EL MUNDO › LO QUE ESTA EN JUEGO

Pulseada de poder

 Por María Laura Carpineta

Osetia del Sur tiene montañas, campos y casi ninguna riqueza natural. Suma sólo 70 mil habitantes, en su mayoría pobres y con un nivel de educación más o menos bajo. No desarrolló industria y la agricultura local ni siquiera alcanza para abastecer la provincia. Entonces, ¿por qué uno de los ejércitos más poderosos del mundo está peleando por ella? La explicación, según el sovietólogo José Belikow, es digna de una partida de TEG: “Rusia le está cobrando a Occidente la independencia de Kosovo, golpeando a uno de sus ex aliados soviéticos que se pasó del lado de Estados Unidos”.

En diálogo telefónico desde Washington, donde trabaja como asesor en temas de seguridad para el BID, Belicow distingue dos conflictos: uno micro entre los osetios y los georgianos, y otro macro entre Rusia y Occidente. El primero tiene su origen en la repartija que siguió al derrumbe de la Unión Soviética. Cuando dibujaron el nuevo mapa, Osetia quedó dividida en dos, la mitad norte del lado ruso y la sur del lado georgiano. “Mientras en Rusia pasan casi desapercibidos como una pequeña minoría más, en Georgia los osetios representan más del 20 por ciento de la población. Son más visibles y, por ende, más discriminados”, señaló Belikow.

La discriminación y la sensación de haber sido estafados en el rediseño de las fronteras llevó a que los líderes de Osetia del Sur tomaran las armas y reivindicaran la independencia en 1992. No lo lograron, pero sí consiguieron embarrar la cancha lo suficiente para que Rusia pudiera establecer sus “tropas de paz” allí, para evitar una masacre.

Mientras los líderes independentistas osetios convivían y afianzaban su amistad con las “tropas de paz” rusas, la oposición georgiana buscó un aliado que pudiera ayudarlos a derrotar al gobierno pro-ruso que había quedado de la época de la caída de la URSS. No les fue difícil atraer la atención de Estados Unidos. Desde el principio, el gobierno de George Bush hijo puso el ojo en ese pequeño país del Cáucaso y en 2003, finalmente, la Revolución Rosa triunfó. Por primera vez asumía un presidente que se sentía más cómodo hablando en inglés que en ruso. Ahí entra el segundo conflicto, la disputa de poder entre Rusia y Estados Unidos.

Cuando Mijail Saakashvili y Bush se reúnen parece más un encuentro de amigos que de aliados políticos. Según Belikow, en los últimos cinco años, el mandatario estadounidense presentó a Georgia como una vía paralela para el tránsito de crudo y gas que se extrae en el suroeste asiático y se consume en Europa Occidental. Se construyeron y se están construyendo importantes oleoductos con inversiones estadounidenses y británicas, que a través de Turquía, un férreo aliado de la Unión Europea, abastecerían al Viejo Continente.

“En el actual mercado energético internacional, de los grandes proveedores el más estable es Rusia y eso tiene un precio para Europa y Estados Unidos”, señaló el sovietólogo argentino. En otras palabras, mientras el conflicto en Irak y la guerra civil en Nigeria continúen y los gobiernos de Irán y Venezuela no sean confiables para las grandes potencias, nadie puede hacer enojar demasiado al ex gigante soviético.

Ninguno de los nuevos ductos pasan por Osetia del Sur, por lo que detrás de la guerra no hay razones económicas. “Es una cuestión de poder, de imagen frente a la región”, explicó Belikow, quien recordó que hace apenas unos meses Moscú no pudo hacer nada para frenar la independencia de Kosovo. “Rusia no puede dejar de proteger a los grupos pro-rusos. Si no hoy no sale en defensa de los osetios, mañana sus aliados en otros países de la región, países productivamente más importantes, pueden acudir por ayuda y protección a Estados Unidos.”

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