SOCIEDAD › EL ASESINATO DE UN ABOGADO EN OLAVARRíA CON CLAROS TINTES MAFIOSOS

Siete tiros y el dólar marcado en la boca

 Por Raúl Kollmann

El abogado penalista Marcos Alonso fue ejecutado de siete disparos en algún lugar de la zona de Olavarría y luego el cuerpo apareció, maniatado y con un billete de un dólar en la boca, en el asiento trasero de su propio auto, dejado en el centro de esa ciudad bonaerense. Todas las miradas apuntan a un conocido delincuente, Walter Gallastegui, con reiteradas detenciones por tráfico de drogas y robos a mano armada, pero que desde hace meses está en la cárcel por haberle disparado once tiros –lo dejó paralítico– a Fabricio Armendano, un hombre que, supuestamente, lo traicionó. Entre los investigadores circula la idea de que Alonso le cobró a Gallastegui un dinero y le adelantó que podía quedar en libertad durante enero, pero al cambiar los jueces por la feria, la excarcelación fue rechazada. La esposa del abogado declaró judicialmente que Gallastegui amenazó a Alonso el viernes pasado.

Durante la tarde de ayer se realizó la autopsia y el peritaje del vehículo de Alonso. Quedó en claro que los balazos fueron siete: uno en un brazo –tal vez una maniobra defensiva del abogado– y los otros en el tórax y la cabeza. Según parece, el cuerpo fue maniatado con cintas de embalar, la víctima recibió numerosos golpes y, según creen los que trabajan en el caso, como mínimo actuaron dos personas. Durante la tarde llegó a Olavarría el jefe de la Bonaerense, Juan Carlos Paggi, quien puso personal técnico a disposición de la fiscal. Es que en la investigación, toda la parte técnica será fundamental.

Una de las personas más cercanas a Alonso declaró ante la Justicia que el viernes pasado el penalista recibió varias llamadas. Se trataba de allegados a Gallastegui que exigían que devuelva un dinero. Esto es lo que lleva las sospechas hacia ese sujeto, detenido numerosas veces y ahora preso por tentativa de asesinato contra Armendano. La hipótesis es que Alonso le había garantizado a Gallastegui que conseguía su libertad, el preso le adelantó un dinero, pero finalmente la excarcelación fue rechazada. Eso es lo que explicaría la exigencia de plata y las amenazas que recibió el penalista.

La autopsia indicaría que, de entrada, Alonso no estaba maniatado. Por ello es que habría puesto el brazo delante de su cuerpo ante el primer disparo. La otra variante es que le hayan pegado el primer tiro en el brazo como apriete, para exigirle dinero. Lo concreto es que, después, terminaron de maniatarlo y todo indica que los otros seis tiros se los dispararon cuando ya tenía puestas en las manos las cintas de embalar. El dólar en la boca tendría el significado de “tomá, comételo ahora”, también en referencia al dinero que le exigían.

Es esta misma línea de investigación la que llevará ahora a la fiscal a pedir los registros de la comisaría de Tapalqué, lugar en el que está detenido Gallastegui, para saber quiénes lo visitaron. También se trabajará con las llamadas telefónicas. Por supuesto que el antecedente que encaja en lo ocurrido son los once tiros que Gallastegui le pegó a Armendano. Las miradas están puestas en familiares del preso, que ya actuaron en complicidad con él en varios delitos.

Pese a que ésa es la principal línea de investigación, es casi seguro que la fiscal revise los otros casos en los que participó el penalista. Alonso actuó en los casos más sonados de Olavarría incluyendo varios asesinatos con características de ejecución mafiosa.

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El vehículo de Marcos Alonso, estacionado y con Alonso dentro.
Imagen: Télam
 
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