DEPORTES › HISTORIAS DE ENCUENTROS CON UN RESULTADO PUESTO DE ANTEMANO

Arreglos que por ahora no tienen arreglo

La mafia de las apuestas puso un pie en la Argentina en 2010, en un encuentro de una selección Sub-20. En el mundo, la pandemia avanza, aunque la Justicia investiga y castiga. Acá, hasta el momento, muy pocos se atreven a hablar del tema.

 Por Gustavo Veiga

Los partidos arreglados en la Argentina no sólo se arreglan, también generan amnesia. Se pueden amañar a control remoto desde un país más remoto aún, Singapur, y que no queden rastros en la memoria colectiva. En Italia, donde la mafia de las apuestas sepultó la credibilidad en el juego, al menos hablan los testigos o arrepentidos. Acá nadie sabe cómo un árbitro húngaro, Lengyel Kolos –exonerado por la FIFA–, posibilitó que hubiera dos ganadores en un partido: el seleccionado Sub-20, que se impuso al de Bolivia por 1-0 con un penal que cobró a los 12 minutos de descuento en un amistoso, y la mafia de las apuestas, que hizo un pingüe negocio. Después de aquella tramposa victoria del 17 de diciembre de 2010, la Liga Cordobesa enviaba un informe crítico a la AFA sobre lo acontecido en la cancha de Belgrano del que ya no queda copia. Tampoco se ponen de acuerdo el subdirector de Selecciones Nacionales, Humberto Grondona, y la Federación Ecuatoriana a la que aquél señala como responsable de haber convocado al referí corrupto. Ni siquiera los árbitros nacionales que habían sido designados para dirigir en Córdoba y que fueron desplazados por Kolos y un colega búlgaro a última hora, recuerdan los detalles de aquel curioso reemplazo. “Nos ofrecieron el evento cerradito, con todo abrochado, hasta con la televisión”, le dijo al diario La Voz del Interior una fuente de la organización. Se refería a la AFA, que nunca sacó un comunicado oficial sobre el escándalo mundial que sacude al fútbol.

La serie de notas del diario cordobés sobre el episodio se potenció en febrero pasado con las denuncias de Interpol sobre los resultados amañados. Había dicho entonces Chris Eaton, director de Integridad Deportiva de aquel organismo: “El arreglo de partidos por parte de bandas delictivas es un problema endémico a nivel mundial, algo que sucede a diario en forma alevosa”. Declan Hill, un periodista canadiense, fue el precursor en investigar el tema para su libro The Fix (El arreglo), traducido a varios idiomas y que describe de qué manera el crimen organizado gana –según la FIFA– unos 15 mil millones de dólares al año pagando sobornos para cerrar partidos a su conveniencia.

La conducta delictiva de Kolos en Córdoba, luego detenido en Hungría, puso en la mira a la Argentina, Bolivia, Ecuador y otros países sudamericanos, donde en 2010 se dio con llamativa frecuencia que dirigieran jueces de Europa del Este y de Africa. Una fuente de la AFA le señaló a Página/12 “lo raro de que se designe a un árbitro húngaro por los costos que eso implica y, sobre todo, tratándose de un partido amistoso entre selecciones juveniles”. Guillermo Tofoni, agente de partidos FIFA con más de 200 amistosos organizados y 35 de ellos para la Selección Nacional, comentó: “A mí me hubiera llamado la atención que eligieran a un húngaro para dirigir acá”. Es lo obvio: en Sudamérica suelen ser designados los jueces del continente. Pero el empresario tampoco zafó de un caso parecido al de Kolos en uno de los encuentros que organizó.

Fue en Abuja, Nigeria, cuando el seleccionado local goleó 4-1 al equipo que dirigía Sergio Batista, el 1º de junio de 2011. El árbitro de Níger, Ibrahim Chaibou, le concedió un penal inexistente a la Argentina a los siete minutos de descuento. Días después se comprobó que no había pitado gratis la falta que Mauro Boselli transformó en gol. “Ese árbitro impresentable lo contrató la Federación de Nigeria. Recuerdo que yo no viajé, fue mi hermano y el partido lo había auspiciado la cervecera Guinness, que quería instalarse comercialmente allá”. Musa Amadu, el secretario general del fútbol nigeriano, reconoció que habían solicitado los servicios de Chaibou por ser de una nación vecina.

Aquí, en cambio, nadie se hace cargo de Kolos y de sus asistentes mientras se alojaron en el hotel Interplaza de Córdoba. “No viajamos con los árbitros desde Ecuador, pero ellos estaban en el mismo hotel. Nos llamaba mucho la atención, y es algo que comentamos, que a esos señores se los veía tomando cervezas, con muchachas, en la pileta, un comportamiento extraño tenían”, le contó Néstor Landeta, el jefe de la delegación ecuatoriana, al periodista de La Voz del Interior, Federico Giammaria. El propio Landeta negó cualquier relación con el húngaro. Grondona hijo le dijo a ese medio lo contrario: “Me lo pidieron desde la Federación Ecuatoriana. Ellos estaban capacitando árbitros y viceversa. Se lo pedí a la organización y ellos a Lamolina”.

La Federación Ecuatoriana quedó salpicada porque también participó del hexagonal disputado en el estadio de Belgrano. Su selección perdió 3-1 con el Sub-20 de Argentina. Arbitros como Kolos y Chaibou habían dirigido antes en Sudámerica. El de Níger lo hizo en un amistoso entre Bolivia y Venezuela, el 17 de octubre de 2010. A su colega, Giammaria lo investigó en Córdoba y coincide con la descripción de Landeta: “Las imágenes de los árbitros húngaros, las que vimos y las que nos describieron, parecen sacadas de una película clase B. Tipos bizarros, sin el menor ánimo de conectarse con la realidad local, abstraídos de sus obligaciones y, además, tomando cerveza todo el día y paseándose con chicas por la pileta del hotel cordobés hablan de un compromiso con la tarea un poco laxo. Aquellos días en Córdoba los pasaron con un hombre de aspecto asiático, vestido con ropa deportiva, corpulento y siempre atento a los europeos. No tenemos la certeza de quién era, pero sí muchas sospechas”.

Nombres como los del singapurense Wilson Raj Perumal, el arrepentido encarcelado en Finlandia; Gaye Alassane, el maliense que el 12 de marzo de 2010 fue sorprendido en el Aeropuerto de Ezeiza con 10 mil dólares, detenido y luego puesto en libertad; Anthony Santia Raj, también de Singapur y empleado de Perumal, con aceitados contactos en el fútbol boliviano, son algunos de los protagonistas de esta mafia que manipula resultados.

“Nos ocupamos de lo que sucede en Italia, pero esta banda, con centro operativo en Singapur, controlaba una vasta red de apuestas clandestinas y manipulaba también partidos en Africa y América del Sur, más concretamente de Argentina y Bolivia”, anticipaba el fiscal italiano Roberto Di Martino, en diciembre de 2011, cuando quedó arrestado, entre otros, el delantero del Atalanta y de la selección azzurra, Cristiano Doni. Hoy los juicios continúan y en uno de ellos está involucrado el director técnico argentino Héctor Cúper. Para otro fiscal italiano, Rosario Cantelmo, el entrenador recibió 200 mil euros a cambio de dar información sobre partidos arreglados en España y en Argentina. El DT negó contactos con la mafia y dijo que la suma se la había mandado su suegra.

Medios europeos como La Gazzetta dello Sport y el ABC de España describieron el episodio en 2012: “La policía italiana interceptó a dos presuntos emisarios de la Camorra pertenecientes al clan D’Alessandro di Castellammare en una investigación relacionada con el tráfico de estupefacientes. En una de las conversaciones telefónicas aparecía Héctor Cúper. Los dos supuestos mafiosos acudieron a Santander con 200 mil euros metidos en los calzoncillos y los calcetines y amenazaron a Cúper porque uno de los partidos objeto de trato no había terminado como se había acordado”.

En enero de 2012, la FIFPro, La Federación Internacional de Futbolistas Profesionales, hizo una encuesta entre jugadores que arrojó el dato de que un diez por ciento de los consultados había confesado su participación en arreglos de partidos. En la Argentina, sólo un par se animaron a decirlo en su momento: Cristian Fabbiani y Gabriel Martinena. El primero lo hizo entrevistado por el periodista Marcelo Palacios en el programa Marca y Presión, de TyC Sports: “En la Argentina nunca recibí un incentivo de otro equipo para ir para adelante. Pero sí de gente que hace apuestas. No voy a dar detalles, pero yo jugaba en un club al que venía siempre un italiano que nos decía a mí y a mis compañeros que si ganábamos 2-0 el partido siguiente, había tanto dinero; que si ganábamos 1-0, tanto; y así. Pertenecía a un grupo de tanos que apostaba en el fútbol argentino. Era muy buena plata, pero un día, los más grandes del equipo dijeron que no querían saber más nada, porque tenían miedo de que los tanos les pidieran ir para atrás”.

FIFPro acaba de apoyar la decisión tomada por el Parlamento Europeo el jueves pasado de instar a sus Estados miembros a que incluyan el delito de arreglar partidos en su legislación penal. En la Argentina, el nivel de tolerancia con ciertos actos ilegales es bastante alto. La incentivación –penada por los reglamentos de la AFA– no está mal vista, los intentos de soborno se denuncian con sordina y las apuestas son incipientes. Por ahora, las mafias parecen operar en casos muy puntuales como el del húngaro Kolos. Pero llegaron muy lejos. Singapur no queda acá a la vuelta.

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Los jugadores argentinos sufren un gol de Nigeria. El partido motivó una investigación por el tanto argentino.
 
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