UNIVERSIDAD › OPINION

Sobre baños y revoluciones

 Por Lucas Rubinich y
Marcelo Langieri *

En una acción con centro en el hall y en el baño del segundo piso del edificio de Marcelo T. de Alvear de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA), un grupo de artistas ligados a la Carrera de Sociología, bajo la dirección de Syd Krochmanly (sociólogo y artista visual) y Nacho Marchiano (líder del grupo Ahora y autor del tema “Baños”), intervinieron el viernes pasado todos los baños de la facultad y realizaron diferentes acciones en torno a esa intervención, a la que llamaron “Baño Revolution”. El eje de la propuesta consistió en problematizar una forma de clasificación, que es la división de los baños entre “baños de hombres” y “baños de mujeres”. De esta acción se desprende como provocador aspecto político la consigna “por baños universales”.

Los artistas taparon los carteles que dicen en un caso “damas” y en otro “caballeros” (formas en principio arcaicas de nombrar) y los sustituyeron por signos e imágenes humanas que sugieren múltiples identidades sexuales. Las doxas se sostienen como tales en tanto son algo por lo que nadie se pregunta por qué eso es así y no de otra manera. Por qué, como en este caso, habiendo otras identidades sexuales, se mantiene sin modificar esta forma de clasificación que es también una forma de organización de prácticas sociales; si se quiere, una institución social central en la vida cotidiana, que aparece ante la ausencia de estas preguntas, cristalizada.

Estos gestos artísticos que en los hechos se proponen como preguntas desnaturalizadoras de una institución social se convierten en hechos saludablemente desacomodadores para un espacio como la Facultad de Ciencias Sociales. Es, claro, la problematización de una institución que no condensa cuestiones relativas al poder económico o al poder político. Quizás alguien pueda suponer –aun en un espacio como esta facultad– que es una cuestión carente de relevancia.

La dirección de la Carrera de Sociología apoyó decididamente esta acción porque quienes estamos en estas funciones circunstanciales somos, sobre todo, profesores e investigadores con vocación intelectual y política y, como el conjunto de esta comunidad académica, revalorizamos diferentes formas de problematización del mundo social, obviamente las que corresponden a la producción de conocimiento científico, las que resultan de la acción política y, sin lugar a dudas, también las que genera siempre el mundo de las artes.

En una sociedad que ha convencionalizado formas dramáticas de desigualdad social aun con una historia de casi cien años de movilidad social ascendente, en la que grupos e instituciones con capacidades de imposición de visiones del mundo sostienen con tranquila obscenidad que la violencia generada por esta reciente historia de exclusión se soluciona bajando la edad de imputabilidad o instaurando la pena de muerte, es políticamente relevante formularse preguntas desnaturalizadoras sobre cualquiera, absolutamente sobre cualquiera, de las instituciones sociales existentes.

Apoyamos esta experiencia sin ambigüedades porque creemos, además, que es bueno que existan manifestaciones artísticas vivas en los pasillos y las aulas de la facultad; porque esta actividad en particular es, en el sentido más fuerte, arte político, y, entonces, se convierte también en un elemento imprescindible en la reflexión sobre las relaciones sociales en las que todos estamos implicados, y por fin, porque sostenemos firmemente la necesidad de promover estos puntuales hechos artísticos, en la convicción de que la asociación entre diferentes formas de arte y las ciencias sociales resulta productiva para el progreso del conocimiento sobre las sociedades humanas.

* Respectivamente, director y secretario académico de la Carrera de Sociología (UBA).

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