SOCIEDAD

El documento de identidad

Una colección puede armarse siguiendo el capricho, para dejar testimonio de una vida o como respuesta a las necesidades de cada momento. En el caso de Bonifacio del Carril, podría pensarse que influyeron todas esas posibilidades: exquisitas primeras ediciones de viajeros europeos azorados por los cuerpos y los paisajes que vivían en tierra americana hacia el siglo XVIII, documentos fundamentales de la historia argentina, publicaciones primorosas sobre arte e iconografía, ediciones dedicadas de grandes escritores nacionales, todo tenía lugar en sus estudios. Por eso, que la subasta explicitara su nombre detrás del inventario ofertado garantizaba un cierto interés. Tan vasto y aprovechable resultó el legado del abogado que tanto podía ser funcionario de la Academia Nacional de Historia como de la de Bellas Artes, traducir a Saint Exupéry o Camus, que la subasta de sus ejemplares se desdobló este año en dos partes. El suyo, comenta Baldasarre, es un perfil particular, porque “es uno de los primeros en investigar las trayectorias de los pintores extranjeros activos en la Argentina, que terminan operando como pintores criollos. En ese mundo, es un coleccionista distinto, pero en cierto modo profesionalizado... aunque hasta cierto punto, porque todavía en su caso flota la idea del diletante”.

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