DEPORTES › LOS PERSONAJES QUE PULULAN EN EL DEPORTE

Los intermediarios, una rara fauna que se acerca al fútbol

Cada año son más los agentes registrados en AFA, que no les exige muchos requisitos. Hasta Marín está inscripto.

 Por Gustavo Veiga

Hace casi diez años, en diciembre de 1996, había apenas seis agentes autorizados a operar en el país bajo las normas de la FIFA. A fines de 2002, la cantidad ascendía a 39, un 550 por ciento más que en el primer registro. En septiembre de 2004, ya eran 63 los anotados en la AFA, y Julio Grondona se quejaba de ellos: “Hay más empresarios que taxistas. Son una lacra que voy a empezar a combatir”. En julio del año pasado llegaban a 77. Hoy, si el presidente se dedicó a dar pelea en un tema, no fue precisamente en éste. Ahora son 113 las personas inscriptas que pueden desempeñarse en el mercado y muchas más las que trabajan sin la habilitación correspondiente. Los dirigentes del fútbol argentino se quejan con amargura porque la rapiña avanza. Pero en lugar de colocarles más trabas a quienes los despojan de sus talentos en divisiones inferiores o categorías infantiles, por el contrario, los blanquean a cambio de mínimos requisitos. En esta actividad desprestigiada hay de todo. Y quizá paguen los justos por los pecadores, que son mayoría.

A poco de repasar la nómina actualizada, se destaca una presencia, la de Fernando Marín. El ex presidente de Blanquiceleste SA, quien delegó el control de la gerenciadora de Racing en Fernando De Tomaso, ahora es agente FIFA. Puede representar o colocar jugadores aquí y en el exterior. En rigor, ya lo hacía cuando se constituyó aquella sociedad para administrar a la Academia el 8 de agosto de 2000. En uno de los puntos del estatuto que presentó ante un escribano público decía que podía ejercer “todo tipo de representaciones de artistas y deportistas”. Claro, para entonces lo hacía atendiendo de un lado del mostrador. Ahora cumple otro rol.

Quienes como ex futbolistas no eligieron la carrera de entrenadores ni la profesión de periodistas deportivos y mucho menos la desusada actividad como dirigentes que es tan común en Europa, optaron por representar a jugadores. Allí están, en blanco, los ex arqueros Fernando Passet, Gustavo Moriconi y Héctor Buitrago, el ex campeón mundial juvenil y subcampeón de mayores, Juan Simón, su ex socio Hugo Issa, los ex volantes Darío Siviski y Marcelo Carracedo y los ex delanteros Norberto Decoud y Gustavo Crnko.

De la nómina original que el autor de esta nota tenía registrada al 11 de diciembre del ’96, siguen todos: Gustavo Mascardi, Marcos Franchi, Mariano Oliva, Roberto Rodríguez, Ricardo Schlieper y el propio Simón. Lo que demuestra también que la actividad se vuelve redituable cuando alguien, con los años, se consolida en el mercado. Aquellos empresarios son, junto a Jorge Cyterszpiller, José Cosentino, Roberto Tesone o Carlos Aloisio (el sobrino de Settimio Aloisio, el primer intermediario que cobró notoriedad), los históricos de un rubro donde la tajada se achicó porque cada vez son más los que deben repartírsela.

Un par de apellidos célebres del fútbol también incursiona en la compra y venta de jugadores o en su representación. Se trata de Alejandro Menotti, el hijo de César y gerenciador del fútbol amateur de Quilmes, y de Néstor Sívori, de profesión abogado e hijo del recordado Enrique Omar. También trabaja como agente Diego Caniggia, el hermano de Claudio.

Entre los más activos de la actualidad hay de todo. El escribano Gustavo Arribas y su socio en Haz Sport Agency, Fernando Hidalgo (el tercero en la empresa es el israelí Pinhas Zahavi), ambos sospechados de ser presuntos testaferros del presidente de Boca, Mauricio Macri, o Pablo Martín Sabbag, familiar de un ex vocal titular de River y representante de Marcelo Delgado. Hidalgo es el mismo que denunció Mascardi, su ex jefe, en marzo de 2004, porque le sacó clientes como Juan Sebastián Verón y Hernán Crespo.

Tampoco faltan en la lista de los 113, empresarios que tuvieron problemas con la Justicia. Es el caso de Sergio Miguel Greco, oriundo de Arroyo Seco, Santa Fe, quien el 5 de enero de 1995 intentó que Newell’s contratara a Carlos el “Pibe” Valderrama. Ese pase, que finalmente se frustró, resultó un golpe de efecto que quedó eclipsado por otro golpe de diferentes características. El 19 de julio de aquel año, Greco se presentó en el Banco de Santiago del Estero y logró cobrar un cheque falso de 5 millones de pesos. Por ese hecho se mantuvo prófugo de la Justicia, pero con el paso de los años volvió a estar cerca de algunos técnicos como el fallecido José Omar Pastoriza y Luis Garisto.

Entre todos los intermediarios que presentaron una póliza de responsabilidad civil para poder operar en el mercado, hay uno solo que cumple la doble condición de agente de jugadores y de partidos. Se trata de Guillermo Tofoni, un ex arquero de las divisiones inferiores de Argentinos que devino en próspero empresario y es la cabeza visible de World Eleven, una compañía con oficinas en Pilar. Después del Mundial de Alemania, se presentó junto a Grondona y al representante de Gulgong –una offshore con sede en las Islas Vírgenes Británicas– para difundir el acuerdo con la AFA que le garantiza al seleccionado argentino la disputa de 24 amistosos hasta 2011. El filón de organizar partidos no sería tan lucrativo como intermediar con futbolistas y quizá por eso Tofoni haya sido el único que se registró para hacerlo. Aunque los 18 millones de dólares que pagó la corporación rusa Renova para que nuestro equipo nacional juegue en cualquier lugar del globo, le tienen que haber dejado una jugosa comisión por acercar a semejante cliente.

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