SOCIEDAD › OPINION

El error del Papa

 Por Juan Gabriel Tokatlian *

En un correo electrónico dirigido al legislador de Buenos Aires Gustavo Vera, el papa Francisco afirma que “ojalá estemos a tiempo de evitar la mexicanización (de la Argentina)”. Esta afirmación tiene varias dificultades. Primero, constituye una frase desafortunada, pues no contribuye a esclarecer la evolución y consolidación del fenómeno de las drogas. Fenómeno que es un asunto global y multifacético y que se expresa en cada país de manera diferente en consonancia, entre otros, con el desarrollo histórico, la matriz política, el grado de cohesión social, las prácticas arraigadas de los cuerpos de seguridad y la capacidad institucional.

Segundo, afirmar que un país se “mexicaniza” es desconocer que la cuestión de las drogas es el producto de una intersección contradictoria en la que intervienen múltiples actores estatales y no estatales ligados a la demanda de narcóticos, a la venta de diversas sustancias psicoactivas, al lavado de los dividendos producidos por un lucrativo negocio ilícito, a redes transnacionales de distribución y transporte, al mantenimiento de un prohibicionismo militante que sólo entiende de cruzadas antinarcóticos, entre otros. Pensar que México hoy, como ayer lo fue Colombia, es el núcleo desde donde existe y se expande un “mal” que, a su turno, se replica y daña otras sociedades, es desdeñar la complejidad del tema.

Tercero, el calificativo que ha usado Francisco para advertir lo que eventualmente le pueda pasar a la Argentina confunde en vez de aclarar. El Papa no parece tener en cuenta que el narcotráfico tiene una enorme capacidad adaptativa para forjar alianzas estratégicas y que la clave es entender qué configuración local de fuerzas se produce y afinca. Lo fundamental es mirar a la propia Argentina y su especificidad en la geopolítica de las drogas. Es decir, sólo un buen diagnóstico local ayuda a interpretar mejor qué hacer frente al avance de la narcocriminalidad. Cuarto, confundir las realidades nacionales en relación con el asunto de las drogas y homogeneizar la mirada contribuye a reproducir las mismas políticas que ya han fracasado una y otra vez para revertir el problema de las drogas. Sin duda, el pontífice ha mostrado su rechazo a las guerras en general y a lo que él mismo denominó la “tercera guerra segmentada”. Sin embargo, el corolario tácito de su mensaje sobre la potencial “mexicanización” de la Argentina llevaría a pensar que olvida que el grave padecimiento que aqueja desde hace años a México está íntimamente ligado a la forma en que las elites de ese país abrazaron la lógica de la “guerra contra las drogas” estimulada, en especial, por Estados Unidos.

Y quinto, la aserción del papa Francisco es muy inoportuna. En la Argentina vienen aumentando las voces que piden “mano dura” –una ley de derribo de aviones, participación de los militares en tareas antinarcóticos, más punición– en materia de drogas. Inadvertidamente, el tipo de aseveración realizada por el pontífice podría contribuir a que en un año electoral altamente polarizado varios candidatos al Ejecutivo y al Legislativo encuentren en ella una justificación para propuestas coercitivas en materia de lucha contra las drogas y, al mismo tiempo, se limite el incipiente debate nacional sobre políticas alternativas a la vigente.

Hace un año, en junio de 2014, el Papa se expresó contra la legalización de las drogas. “La droga es un mal y con el mal no puede haber cesiones o compromisos”, dijo. El mail a Vera se puede leer en esa misma clave en momentos en que a lo largo y ancho de la región, desde Uruguay hasta Jamaica, hay nuevas iniciativas y prácticas de regulación en esta materia. Es lamentable que las expresiones de Francisco durante los últimos dos años refuercen el paradigma prohibicionista cada vez más impugnado en el continente americano y en muchas otras latitudes.

* Director del Departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de UTDT.

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