EL PAíS › OPINION

La Justicia, esa rama seca

 Por Mario Wainfeld

El canciller Jorge Taiana conoció la información mientras volaba de Nueva York hacia Buenos Aires y, como toda la plana mayor del gobierno argentino, se sorprendió gratamente. Los presagios, a ambas riberas del Plata, auguraban otra derrota. Habló con el presidente Néstor Kirchner y acordaron el tono elegido: declararse “satisfechos” (expresión que luego se repitió mucho) pero “sin exitismos”. Taiana agregó que la decisión priva al presidente uruguayo Tabaré Vázquez de una recurrente cortina de humo, que es la de atribuir a los cortes de ruta ser el núcleo del entredicho y el primer obstáculo para el diálogo.

En voz más baja los funcionarios agregaban que la goleada 14 a 1, esta vez a favor, también suma para justificar la estrategia oficial. “Se hacía cuesta arriba defender el recurso a organismos internacionales si siempre perdíamos”, confidencia un alto negociador. Y se esperanza “haber demostrado que en esos ámbitos no estamos derrotados por definición tal vez calme a los vecinos más exacerbados de Gualeguaychú”.

En Gualeguaychú y en Uruguay, la lectura del fallo se siguió en directo y se festejó o sufrió como un partido de fútbol, claro que con el delay impuesto por la lectura de los fundamentos y su insoportable traducción simultánea al castellano neutro. Es un castigo adicional compartido por no resolver las cuestiones cómo y dónde debería hacerse: en parla castellana, lejos de los tribunales.

Litigantes, abstenerse: La Corte continuó su tradición que es ser muy avara para conceder medidas cautelares. Estas son, por definición, excepcionales en un tribunal de esa naturaleza porque se dirimen sin un proceso probatorio amplio.

La doctrina procesal, no sólo en materia internacional, exige tres recaudos para que prospere por ejemplo una medida de no innovar. El primero suele expresarse con un latinazgo, el “fumus bonis iuris” que traducido libremente sería “aroma a buen derecho”. El segundo es la existencia de un daño a prevenir y el tercero es la urgencia en la demora. La lectura de la jueza Higgins arrancó acumulando elementos que daban a entender que el fumus es intenso. Pero en los considerandos ulteriores, el tribunal no juzgó acreditada “la necesidad urgente de evitar un perjuicio irreparable”, concepto que enfatizó por repetición, en los considerandos 33 y 42. El canciller uruguayo Reinaldo Gargano, que lucía muy atribulado, describió en declaraciones periodísticas ese devenir como una incongruencia de la sentencia. No hay necesariamente tal, el reclamo uruguayo siempre tuvo como punto flaco la comprobación de los perjuicios sufridos, cuya magnitud (y aun su existencia) es controvertida.

Uruguay redondeaba su queja agregando que los cortes entorpecen el desarrollo de la planta pastera. La Corte no compartió ese recelo, dictaminó que “a pesar de los cortes, la construcción de la planta Botnia progresa significativamente desde el verano de 2006 con dos nuevas autorizaciones otorgadas y que se encuentra en estos momentos bien avanzada”.

Tan formal, el caballero andaluz: Con algunas barajas más en su sabó el facilitador español Juan Antonio Yáñez Barnuevo volverá a estos lares al toque, tras tomarse vacaciones boreales y (aunque no se asuma) relojear cómo quedaba el tablero después de La Haya. En el ínterin mantuvo un par de contactos telefónicos con las cancillerías, casi a título de contención o acto de presencia según leen avezados funcionarios argentinos.

La fecha más posible de desembarco es el lunes, aunque ayer se especulaba que hasta podría adelantarse. Se supone que vendrá primero acá pero que derrochará ecuanimidad en materia geográfica y en asignación de sus tiempos.

A Dios rogando y con el mazo dando, en Cancillería y la Rosada cuentan que el enviado del rey Juan Carlos dialogó sotto voce con autoridades de Finlandia y de la propia Botnia. Los mismos confidentes dicen saber que Botnia se comidió a dialogar con el arquitecto que propone una solución creativa a la polución visual.

Sin exitismos, el gobierno argentino espera que los uruguayos se franqueen más con el facilitador. Y también confía en moderar la revuelta entrerriana, optimismo excesivo a la luz de los precedentes, máxime tomando en cuenta la inminencia de las elecciones, que no son grandes momentos para la moderación y la transigencia internacional.

Lo real es que ambas partes deben hacerse cargo de que es necesaria una solución de suma positiva en la que, a diferencia de lo que se dirime en las guerras o en los tribunales, no haya un ganador y un perdedor neto. Un escenario que los dos gobiernos parecen empecinados en impedir, sin reparar en que está en juego el futuro común de dos países hermanos, un bien superior no litigable.

“Creatividad”, les pidió el diplomático español a dos encrespados gobiernos dando cuenta de una necesidad básica insatisfecha: la eventual solución no es sencilla ni está preescrita, depende de un trabajo conjunto, de concesiones e imaginaciones recíprocas. Seguramente, a esta altura es imposible urdir una salida que no incorpore otras variables a las actuales. La materia prima de la política contiene ingredientes de futuro, algo que la diferencia de la Justicia, que se finca en el pasado.

Es la política, rioplatenses: Los magistrados togados trasnacionales perpetuaron su doctrina, lo que no debería autorizar retraducciones. Si las hubiera, a miles de millas de distancia, podría sospecharse que el tribunal les endosó a las partes hacerse cargo de sus cuitas políticas y no judicializarlas, a corto y largo plazo.

Sea que se rechazó el pedido uruguayo por apego a lo siempre juzgado, sea que se lo hizo porque en Holanda también se cultiva la gambeta, la consecuencia de lo fallado ayer es unívoca. La Justicia pone la pelota del otro lado, el de los gobiernos que, por ahora, no han sido muy competentes. Más allá de que ahora les tocó celebrar al gobierno argentino y a los asambleístas, la de ayer fue una buena noticia por eso, por dejar el problema en manos de quienes tienen que resolverlo.

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