SOCIEDAD › MURRAY Y ONGAY SOSPECHABAN DE LA FAMILIA EN EL CRIMEN DE MARIA MARTA

Dos testigos movieron el avispero

Las dos amigas de María Marta García Belsunce oscurecieron el horizonte de las defensas. Recordaron las contradicciones de la familia. Es posible que sean careadas con Pichi Taylor y Horacio García Belsunce. Hoy declaran peritos.

 Por Carlos Rodríguez

Dos amigas de María Marta García Belsunce, al declarar en el juicio por el encubrimiento, expresaron dudas por las actitudes que tuvieron, luego del asesinato, varios familiares y allegados a la víctima. Inés María Ongay, amiga de la infancia de María Marta, aseguró ante los jueces que Nora “Pichi” Burgues de Taylor, íntima del matrimonio formado por la socióloga asesinada y Carlos Carrascosa, le comentó que como el caso “se podía abrir como suicidio o asesinato, habían pagado para que se hiciera lo que el Gordo (por el marido de María Marta) quería: que no se hiciera la autopsia y que se la enterrara en la Recoleta, a última hora”. Susan María Murray, quien compartía tareas sociales con la víctima en Missing Children Argentina, dijo por su parte que Carrascosa, una vez que se confirmó que fue un homicidio, la citó en la confitería Rond Point, en Palermo Chico, para preguntarle si entre algunos papeles de María Marta había encontrado “unas cartas que ella tenía escondidas”, que habían sido intercambiadas “entre los hermanos” García Belsunce y que estaban referidas a “quilombos familiares”.

Murray, al igual que Ongay, aseguró que tuvo dudas desde el comienzo porque todos hablaban de un supuesto accidente, “pero todos daban hipótesis distintas, lo que era raro”. Luego de que se hiciera la autopsia, un mes después del hecho, Horacio García Belsunce la citó a una reunión en otra confitería para pedirle que se sumara a “un equipo de investigación formado por la familia” para ayudar al fiscal Diego Molina Pico. “Pidió un whisky y habló: ‘La autopsia dijo que María Marta tiene cinco tiros en la cabeza’”. Cuando Murray le preguntó si sospechaba de Carrascosa, el hermano de la socióloga contestó: “No, el Gordo zafó porque llegó (a la escena del crimen) después que el vigilador” del country Carmel, donde vivían.

Murray aseguró, además, que la masajista Mabel Michelini le dio dos versiones distintas sobre lo que ocurrió cuando llegó a la casa de María Marta, el 27 de octubre de 2002, día del crimen. “Me dijo que tuvo que ir a buscar a Carrascosa al Club House (dentro del Carmel) y que juntos se dirigieron hacia la vivienda.” Una vez allí, el marido de María Marta subió a la habitación del primer piso, mientras Michelini bajaba de su auto los elementos para hacer masajes. “El le avisó –recordó Murray el primer relato de Michelini– que subiera sin nada porque María Marta había sufrido un accidente.” Con posterioridad, según Murray, la masajista le dijo lo que relató en este juicio, en el sentido de que “se demoró al entrar y cuando tocó el timbre, Carrascosa le dijo que subiera sin nada, porque su esposa había sufrido un accidente”.

Ongay, que se conoció con María Marta cuando ambas tenían 11 años, aseguró que hubiera preferido que a su mejor amiga “la hubiera matado un desconocido, alguien que dispara y se va, porque esto es muy fuerte afectivamente para mí”, aludiendo a sus sospechas contra Carrascosa, ya condenado, y el resto de los imputados. Ongay, que desde hace 30 años vive en Bariloche, se enteró de la muerte por teléfono.

Esa noche habló con Carlos Carrascosa, quien le informó que María Marta “se había pegado un golpe en el baño y se había muerto en un accidente”. Una de las últimas veces que habló personalmente con su amiga, en abril de 2002, notó que Carrascosa la llamaba a María Marta “cada dos minutos”. Su amiga le comentó que “el Gordo estaba cada vez más paranoico, la cuidaba más y la llamaba a cada rato”.

Sostuvo que siempre dudó de que su amiga se hubiera caído en la bañera porque “era muy deportista, no era una persona torpe”. Sus dudas se fortalecieron porque en el velatorio “unos decían que se había golpeado contra la ventana, otros contra la canilla, otros que se había caído hacia adelante y se había ahogado. Yo pensé que uno se muere de una sola manera”. Ratificó que Pichi Taylor, que estuvo imputada por encubrimiento pero luego fue sobreseída, le dijo que Carrascosa quería que no se hiciera la autopsia. En el juicio anterior, donde Carrascosa fue condenado a perpetua por el homicidio de su mujer, se hizo un careo entre Ongay y Pichi Taylor, porque ésta niega la existencia de esa conversación entre ambas. Las defensas dejaron abierta la posibilidad de repetir ese careo entre hoy y mañana.

Un segundo careo podría realizarse entre el imputado Horacio García Belsunce y Susan Murray, en relación con lo ocurrido en la reunión entre ambos que fue relatada ayer por la testigo. Por razones que se desconocen, la defensa de García Belsunce evitó hacer ayer mismo ese careo, aprovechando la presencia de Murray.

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Irene Hurtig, muy molesta, encaró a una amiga de Susan Murray y le dijo: “Las víctimas somos nosotros”.
Imagen: Télam
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