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Los macristas se consideraron triunfadores y el ARI festejó

Después de la votación, Elisa Carrió dijo que “ratifica y apoya” la destitución de Ibarra. Los macristas señalaron que “no fuimos los más duros”.

 Por Eduardo Tagliaferro

En ningún momento del juicio político contra el hoy destituido jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, ni Mauricio Macri ni Elisa Carrió se pronunciaron públicamente. Macri no se sintió obligado a dar ninguna explicación. Carrió se ocultó detrás de la libertad de conciencia que tenían sus legisladores. Pocos minutos después de la votación, Carrió habló a través de un comunicado de prensa. En un mensaje de dos líneas, que tenía como destinatario más a su convulsionado frente interno que a la opinión pública, dijo que “ratifica y apoya la decisión de destituir a Aníbal Ibarra”. En las filas de la derecha continuaron con su estrategia. “Hoy no va a hablar”, fue la escueta respuesta que encontró este diario cuando pidió una opinión de Macri. Con estricta reserva de su nombre, en el entorno Macri se mostraban exultantes porque consideraron que no quedaron salpicados por la denuncia de golpismo que realizó Aníbal Ibarra. Para ratificarlo, el estrecho colaborador de Macri que habló con Página/12 recordó que “los discursos más duros no fueron los nuestros”.

La derecha, gran triunfadora de la jornada de ayer, no tiene pruritos en reconocerlo. Con la simpleza del que sabe a qué juega, el hombre de Macri admitió que el macrismo “salió bastante limpio” de todo el proceso que terminó con la destitución de Ibarra. “Fue una salida prolija. A priori era una situación difícil. Pero por suerte los discursos más duros no fueron los nuestros y el kirchnerismo dividió su voto, por lo que la destitución fue algo de todos los bloques”, dijo el macrista.

El silencio al que se llamó Macri y la principal dirigencia de la coalición de derecha no fue casual. Fue una decisión orgánica que tiene como objetivo despegarse de la figura del golpe institucional. Pragmáticos, como pocos, señalaron que serán los hechos y el cambiante humor de la opinión pública los que los empujen a realizar declaraciones. Les tocó a los responsables de su bloque en la Legislatura porteña, Gabriela Michetti y Diego Santilli, dar la cara. Formales y previsibles, se limitaron a señalar que “cumplieron con las instituciones”.

Palabras más, palabras menos, lo mismo que se repitió en el ARI. Carrió insistió con la libertad de conciencia de sus legisladores. Se refugió en las pocas líneas que entregó en su comunicado de prensa. Lo cierto es que el juicio político que se le siguió a Ibarra abrió profundas huellas entre sus seguidores. No fueron pocos los militantes del ARI que participaron de la movilización de apoyo a Ibarra. No son muchos los dirigentes que se animaron a tomar partido, los que lo hicieron tuvieron que corregirse. Luego de admitir que en lo personal no estaba de acuerdo con la destitución, la diputada Marta Maffei relativizó sus dichos. Algo que no sólo le ocurrió a Maffei. A pesar de que algunos dirigentes del ARI, consultados por Página/12, repitieron que “no había nada que festejar”, uno de los que votó la destitución de Ibarra, el arista Guillermo Smith, se lo tomó como una victoria personal. Precisamente su voto había sido el décimo en contra de Ibarra, el definitorio. Luego de votar, descorchó champagne Concha y Toro en el bar Estación Plaza, en la esquina de Avenida de Mayo y Chacabuco, a pocas cuadras de la Legislatura porteña (ver página 3). Desde otras mesas y otros bares, familiares que perdieron a los suyos en el incendio del boliche bailable también festejaron. El principal triunfador no habló, ni se dejó ver.

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Macri y Carrió coincidieron, de hecho, contra Ibarra.
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