Mi vida en 30 capítulos. Cap. 22 Por Rodolfo Aicardi
“La segunda dosis me mató”.“Pasé una noche muy jodida”.“Quería compartírtelo”.
El hombre almuerza junto a uno de los ventanales que da a calle Sarmiento. Bife con fritas. Los pliegues que se forman en su rostro al masticar indican que le faltan varios dientes.
Desde Barcelona
En la zona bastante tórrida e islas del Atlántico Sud.
En estos días, ochenta años atrás, se producía una de las más audaces irrupciones bélicas de la historia de la humanidad.
Hay un buen cuento de Borges que lleva por título “El inmortal”. Se trata, precisamente, de alguien que no puede morir, y ésta es su tragedia. “Con Homero nos despedimos a las puertas de Tanger.
Defendemos tanto la necesidad de hablar, de decir lo que pensamos, que hemos olvidado el valor del silencio. No hablo del silencio cómplice ante las injusticias. Ni del silencio del oprimido.
La primera vez que lo escuché hablar fue hacia fines de los ’90 (creo que era el año 1999) en un aula repleta de estudiantes, mezcla de clase abierta y asamblea.
El 22 de octubre, el Día Nacional por el Derecho a la Identidad, las redes sociales se llenaron de manos con nombres, me llamo tal, sé quien soy y por eso puedo decirlo.
La ropa no era mayor problema, una Singer, un par de agujas, retazos de tela y algunos ovillos de lana nunca faltaban en casa de parientes o vecinas de creativas manos.
Una mujer, o parte de ella.
Por un instante, póngase en el lugar de Tomas Alva Edison en el momento en el que pudo -por primera vez- encender una lamparita o cuando Franklin recibió la primera carga eléctrica.
I
Cómo escribir, mientras la tristeza me recorre el alma, sobre alguien que hizo de la escritura un arte sublime.
Vos le preguntabas algo y el tipo siempre te contestaba igual: “¡Es fácil, boludo!” La diferencia con otra gente es que después, al segundo, Juan Forn te explicaba cómo.
“Escribir un mail”, dice la consigna del ejercicio de un taller de escritura. “Escribir un mail que no enviarían”.
Un poema de Pizarnik cada tanto, en situaciones de incertidumbre y domingo al atardecer, me vuelve.