SOCIEDAD › DETENIDOS CUANDO ABRIAN LA CAJA FUERTE DE UN BANCO

Un boquete a ninguna parte

Los cuatro estaban muy concentrados. Llevaban varias horas de trabajo dentro de la sucursal del Banco Piano de Castelar Norte, al Oeste del Gran Buenos Aires. Habían vencido ya una capa de acero y les faltaba tan sólo un manto de concreto y otro de metal para llegar al formidable botín. Ya habían hecho un boquete en la pared para acceder al banco desde un edificio vecino y habían logrado llegar hasta la caja fuerte. Y como tenían colocados protectores auditivos para amortiguar los ruidos de martillos y taladros, no notaron la presencia de la policía, que había arribado hasta el lugar, alertada por una alarma de seguridad que ellos no se habían preocupado en desactivar. Al final no pudieron llevarse nada e incluso perdieron la gran cantidad de herramientas que habían llevado para trabajar.
La sucursal bancaria está ubicada en Inocencio Arias 3342, de la localidad bonaerense de Castelar Norte. La vía de acceso para los intrépidos boqueteros fue un agujero hecho en la pared que separa al banco de un edificio lindante, que se encuentra en refacción, y que envuelve, en forma de ele, el fondo de la entidad financiera.
El cuarteto había fracasado en su primer intento de llegar hasta la zona en la que está ubicada la caja fuerte. Recién al hacer el segundo hueco arribaron al lugar donde se encuentran las cajas y el área de atención al público. Según fuentes de la investigación, esa falta de precisión denota la inexperiencia del grupo en este tipo de tareas.
“Los sospechosos pudieron acceder al lugar al realizar un boquete sobre una de las paredes de un edificio en obra que da hacia el fondo del banco y, desde allí, pudieron acceder a la sala de cajas y tesoro”, confirmó el subjefe distrital de Morón, Sergio Ríos.
Cuando la policía los sorprendió, cerca de las 23.15 del sábado, ya habían cortado un rectángulo de 40 por 50 centímetros de la primera capa de acero de la caja fuerte, que mide aproximadamente 1 metro por 1,80. También habían eliminado parte de la primera capa de concreto. Sólo les restaba traspasar una capa más de concreto y otra de acero. Los investigadores creen que llevaban dos o tres horas trabajando intensamente dentro del banco y que la alarma recién sonó al quitar parte de la caja fuerte.
Para tan ardua tarea, los intrusos estaban bien pertrechados. La policía les secuestró dos amoladoras, un taladro neumático, una masa de 20 kilos, un martillo grande, un cortafierros, un estetoscopio, cuatro mascarillas, trece discos para corte, un pico, una pala, una cadena de tres metros, un alargue eléctrico, cuatro protectores auriculares y una mecha de tres centímetros de diámetro.
La policía llegó alertada al recibir un llamado al 911 de la empresa de seguridad del banco, a partir de dispararse la alarma. Un móvil de la comisaría 7ª, que estaba recorriendo esa zona comercial de Castelar, se dirigió hasta la sucursal, y aunque los policías no encontraron nada fuera de lo común en el exterior, vieron que la puerta del edificio de al lado estaba violentada y atada con alambre desde adentro.
Con ese panorama, pidieron refuerzos e ingresaron al edificio
deshabitado por los techos de las casas vecinas. Desde allí detectaron que en la pared que limita con el banco había dos boquetes. Cuando se asomaron por el que daba a la zona de cajas, escucharon ruidos que llegaban desde una oficina y pudieron ver el movimiento de los cuatro hombres trabajando. Fueron hacia el lugar y sorprendieron al cuarteto inmerso en la tarea de abrir una de las cajas fuertes de la oficina de la tesorería. Ninguno de ellos se resistió y fueron detenidos.
Se trata de Antonio y Ramón Lazarte, hermanos de 41 y 43 años, respectivamente, oriundos del partido de Merlo; Cristian Néstor Elisabul, de 22; y Justo Ismael Farías, de 48, ambos de Marcos Paz. Ahora están siendo investigados por la Unidad Funcional de Instrucción Nº 8, de Morón, en una causa por “robo en grado de tentativa agravado por ser en poblado y en banda”. Tras declarar en la fiscalía quedaron detenidos, pese a que aún no se había determinado si tienen antecedentes penales. Los investigadores todavía no habían podido establecer si los asaltantes contaban con algún dato que les permitiera saber que el edificio por el que accedieron al banco estaba vacío y en refacciones, o si habían trabajado en esa obra, lo que les hubiese servido para obtener la información que necesitaban para el golpe.

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La sede de Banco Piano, en Castelar; y al lado, el galpón por donde entraron los boqueteros.
 
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