue Ibarra, y la puta que lo parió”, cantaron. “¡Primera pelea ganada!”, gritó un familiar, con el puño en alto, mientras recibía palmadas en la espalda. Algunos lloraban y se abrazaban, otros se unían a los cánticos, como para exorcizar la tristeza. “Yo pensaba que si no lo destituían me iba a ir del país. Ahora me quedo”, aclaró Chantal. “Esto implica que se ha hecho algo en estos 14 meses de lucha”, planteó.

Dentro de la Legislatura, la primera en salir fue Nilda Gómez, madre de Mariano Benítez. Entre lágrimas, abrazó a otros familiares. “No lo podemos creer, pero era imposible que votaran en contra después de haber estado en Cromañón”, dijo, antes de que el llanto le impidiera seguir hablando. Poco a poco, fueron saliendo hacia la calle, donde se estrecharon en un abrazo con el resto de los familiares. “Un aplauso para los papás que estuvieron dentro”, pidió Rebeca Araneda, tía de David Chaparro, un chico de 14 años que fue al boliche con sus amigos. “Vamos a seguir pacíficamente en la Justicia, donde está procesado (Omar) Chabán y lo va a estar Ibarra”, dijo Araneda.

Una chica, con un tatuaje de las zapatillas de Cromañón en el hombro, llamaba a su familia: “Holaaaaaaa, le ganaaaaaaamos”. Junto a ella, Silvia, mamá de Julián Rozengart, hacía un balance, con los ojos rojos: “Es un triunfo chiquito contra la impunidad. Vamos a seguir para que la sociedad se pregunte por qué se matan pibes de esta forma y buscando el resto de las responsabilidades, hacia el gobierno nacional”. Luego se reunió con el resto, que marchó hacia el santuario en Once.

Informe: Werner Pertot.

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El voto 10 en contra de Ibarra abrió la puerta a los abrazos, las lágrimas y los festejos.
 
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