SOCIEDAD › EL EX PRESIDENTE DEL CARMEL, DURO CON LOS BELSUNCE

“Me indignó la actitud de ellos”

Alberto White contó que dos días después de la muerte de María Marta le expresó sus dudas a Bártoli y que el cuñado de la víctima le respondió: “Quedate tranquilo que fue un accidente”.

 Por Horacio Cecchi

Dos testimonios, ayer, tuvieron casi la contundencia que alcanzaron las imágenes el día anterior, cuando el video de la autopsia reveló el curioso procedimiento de la selección natural en la clausura de orificios. Los dos testimonios correspondieron a Alberto “Tito” White (presidente del Carmel cuando María Marta fue asesinada) y Susan Murray, presidenta de Missing Children y amiga de MM. Ambos fueron contundentes por razones diferentes. White describió cuando Sergio Binello le pidió que coimeara a la policía, recordó cuando el mismo SB le avisó que no se preocupara porque “Horacito” García Belsunce ya había hablado con Casafús, y sostuvo que “me indigna que si ahora fue Pachelo, por qué no lo fue desde el principio y por qué no colaboraron en nada con la Justicia”. Murray, por su lado, recordó todas las sospechas que fueron apartándola de la familia, describió el interés de HGB por continuar las tareas de MM en Missing Children, y la misteriosa desaparición de los estatutos de la misma fundación tras la muerte de MM.

La contundencia de ambos testimonios es desde el lugar en que fueron hechos. Uno, como parte de la misma comunidad a la que pertenece el acusado y los GB, intachable desde ese lugar como “uno de los nuestros”, y con el aval de que a la fecha del séxtuple golpeteo de MM contra la canilla Tito White era nada menos que el presidente de esa comunidad cerrada sobre sí misma por seguridad contra otros. A eso habrá que agregar que el propio White había sido citado como testigo de la fiscalía y se había negado al punto de que fue citado por segunda vez con amenaza de uso de la fuerza pública. Era evidente que no quería aportar al fiscal.

Lo que aportó ayer frente al tribunal fue la siguiente sucesión de hechos: “¿Quién llamó a la policía?”, dijo que le preguntó SB en aquel momento. “Qué sé yo, el de la ambulancia”, dijo que contestó White. “El de la ambulancia no puede ser. Puede ser el funebrero”, dijo SB. “La policía acá no tiene que entrar. Si es necesario coimearla, coimeala”, aseguró que le dijo SB. “Me estaba pidiendo un disparate, me sentía presionado”, recordó ahora White. Después lo volvió a llamar SB para decirle que “no te hagas problema, Horacito ya habló con Casafús”.

La declaración tiene su importancia porque no sólo habla de la intención de evitar el contacto policial sino que, según White, no fue como dijo Casafús (que el pedido de parar la policía tuvo lugar al día siguiente), sino que ocurrió ese mismo día y si fue así, fue cumplido porque la policía no llegó.

También recordó que en el velorio, al día siguiente, SB le dijo que no viera fantasmas. Que su ex mujer, Enriqueta White, le comentó que la noche anterior John quería que se averiguara algo, y que HGB le decía que “para qué más dolor”, y que Bártoli decía que “están enquilombando esto y hay que mantenerlo en reserva”. También dijo que durante la mañana vio al fiscal Romero Victorica preguntando mucho y que las versiones que corrían eran muchas: que había muerto en la bañera, que se había desnucado, que había masa encefálica. También sostuvo que “en esa casa había un clima que no se podía hablar de otra cosa que no sea un accidente”. Y dijo que dos días después fue a la casa de Guillermo Bártoli: “Le pregunté derecho viejo por mis dudas, y me dijo ‘quedate tranquilo que fue un accidente... de lo único que me arrepiento es de haber hecho el certificado de defunción’. Me di cuenta claramente de que había hecho algo que no se hace”.

White también mencionó la reunión en la oficina del abogado Scelzi, en la que se planteó la idea de culpabilidad de Pachelo. Igual que la teoría de la gravedad, el sentido común de White cae de maduro: si Pachelo, antes del crimen, era una fija para acusarlo, por qué en el momento del crimen nadie pensó en culparlo (el estado de shock, se dirá), y recién cuando saltó la autopsia se puso en marcha. “Me indignó que se hayan aferrado con uñas y dientes a la idea del accidente”.

Después, llegó el turno de Susan Murray. A diferencia de White, la testigo no forma parte del círculo propio, pero no existe motivo válido para que se suponga falseado su testimonio. Al iniciar su declaración dijo que había recibido una carta documento de Pichi Taylor intimándola a que no la mencionara. También recordó que Carrascosa le había enviado otra al inicio del caso y que había sido querellada en cuatro ocasiones por el caso. El testimonio de Murray puso el acento en la extrañeza. Más allá de que le extrañaron los rostros poco compungidos y hasta risueños de algunos, detalle que es discutible. Lo que no es discutible es que cuando llegó a la mañana siguiente, durante el velorio, se recostó junto a MM y vio “que tenía moretones en el brazo derecho y un moretón sobre la ceja izquierda”.

Resultó sorprendente su relato sobre su charla con la masajista, que ya había sido publicado en su momento, pero que visto en perspectiva tiene su valor agregado. Beatriz Michelini era masajista de MM y de Susan Murray. La testigo llamó unos días después a Michelini por curiosidad. “¿Cómo estás?”, le preguntó. “Dolorida, pero no impresionada”, le respondió la masajista y agregó: “Me la pasé tocando el timbre y como no me atendía nadie, me fui al Club House a buscar a María Marta. En el camino me encontré a Carrascosa y juntos volvimos a la casa. El subió y se encontró con MM caída en la bañadera”. La versión, contrastada con la de Carrascosa no cierra en absoluto, pero sí coincide con los testimonios que ubican al viudo célebre en el Club House.

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El entonces presidente del country de los García Belsunce derrochó sospechas contra Carrascosa.
Imagen: Télam
 
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