SOCIEDAD › ENTREVISTA AL FALSO JORGE ALTAMIRA

La revolución en suspenso

 Por Soledad Vallejos

Uno de los hits del tuiteo local lleva el nombre de un político real, pero no es él sino un fake, un personaje de ficción. En TW eso puede tener más potencia que la realidad; tanto que @JorgeAltamira (el que no es) tiene casi el doble de seguidores que @AltamiraJorge (que sí es el dirigente trotskista). “Jorgi” –el único nombre que da en su perfil quien por toda biografía escribió “si piensa que soy Jorge Altamira de verdad vuelva por donde vino, gil”– también lleva una vida social derivada de TW.

–¿Participa de algún grupo generado en TW?

–Por supuesto, de acuerdo con el manual de “buenas prácticas trotskistas”, me he infiltrado en distintos eventos tuiteros: Rispé, Twittbaires, etc. Muy lindas chicas, pero en ninguno pude aparatear mucho porque el alcohol me dio vuelta al toque. Al menos lo intenté. Ese es el lema de un revolucionario de corazón: podrán regar con whisky todas las flores, pero nunca detendrán la primavera.

–¿Tuvo contacto con el Altamira de la vida real?

–El encuentro entre Jorge Altamira y Altamira Jorge es más difícil que la conferencia de Yalta o la unidad del campo popular. Sabremos que la revolución se acerca el día en que la izquierda pueda burlarse de los lugares comunes de su propio discurso. Es decir, jamás. Hasta el momento, Altamira no aceptó el whisky que le vengo ofreciendo. El hecho de que Altamira, desde su cuenta, me tenga bloqueado, no muestra demasiada intención de su parte de unir fuerzas para hacer la revolución. Una pena. Si al menos me hubieran propuesto compartir amor y política con algún/a camarada...

–TW relaciona gente.

–Sí, Internet ha sido un gran avance para los revolucionarios: es posible tener más followers que militantes o votantes. Si #obrero llega a ser un trending topic, ¿eso significa que la toma del poder está cerca? No sé, nunca entendí bien lo de las condiciones objetivas: por las dudas suspendo la revolución y listo. Pero no me caben dudas de que podemos hacer tambalear al capitalismo con sus propias armas, e Internet es una de ellas. Apenas pinte el bardo, lo tuiteo y vamos todos a romper vidrieras, ¿dale? Eso sí, no olvidemos que el enemigo trabaja y en cualquier momento nos deja sin conexión a la web: ahí sí cagamos fuego, si me disculpa la expresión.

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