SOCIEDAD › HACE OCHO AÑOS LA SEPARARON DE SU HERMANA

Buscando a Carolina

Fue maltratada y abandonada por su madre, estuvo al borde de la muerte, la internaron en un instituto de menores, del que logró escapar. Su libertad llegó recién con la mayoría de edad. Desde entonces busca a su hermana, diez años menor que ella.

 Por Sandra Russo

Busca a su hermana Carolina. Apenas menciona su nombre se extiende: “Se llama Carolina Elizabeth Juárez”. Es que los 21 años vividos hasta ahora por Fernanda Muñoz han convertido el recuerdo de esa hermanita menor que está buscando en el motor de la lancha inundible que es ella misma. No pudieron con Fernanda, y aquí está, en este bar de Belgrano, bien predispuesta a contar la historia de su vida, que para ella es casi un expediente judicial. Esta chica está entera y se le nota en la forma de hablar, en su sonrisa y en su presente, con el secundario completo después de un enorme sacrificio y tres años en una escuela nocturna, un trabajo estable en el Citibank y la expectativa de empezar a cursar en marzo Ciencias Económicas en la UBA.

Pero todo este presente se lo inventó Fernanda para Fernanda. Porque desde su nacimiento, obstáculo tras obstáculo, los sucesos se fueron precipitando de una manera tal que alguien que no fuera esta chica y no tuviera esa entereza natural, habría desbarrancado en alguna esquina; nueve de diez se hubieran quebrado.

Nació en Morón, de madre soltera. Una madre terrible. Una mujer que colocó a esa primera hija en el centro de su desequilibrio. Vivían en Flores cuando Fernanda era muy chiquita y su madre trabajaba en una panadería. La niña se crió con sus bisabuelos y su abuela, en cierto clima enrarecido por esa madre que supuestamente vivía en esa casa pero no estaba nunca. Cuando Fernanda tenía 6 años, su madre se casó y partió con su flamante marido y su hija hacia José C. Paz. No funcionó. La pareja se llevaba muy mal y decidieron separarse. Su madre la abandonó. La dejó al cuidado de una familia de vecinos. Vivió con ellos desde los 7 hasta los 9 años. ¿Por qué su madre no prefirió dejarla con algún familiar? “Qué sé yo, estaba loca”, dice Fernanda.

Dos años más tarde la madre reapareció en la vida de Fernanda, y embarazada. Volvió a buscarla y se la llevó con ella y con su panza. “Había ido no a buscar a su hija, sino a la niñera de la hija que estaba por tener”, sigue Fernanda. Y así fue, y nació Carolina (Elizabeth Juárez), fruto del romance de su madre con un portero de Belgrano que estaba casado, que le dio el apellido pero que no se hizo cargo de la beba. Eso le tocaría a Fernanda.

Fueron a vivir a El Palomar, a una casa familiar, y allí, “el 7 de julio de 1995”, acota Fernanda, nació su hermana, “en el Hospital Posadas. A los pocos meses la empecé a cuidar yo. Mi mamá no estaba. Se iba, se iba hasta por una semana, y yo tenía 9 años pero cuidaba a mi hermana. Hacía lo mejor que podía, pero mi mamá me odiaba. Me pegaba mucho, intentó ahogarme. Me decía que Carolina era su única hija, que yo hacía todo mal, y me castigaba”.

El calvario de Fernanda no era compartido con nadie. Hasta que no pudo más. A los 11 años hizo un intento de suicidio. Se tomó todas los psicofármacos de su madre. Fue internada y su cuadro se complicó con una epilepsia. Estuvo por morirse, que en esa época era lo que quería, pero por suerte no lo logró. Cuando volvió a su casa, no pudo soportarlo. Se escapó a lo de una tía, que no sabía por qué su sobrina no podía parar de vomitar. Enterada del intento de homicidio del que había sido víctima, la tía la acompañó a hacer la denuncia en un juzgado de menores. Declararon sus tías, confirmaron el maltrato, pero a la madre le dieron de todos modos un permiso de visita. Fernanda vivía con una tía hasta que su madre, al poco tiempo, en una visita la amenazó de muerte: o se iba con ella a cuidar nuevamente a su hermana o las mataba a las dos. Fernanda, de 12 años, no se atrevió a contarle a nadie esa amenaza, tal era el terror que le generaba que su madre asesinara a su hermana. Accedió a volver legalmente bajo la custodia de su madre y a cuidar a Carolina.

Pero el desequilibrio continuaba. Unos meses después, su madre la abandonó con la familia de una compañera de Fernanda, que cursaba séptimo grado. “Estuve con ellos cuatro meses. Una vez le pedí a mi mamá que trajera a Carolina, porque yo la extrañaba mucho, y la llevó. Esa fue la última vez que vi a mi hermana”, dice ella, cuya vida, en esa instancia, estaba por pegar otra vuelta siniestra: la familia se hartó de ella, le dijeron que la llevaban al médico y la entregaron en un juzgado de menores. La Justicia “decidió mandarme a un reformatorio. Primero fui a la Casa de Admisión, y después me mandaron seis meses al Stella Maris”, relata. La Justicia también la mantuvo todo ese tiempo incomunicada. Fernanda siempre tuvo familia a la que recurrir, pero no la dejaban contarles a sus tías dónde estaba. Las tías iban al juzgado a preguntar por ella, y allí les era negada cualquier información. ¿Esto cómo se llama? Esto es delito.

Finalmente, después de meses de insistir, las tías dieron con ella. Y de la casa de las tías se escapó, porque otra vez era niñera, esta vez de un sobrino. Se fue con una amiga. Pero la policía la buscaba. Como si esta chica, que tuvo una vida de pesadilla y que solamente recibió rencor y odio desviados hacia ella desde un lugar oscuro del corazón de su madre, hubiese sido delincuente. Ella, la delincuente. Consiguió un trabajo cama adentro, cuidando al hijo de una amiga. “Eso me salvó la vida. Trabajaba, tenía un sueldo, por meses no me animé a salir a la calle por miedo a que la policía me detuviera, porque estuvieron buscándome estos últimos tres años.”

Cuando cumplió 21, en febrero, decidió que, ya libre por su mayoría de edad de la temida reaparición de la madre, lo que más deseaba en el mundo era reencontrarse con esa beba a la que ella había criado, Carolina (Elizabeth Juárez), su hermana. Es su familia. Es el lazo más fuerte que tuvo con alguien esta chica morena y preciosa que mientras trabajaba decidió hacer su secundario, que aspira a un título universitario y que está orgullosa de tener su trabajo en el Citi, donde informa a clientes sobre préstamos personales. Tiene una vida que es puro producto de su templanza y un deseo intenso de compartir esa vida buena con aquella niña que quedó sin su amparo, en las garras de ese monstruo materno de quien no supo nada más.

Fernanda está asesorada por el Consejo de los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes, que dirige María Elena Naddeo, y cuyos abogados se presentarán para desarchivar el expediente de Fernanda y ver si en él no hay algún dato que lleve hasta la hermana. Si alguien sabe algo de Carolina Elizabeth Juárez, puede comunicarse con la línea gratuita 102, o de 9 a 19 puede llamar al 4331-3232 o 3297.

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Fernanda Muñoz tiene 21 años y una obsesión: volver a ver a su hermanita menor.
Imagen: Gustavo Mujica
 
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