DEPORTES › DOS PINCELADAS LE DIERON BRILLO A LO SUYO

Juegue con Román si quiere ganar

Ellos se reúnen, él juega. Ellos discuten, él los deja. Ellos lo critican, él los calla. Juan Román Riquelme genera odios y amores en proporciones prácticamente iguales. Lo más llamativo es que las características que lo diferencian del resto sirven –con sólo una mínima diferencia– tanto para los que lo denuestan como para los que lo adoran.

Unos, los primeros, lo señalan como un jugador lento. Otros, los segundos, responden rápidamente argumentando que sabe hacer la pausa dentro de un ritmo vertiginoso. Los que no lo quieren dicen que Román aparece poco en el partido; los demás resaltan que esos instantes sirven para ganarlos. Para unos está falto de fútbol, para otros le alcanza y le sobra con ciertas pinceladas.

Es indudable que Riquelme encontró en Basile el hombro en el cual respaldarse. Se sabe un predilecto del técnico y a partir de allí hace lo suyo con absoluta tranquilidad y madurez.

Ayer ante Bolivia no fue la figura del partido, pero nuevamente participó de manera activa de los momentos más importantes.

En el primer tiempo, tuvo la misma movilidad que el resto del equipo: poca. Pero igual dejó su sello con un gran pase a Messi, que no logró definir ante la salida del arquero boliviano.

Lo mejor del enganche argentino llegaría en la segunda parte. En el comienzo, Messi cayó cerca del área, el árbitro cobró y el recuerdo latente de las dos perlas ante Chile sobrevoló el Monumental. Y no falló, porque puso la pelota en el ángulo izquierdo de Arias pero el arquero visitante voló, llegó y la mandó al córner.

A los 56 tendría su revancha. Tras una falta a Agüero otra vez agarró la pelota y tomó un par de pasos de carrera. Primero midió con su mano derecha y denunció ante el árbitro que la barrera estaba muy cerca, después retrocedió, miró la pelota y esperó la orden.

El marco era ideal: todos los hinchas saltaban y el agua de los bomberos se juntaba con los rayos del sol para formar el arco iris. Su derechazo también fue ideal, esta vez al otro lado –y sin resistencia de Arias–. La pelota pegó en el ángulo derecho y recorrió todo el interior del arco. Golazo, 2-0 y asunto terminado. Después llegaría el tercero, el que deja a Riquelme como único goleador de las Eliminatorias, con cuatro tantos.

Recostado sobre la derecha, fue siguiendo la gran diagonal de Messi, recibió la pelota y definió con suficiencia: inclinando un poco el cuerpo, abriendo mucho su pie derecho y colocando la pelota allá arriba, en aquel ángulo izquierdo en el que había intentado meter el primer tiro libre.

Otra vez Riquelme fue clave. Los que lo quieren sacarán pecho. Los que no, mantendrán cierta tozudez y encontrarán agujeros para entrarle. Quizá sus pinceladas no alcancen para que cambien de bando, pero por ahora sobran para que gane Argentina.

Informe: Mariano Verrina.

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