ECONOMIA › CORRIGIO EL INDEC LA CANASTA DE ALIMENTOS. BAJO 0,2 POR CIENTO

Todo lo que sube, puede bajar

La semana pasada se había informado una suba del 3,6 por ciento en el precio de los alimentos básicos de subsistencia. Ayer modificó el cálculo e informó una baja del 0,2. Si la primera versión generó controversias por su inconsistencia, al nuevo dato no le fue mucho mejor. El conflicto envuelve pujas personales y políticas.

 Por Raúl Dellatorre

El Indec volvió a publicar ayer la información de la evolución de precios al consumidor en marzo, seis días después de la primera y polémica versión, con una sola modificación: la canasta básica alimentaria, en vez de aumentar 3,6 por ciento como se dijo entonces, bajó 0,2 por ciento con respecto a febrero. Si la primera cifra despertó cuestionamientos por su inconsistencia, la inversión del signo (de aumento a baja) no despierta menos sospechas, aunque la brecha con respecto al aumento general de alimentos y bebidas se haya angostado. La desconfianza de los trabajadores del Indec hacia las autoridades del organismo, de la conducción económica hacia los técnicos, y de las propias autoridades del Palacio de Hacienda entre sí, enturbia la credibilidad de los índices. Los números del Indec quedaron atrapados en medio, no de uno, sino de varios tironeos políticos.

De acuerdo con el nuevo cálculo de la canasta básica de alimentos, su valor para el mes de marzo quedó fijado en 427,81 pesos. La canasta alimentaria de una familia tipo está compuesta por una lista de artículos que cubren los requerimientos kilocalóricos y proteicos considerados imprescindibles, típicamente demandados de acuerdo con la Encuesta de Ingresos y Gastos de los Hogares. Entre los 27 artículos que la componen, se destacan por su alta ponderación la leche (8 litros mensuales por adulto, 24,5 litros por familia), carnes (6,250 kilogramos por adulto, 19,300 kg por familia por mes), frutas (4 y 12 kg, respectivamente), hortalizas (3,900 y 12,100 kg mensuales), papa (7 y 21,800 kg), pan (6 y 18,700 kg), y bebidas gaseosas sin edulcorar (3,45 y 10,660 litros mensuales) y edulcoradas (4 y 12,5 litros). Sólo entre esos ocho rubros, el costo mensual para una familia tipo rondaría los 357 pesos, considerando los consumos y los precios que el propio relevamiento da para cada rubro.

La primera duda aparece cuando se comparan los precios del relevamiento con los que a diario encuentran los consumidores en las góndolas o mostradores. En ese listado, el precio asignado al asado en marzo es de 8,28 pesos por kilogramo (3,9 por ciento menos que en febrero) y a la carne picada, 7,87 por kg. El litro de leche entera en sachet figura a 1,54 pesos (1,3 por ciento menos que en febrero), el pote de 200 gramos de yogur cremoso a 1,17 pesos y la papa a 1,04 pesos (2,8 por ciento menos que el mes anterior). Tan sólo en la Capital Federal, estos valores difícilmente se encuentren en el comercio, pero en muchas provincias directamente resultarán irrisorios.

Pero hay otro problema de consistencia en los datos. El mismo informe del Indec refiere que el rubro “Alimentos para consumir en el hogar” tuvo un aumento en marzo del 0,8 por ciento, y “Bebidas e infusiones para consumir en el hogar” subió 0,9 por ciento. Incluso suponiendo que las ponderaciones relativas de sus componentes pueden ser diferentes a la de la canasta básica alimentaria, es difícil entender por qué aquellos indicadores dan 0,8/0,9 por ciento de aumento y la canasta arroja una baja de 0,2 por ciento. Más aun, si se considera que entre los 9 renglones que componen el rubro “alimentos” y los 3 que conforman “bebidas e infusiones”, sólo dos, frutas (-6,1 por ciento) y verduras (-1,9), exhibieron variaciones de precios a la baja.

Si el dato de la semana pasada del aumento del 3,6 por ciento en la canasta de alimentos despertó una ola de dudas, la corrección difundida ayer no logró despejarlas. La directora de Indices de Precios de Consumo del Indec, Beatriz Paglieri, allegada a Guillermo Moreno, se hizo cargo públicamente del tropiezo, al señalar en un comunicado que la variación informada una semana atrás se originaba en “un error de cálculo en el procesamiento de la canasta básica alimentaria”. Tampoco resultó suficiente que el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, aludiera a una información “precipitada y errónea”, negando enfrentamiento alguno entre Gobierno y funcionarios técnicos.

Las sospechas y acusaciones cruzadas persisten. Desde fuentes gremiales se disparaba ayer sobre Paglieri, a quien se la acusa de haber querido adelantarse con la información a las movilizaciones y paro que ATE-Indec había programado para este lunes y martes. Pero, como además centralizó el cálculo final en base a la carga de datos que cada sección le pasa, no dejó margen para la revisión, como se hizo históricamente en el organismo. Otros involucran en el conflicto a los enfrentamientos internos que quedaron latentes tras el desplazamiento de Graciela Bevacqua (antecesora de Paglieri) y las diferencias de criterio entre Miceli y Moreno. La controversia, desde este punto de vista, es política y no técnica. Mientras subsista, los indicadores y el organismo seguirán bajo sospecha.

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El índice de la controversia. Los alimentos suben para el índice general, pero bajan para la canasta.
Imagen: Rafael Yohai
 
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