DEPORTES › EL INCREIBLE REGRESO DE ROMAN TRAS 90 DIAS SIN FUTBOL

El mago del Coco no jugaba, pero practicaba tiros libres

Basile quedó deslumbrado con su mimado, que se robó la tarde: “Voy a ver sus goles por TV”.

 Por Ariel Greco

Su última aparición en una cancha había sido hace tres meses en Venezuela. Cabeza gacha, mirada perdida, el 0-3 ante Brasil en la final de la Copa América era un golpe durísimo de digerir. Luego llegaron los momentos de incertidumbre para saber si podía seguir en Boca, hasta que Villarreal definió que no lo iba a ceder, y el sueño del regreso ya era imposible. Sin embargo, tanta confianza le tiene Alfio Basile que igual lo citó y lo confirmó como titular. Y Juan Román Riquelme, el hombre de la tarde en el Monumental, le devolvió la mejor pared posible al técnico, casi como las que tiró con Messi durante gran parte del partido. Además, el gustazo grande se lo dio frente a Marcelo Bielsa, el entrenador que casi no lo tuvo en cuenta en su paso por la Selección.

“El sábado, el mejor de la cancha va a ser Riquelme. Se agranda cuando lo critican.” La frase la dijo Carlos Tevez durante la semana y razón no le faltó. Quedará para la discusión de café si fue el mejor de la cancha, si prevalecieron los arranques electrizantes de Messi o el conmovedor despliegue y criterio de Mascherano. Pero lo concreto es que el conductor argentino fue el jugador más determinante del partido, con los dos goles que resolvieron el compromiso.

El primer mimo se lo dio la gente, que lo ovacionó cuando presentaron al equipo y cuando a los siete minutos sacó un derechazo que se fue cerca del palo de Bravo. A esa altura ya había empezado a dejar en evidencia que no le faltaba fútbol, con un par de toques de distinción y varias paredes en velocidad con Messi, su mejor socio en el terreno. También, que a Iturra se le iba a complicar muchísimo perseguirlo durante todo el partido sin cometerle infracciones.

Hasta que a los 26 minutos encontró el resquicio para su primera aparición determinante. La falta sobre Heinze parecía lejana, ideal para el chanfle por encima de la barrera. Bravo pensó eso, Riquelme también. Entonces, con el arquero clavado y casi escondido detrás de la barrera, el diez sacó el derechazo al ángulo de Bravo, para destrabar un partido todavía complicado. Está claro que no fue un gol más. Por eso, corrió por detrás del arco, saludó a la popular, a la platea, a todos sus compañeros y se volvió a la mitad de la cancha con Messi, abrazados.

Más allá de un toque milimétrico a Cambiasso, que no terminó en gol de Maxi Rodríguez de casualidad, su segunda gran escena fue sobre el final del primer tiempo. Esta vez, el tiro libre era para un zurdo. Pero confiado, se lo pidió a Messi y, por afuera de la barrera, clavó la pelota al ángulo de Bravo, que otra vez fue testigo privilegiado. De nuevo, el grito fue especial y repitió la corrida por detrás del arco, con el saludo a la hinchada, que no paraba de ovacionarlo.

En la segunda etapa, ya jugó a otra cosa. Se paró casi de cinco, lateralizó mucho la pelota, no profundizó y, sobre todo, perdió efectividad: pateó dos tiros libres, los dos al techito del arco. ¿Alguna perla más? Correrlo cuarenta metros a Matías Fernández, uno de sus reemplazantes en el Villarreal, esperarlo y robarle la pelota como si fuera un principiante.

Todos los mensajes que tenía que dar ya los había enviado. A Basile, a Bielsa, a Pellegrini... Ya era tiempo para que hablaran otros, como un periodista chileno en el palco: “Pellegrini mandaba a los titulares de un lado, a los suplentes del otro y a los colgados a patear tiros libres. Tres meses practicando, así cualquiera...”. O el propio Basile, feliz por el partido de su mimado: “Es un mago con los pies. Ahora voy a ver otra vez sus goles por la televisión”.

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Todos celebran con Román. Estuvo noventa días sin jugar, volvió con dos golazos.
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