SOCIEDAD › UNA HISTORIA DE PRESIONES Y CONVICCIONES

Entre Guatemala y Washington

 Por Emilio Ruchansky

Otto Pérez Molina no deja de subir la apuesta. El presidente de Guatemala está convencido de que regular la producción, traslado y comercialización de drogas es la salida a los altísimos niveles de violencia que produce la prohibición. Primero envió a su canciller Harold Caballeros a debatir el tema ante la secretaria de Estado Hillary Clinton, el 21 de febrero pasado. La semana pasada, en Honduras, mientras el vicepresidente norteamericano Joe Biden firmaba acuerdos para una puesta común en la lucha contra el crimen organizado dedicado al tráfico de drogas en Centroamérica, Pérez Molina insistió con la regulación de las drogas. “Seremos recordados por las decisiones y posiciones que asumamos como jefes de Estado”, les dijo a los presidentes de Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá.

En la primera escala de su viaje, en México, Biden sostuvo que los tres principales candidatos para las elecciones de ese país, el próximo primero de julio, concuerdan con la visión mantener la “cooperación” con su gobierno en temas de seguridad. El mandatario Felipe Calderón le recordó que las armerías estadounidenses siguen traficando armas a los organizaciones criminales mexicanas. También le subrayó la importancia de la cooperación para impedir el lavado de dinero.

“Es un debate totalmente legítimo”, dijo Biden, al referirse a las propuestas de legalizar las drogas. Luego aseguró que es impracticable e indeseable que un gobierno regule la producción y venta de estupefacientes. Antes de que Biden arribara a México, Dan Restrepo, el asesor del gobierno norteamericano para temas latinoamericanos, clausuró cualquier intento de debate. “Los líderes latinoamericanos no deben esperar un cambio en la política. El gobierno de Obama ha sido muy claro en nuestra oposición a la despenalización o la legalización de las drogas ilícitas”, señaló Restrepo.

¿Y quiénes esperan ese debate en Centroamérica? En Costa Rica, la presidenta Laura Chinchilla, quien aclaró que no tiene una posición tomada. Sin embargo, consideró que la región tiene derecho “a discutir con rigurosidad” y “buscar respuestas más efectivas” que las actuales. “Si vamos a hacer lo de siempre, casados con una sola estrategia, lo único que puede lograr es conducirnos a un abismo similar al que en otro momento han caído otras naciones americanas”, agregó la mandataria.

Mauricio Funes también. Aunque el presidente de El Salvador no está de acuerdo con descriminalizar ni legalizar advirtió que la propuesta debe ser discutida y “analizada técnicamente, despojada de consideraciones políticas e ideológicas”. Días antes de la reunión con Biden, Funes mantuvo un reunión de Otto Pérez Molina, en la que el guatemalteco consiguió moderar la postura prohibicionista de Funes, cuando mantiene reuniones con funcionarios norteamericanos.

El 13 de febrero pasado, ambos coincidieron en que Centroamérica es el “puente” y la “bodega” de quienes trafican cocaína. Una plaza disputada sangrientamente por las organizaciones criminales. “La despenalización puede ser un duro golpe a los bolsillos de los grupos criminales”, reconoció Funes. Pocos días después, durante un almuerzo de presidentes de esa región con Biden, Chinchilla y Funes plantearon la necesidad de discutir el tema, como viene insistiendo Pérez Molina. Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, tenía una posición similar antes del almuerzo. Después, aseguró que la región “no está preparada” para despenalizar.

Pese a la “contención” que intentó Biden, el presidente de Guatemala logró instalar el debate en la próxima Cumbre de las Américas, en Cartagena de Indias, a mediados de abril. Tras la partida del vicepresidente norteamericano, Pérez Molina, aseguró que no pide este debate para conseguir más fondos de ese país para combatir el crimen organizado. “Hoy la droga es cara precisamente porque es prohibida, pero será diferente al dejar de ser prohibida, al tener todas las regulaciones que debería tener”, insistió el mandatario.

El trasfondo de la discusión se vuelve inquietante si se toma en cuenta que Douglas Fraser, jefe del Comando Sur de Estados Unidos, viene deslizando la necesidad de militar “temporalmente” la lucha contra el crimen organizado en Centroamérica. “Es la única solución disponible”, aseguró.

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