SOCIEDAD › UNA INéDITA EXPERIENCIA INCORPORA LAS SEñAS PARA PERSONAS SORDAS

Un teatro con nuevo lenguaje

Una sala teatral porteña y una asociación dedicada a la enseñanza del lenguaje de señas promueven una iniciativa para que las personas sordas y sus familias puedan asistir a una obra de teatro. El señante no es un intérprete, sino un actor más.

 Por Soledad Vallejos

En el escenario, una de las actrices emplea el lenguaje oral y la otra apela al lenguaje de señas. Pero no se trata de una simple traducción. “Creamos un rol y una nueva relación: el señante teatral ocupa un lugar, interpreta, no puede ser obviado. Es un performer que aporta algo diferente”, explica la actriz y pedagoga Gabriela Bianco al presentar una modalidad de trabajo corporal y expresivo ideada para que puedan disfrutar del teatro las personas sordas. Ella prefiere no hablar de “no oyentes” sino de “personas sordas, porque se trata de una característica, no de una carencia ni de un lenguaje políticamente correcto”. Con Araceli González como madrina, la propuesta, inédita en el país, fue presentada ayer en el Teatro El Cubo, en el barrio de Abasto, el mismo que durante todo el año, y una vez al mes, reelaborará el texto y la puesta en escena de una de sus obras en cartel para permitir la participación de un señante. Para propiciar el acercamiento a la experiencia, acotó Jorge Vidoletti, responsable de la sala, esas funciones especiales estarán subsidiadas: serán gratuitas para personas sordas y las localidades se venderán a mitad de precio “para personas que no son sordas”.

Cuando Página/12 llegó al lugar, alguien de la organización de la sala realizaba un pequeño ritual en la calle cuchillo en mano, para cortar la intención de la tormenta, o al menos demorarla hasta que el evento diera inicio. Quizá funcionó, porque las primeras gotas vespertinas sólo se animaron a caer una vez que el espacio techado del patio se pobló de niñas y niños con sus acompañantes adultos. Muchos de ellos, grandes y no tanto, llevaban audífonos; otros no. Para varios, era su primera vez como público de teatro. “La carencia de esa experiencia cultural es notable. Tanto que primero planeamos que la función comenzara con un adulto narrando cuentos a los chicos, pero no pudimos encontrar ningún adulto sordo capaz de hacerlo: no sabían cómo porque carecían de esa experiencia”, recordó Bianco.

Por eso el estreno fue con un fragmento de Mondonga y Verdelinda, el espectáculo infantil de narración oral y en lengua de señas a lo largo del cual las actrices Natalia Marcet y Natalia Tesone necesitaron pocos elementos para convertirse –con asombrosa plasticidad y sutileza– en un yacaré y una sirena, respectivamente. Ambas fueron dirigidas por Bianco, que se crió en una familia donde la sordera de algunos de sus integrantes la llevó a aprender e incorporar al lenguaje de señas en su vida cotidiana, y luego a comprender que ésa podía ser la semilla de una herramienta expresiva. Venir de ese mundo, detalló, es lo que hace una diferencia básica: “Porque yo sé que el sordo no está solo, que hay hermanos, parejas, padres, hijos, que no necesariamente son sordos y sin embargo sí comparten un mundo de experiencias cotidianas con esa persona. Tener conciencia de eso está en la base de esta propuesta”. En ese afán de integrar y explorar, subsumido en los proyectos “Dicho y hecho, señantes teatrales” y “LenguaHares artes & señas”, la experiencia consiguió también el apoyo de la Asociación de Artes y Señas.

La narración del segmento infantil de la presentación fue de todo menos esquemática y previsible: el yacaré (Marcet) se interpretaba a sí mismo hablando y acompañándose, de tanto en tanto, con sonidos de acordeón; la sirena (Tesone) no pronunció palabra, pero en su lugar se sirvió del lenguaje de señas hasta convertirlo en una suerte de idioma corporal comprensible, también, para quien ignorara esos códigos. ¿La historia? Una de amor –y chistes– entre seres que nadie imaginaría compatibles, que arribó a un final feliz: “En este mundo somos todos iguales pero diferentes... mejor, así no es tan aburrido”.

La lluvia amagaba con arreciar seriamente cuando, en la sala, comenzó Semillas de memoria, de Julia Varley (también directora), en la que Bianco realizó la “intervención performática en lengua de señas” sobre el unipersonal interpretado por Ana Woolf. Con la señante, la obra –que podrá verse el 11 y el 12 de este mes a las 21– demostró en escena que también es posible trabajar con señantes para un público adulto, y que un texto puede ser adaptado sin que eso signifique, simplemente, la incorporación de una suerte de subtítulo humano.

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La sala del Teatro El Cubo, donde ayer se presentó la experiencia de teatro con lenguaje de señas.
Imagen: Pablo Piovano
 
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