ECONOMIA › PRECIOS INTERNOS Y EXTERNOS DE GRANOS Y CARNES EN ALZA Y AUMENTO DE LA PRODUCCION

El rostro de la abundancia

El sector agropecuario obtuvo una ganancia en el período 2002-2010 superior al 81,3 por ciento, en comparación con la convertibilidad. Tendencia que se mantiene con los granos a precios internacionales muy altos y la ganadería recuperando sus márgenes de utilidad.

 Por Sebastián Premici

Hugo Biolcati, titular de la SRA, reclamó otro “modelo agropecuario” en la inauguración de la Rural de Palermo.
Imagen: DyN.

“Queremos otro modelo agropecuario, uno basado en el crecimiento, en un verdadero federalismo, con incentivo a la inversión y la generación de empleo para desterrar de una vez por todas la pobreza y la indigencia en la Argentina.” Con esta frase, Hugo Luis Biolcati, titular de la Sociedad Rural, dio por inaugurada la 125ª Exposición Ganadera y Agropecuaria de Palermo. Su idea de otro “modelo agropecuario” no apuntaba a crear nuevas condiciones laborales para los peones rurales, ni una desconcentración de la tenencia de la tierra o una mayor distribución de la riqueza hacia el conjunto de los pequeños productores. Fue un discurso que apuntó a cuestionar al gobierno nacional y omitió, como en otras oportunidades, algunos datos que dan cuenta del crecimiento del sector agropecuario desde hace ocho años, a pesar de los efectos de la crisis económica internacional y de lo ocurrido durante la disputa por la resolución 125 de retenciones móviles.

El argumento central de los integrantes de la llamada Mesa de Enlace, hoy casi desactivada, es que a partir de la injerencia del Estado, sobre todo en el mercado de granos y carnes, los productores perdieron rentabilidad. Según un trabajo de Nicolás Arceo, titulado “La expansión agrícola en la posconvertibilidad”, publicado en la revista Realidad Económica (enero 2011), el sector obtuvo una ganancia en el período 2002-2010 superior al 81,3 por ciento en comparación con los años de la convertibilidad.

“Hay dos elementos que explican este contexto. Por un lado, el tipo de cambio multilateral es un 50 por ciento más competitivo que durante la década de 1990. Y el segundo dato tiene que ver con los altos precios internacionales, que siguen siendo elevados a pesar de los aumentos de los costos en dólares. La rentabilidad en dólares continúa siendo muy elevada”, explicó Arceo a Página/12.

Por ejemplo, las ganancias por hectárea de la producción agrícola evaluada en dólares constantes fue, en el período 2002-2010, de 270 dólares, frente a los 208 dólares generados en la convertibilidad, es decir, un 30 por ciento más. Pero más allá de este valor en dólares, para Arceo el dato más relevante está en la capacidad adquisitiva de esos ingresos por rentabilidad. “En la década del 90 eran 581 pesos por hectárea, mientras que el año pasado fue de 1054 pesos”, agregó Arceo.

Según los datos estadísticos del Ministerio de Agricultura, en un año mejoraron los precios de todos los commodities. La tonelada de trigo pan cotizó el viernes pasado 315 dólares (precio FOB, sin retenciones). Un año atrás, estaba en 228 dólares, una variación del 28 por ciento. Y en relación a la soja, el viernes pasado cotizó en 533 dólares, un 30 por ciento más que el mismo día de 2010.

Un dato para observar la existencia de rentabilidad en el sector agropecuario tiene que ver con el valor de la tierra. En la zona núcleo, el precio de una hectárea se ubica en unos 14.000 dólares, mientras que en la época de la convertibilidad cotizaba 3100 dólares. Sobre este punto no sólo influye la mayor producción y los altos precios internacionales, sino también que hay un fuerte componente especulativo alrededor del negocio agropecuario, emparentado, en alguna medida, con el sistema financiero.

Más allá de la rentabilidad, uno de los temas que quedan por resolver tiene que ver con quién se queda, finalmente, con la porción más abundante de la renta agropecuaria. Para la Federación Agraria, el negocio se reparte entre las principales empresas exportadoras (Cargill, Nidera, Dreyfus, Bunge) y una de las causas por las cuales los pequeños productores se verían en desventaja frente a los grandes jugadores es porque no existen retenciones segmentadas, las mismas que fueron rechazadas por el voto no positivo de Julio Cobos. O, con una mirada un poco más aguda, porque no existe un instrumento (público-privado) encargado de ordenar el comercio de granos, lo que hacía la Junta Nacional de Granos (JNG).

Esta visión es compartida por el Gobierno y distintos actores cercanos a la política oficial. “Si para 2020 vamos a producir 160 millones de granos, vamos a tener que discutir quiénes se van a quedar con esa renta futura. No tiene sentido aumentar nuestra producción si les dejamos el negocio a unos pocos”, afirmó a este diario el ex diputado del oficialismo Alberto Cantero, quien presidió la Comisión de Agricultura de la Cámara baja durante el período de mayor tensión en el conflicto con un sector del campo en 2008.

En la entrevista publicada por Cash la semana pasada, el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, insistió con la idea de que las cooperativas agropecuarias adquieran mayor participación en la comercialización de granos. “Esto se logra asignándoles cupos precisos de exportación”, explicó el funcionario. Es decir que no existe, por ahora, la idea de reflotar una JNG, pero sí encontrar los mecanismos para direccionar el comercio, algo que se probó este años cuando hubo inconvenientes para la venta de trigo. Cuando Biolcati habla de la necesidad de crear un “nuevo modelo agropecuario”, ¿estará pensando en relegar a las multinacionales a favor de las 1200 cooperativas agropecuarias que existen? La respuesta aparenta no positiva.

Otro aspecto de la rentabilidad agropecuaria está vinculado al sector ganadero. En los últimos cuatro años se perdieron 10 millones de cabezas de ganado debido a una fuerte sequía en 2008, al avance de la frontera agropecuaria, sobre todo de la soja, y a ciertos problemas derivados del cierre de exportaciones, que motivaron a los productores a no invertir. “Más allá de este contexto, hoy la ganadería es rentable”, afirmó a Página/12 el subsecretario del área, Alejandro Lotti.

El nuevo escenario favorable para el sector ganadero estaría dado por dos factores. Por un lado, hoy se paga mucho más por el kilo vivo de ganado que hace dos años. El novillo se pagaba 3 pesos, ahora cotiza en casi 10 pesos, y por un ternero se paga actualmente 12 pesos el kilo vivo, cuando hace dos años estaba por debajo de los 3 pesos. “Los precios internos son tan buenos como los internacionales. Hoy hay un cupo suficiente de exportación y por más que se abra completamente el mercado, los precios internos son mejores”, indicó a este diario Daniel Rearte, del INTA. Para Rearte, los altos precios son los que van ordenando el territorio. Por ejemplo, los campos que producen entre 30 o 35 quintales de soja seguirán igual, pero aquellos que producían 15 o 20 quintales, y habían abandonado la ganadería (en el noroeste), hoy estarían retornando al negocio. Así como en La Pampa hubo una fuerte pérdida del stock ganadero, con una caída de casi 40 por ciento, en el norte del país hubo un incremento del 22 por ciento.

El otro dato que refleja un cambio de situación para la ganadería se encuentra en la menor participación de las hembras en la faena. Cuando en 2009 llegó a casi un 50 por ciento, en lo que va de este año se redujo a un 38 por ciento. Además, según indicó Lotti a este diario, “los productores están invirtiendo en forrajes, semillas para forraje y maquinaria especial para la alimentación”. Es decir que hay una mayor conservación de hembras, sobre las cuales se está invirtiendo para “fabricar” terneros y así recuperar stock y producción.

Según datos del Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial, que será presentado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner el próximo 25 de julio, para 2020 se podría incrementar la producción de carne (bovina, porcina, aviar, caprina) en un 70 por ciento. Según las previsiones oficiales, si se llevase el peso de faena a los 450 kilos –ahora está 100 kilos por debajo de ese registro–, y con una tasa de extracción del 28 por ciento, en 10 años podría alcanzarse una producción de ganado bovino de 3,8 millones de toneladas, de las cuales 2,4 millones serían para consumo interno y 1,3 millón para exportación. Así el stock ganadero sólo debería ajustarse en un 10 por ciento. “Hoy la ganadería es rentable. Lo del PEA, en materia de carnes, es correcto y la FAA participó en su armado”, reconoció a Página/12 Pedro Peretti, director de la entidad federada presidida por Eduardo Buzzi.

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