EL MUNDO › CONFUSION EN TORNO DE LAS NEGOCIACIONES ENTRE KHADAFI Y OCCIDENTE

El juego de los espejos libios

El segundo hijo del coronel y portavoz del régimen, Seif al Islam, dijo al diario argelino El-Khabar que su padre sostenía un diálogo con Francia y no con los rebeldes. Las divisiones internas de la oposición.

 Por Eduardo Febbro

Desde París

El coronel Khadafi sigue jugando al gato y al ratón con las potencias mundiales. Desde el pasado 31 de marzo, la OTAN llevó a cabo 5500 ataques contra objetivos libios sin que Khadafi se moviera de su trono. Ayer, el segundo hijo de Khadafi y portavoz en título del régimen, Seif al Islam, dijo al diario argelino El-Khabar que su padre estaba negociando con Francia y no con los rebeldes. Ello no hace sino agregar más confusión en torno de la veracidad de los contactos en curso. Como un salón lleno de espejos, nadie sabe exactamente cuál es la imagen real. Cuatro meses después de que Occidente aplicara con una interpretación muy personal la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, una amplia negociación internacional se está llevando a cabo a fin de salir del estancamiento en el que está sumido el conflicto libio. Africa del Sur, China, Egipto, Turquía, la Unión Africana y un puñado de países europeos intentan despejar el terreno de una negociación que se complica a raíz de las divisiones internas de los rebeldes libios. La base actual de los diálogos es la hoja de ruta presentada en junio por la Unión Africana.

Este plan se articula en torno de un alto el fuego, una hipotética agenda para la transición democrática y el despliegue de una fuerza de las Naciones Unidas. Pero el astuto coronel Khadafi siempre encuentra el medio de confundir las cartas de un juego del cual los aliados de la coalición que combate contra sus fuerzas bajo la dirección de la OTAN intentan salir. La carta de Francia expuesta ayer por Seif al Islam es otra imagen en el salón de los espejos. Según declaró el hijo de Khadafi, las “verdaderas negociaciones se llevan a cabo con Francia y no con los rebeldes”. Seif al Islam precisó que el régimen había enviado a un delegado que se encontró con el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y a través del cual recibió un “mensaje claro”: París precisó que “sin el apoyo de Francia, sin el dinero y las armas, el Consejo Nacional de Transición (CNT, los rebeldes libios) no existiría”. En la versión ofrecida por Seif al Islam, Sarkozy habría dicho que el “verdadero interlocutor de Trípoli era él (Sarkozy) y no los rebeldes”. El hijo de Khadafi agregó: “Los franceses nos informaron oficialmente que querían instalar un gobierno de transición en Libia. Sarkozy le dijo al emisario libio: ‘Tengo una lista y éstos son los hombres de Francia’”. Las declaraciones de Seif al Islam hay que tomarlas con reflexiva precaución. Todo puede ser cierto, o una burda puesta en escena. La Cancillería francesa salió al paso de esta entrevista y aclaró: “No hay negociaciones directas entre Francia y el régimen de Khadafi”. El portavoz de la Cancillería, Bernard Valero, dijo que París le enviaba a Khadafi “mensajes” cuya esencia era siempre la misma: “Toda solución política pasa por el retiro de Khadafi del poder y su renuncia a cualquier desempeño político”.

El ministro francés de Relaciones Exteriores, Alain Juppé, reiteró que no se trata de saber si “Khadafi debe o no dejar el poder sino cuándo”. Ahora bien, estas declaraciones contrastan con las posiciones asumidas por los mediadores oficiales en el conflicto, en este caso el presidente sudafricano Jacob Zuma, jefe de la misión de la Unión Africana, un organismo al que Khadafi le financia el 15 por ciento de su presupuesto. Los rebeldes libios plantean como condición de cualquier acuerdo el alejamiento de Khadafi y de su círculo de aliados. Jacob Zuma no comparte esa exigencia. El presidente sudafricano adelantó que se le había pedido a la OTAN que intercediera ante los rebeldes del Consejo Nacional de Transición para que esta autoridad provisoria “renuncie a determinadas condiciones previas que tornan complicado, incluso imposible, el inicio de un proceso de negociación”. Hace unas semanas, el hijo de Khadafi, Seif al Islam, había dicho al diario francés Le Monde: “Mi padre no es materia de ninguna negociación”. Es “imposible” llegar a una “solución que no lo tome en cuenta”.

Esto, sin embargo, no es tampoco del todo cierto, al igual que la posición “irrenunciable” de los rebeldes. Espejos y más espejos. El diario saudita Asharq Al-Awsat –que se edita en Londres– citó a protagonistas de este conflicto, tanto de un lado como del otro, y aseguró que el coronel podría alejarse del poder siempre y cuando lo dejen ir a vivir a su ciudad natal, Sirtre. El ex ministro de Justicia de Khadafi y actual presidente del CNT, Mustafa Abdulyalil, dijo que Khadafi “podía permanecer en Libia. Nosotros diremos dónde y así vivirá bajo control internacional”. Pero nada es simple en este tablero de alianzas forzadas. Poco después, el portavoz del los rebeldes, Abdelhafiz Aghoga, descartó de inmediato esa opción. Resulta por demás paradójico (ridículo, insultante, cómico, incongruente) que los rebeldes, teledirigidos, armados y financiados por Occidente, ofrezcan al líder libio una salida semejante, cuando el coronel Khadafi tiene pendiente una orden de arresto internacional emitida por al Corte Penal Internacional, la CPI, por crímenes contra la Humanidad. No es nada sobrenatural que Khadafi siga en el poder y la OTAN continúe arrojando bombas que diseminan a un país y a los civiles. Nadie está de acuerdo con nada. Por ejemplo, en lo que atañe a la orden de arresto de la Corte Penal Internacional, los 53 países que componen la Unión Africana decidieron no acatarla para que Khadafi pueda así vivir a sus anchas en cualesquiera de ellos. Lo único cierto es que, en estos momentos, hay un denso ballet diplomático entre emisarios de varias capitales: París, Londres, Moscú, Roma, Ankara, El Cairo, Pekín, la isla tunecina de Yerba, Oslo. A todas las partes les conviene diseñar un punto final. Si no muriera tanta gente (10 mil muertos desde febrero pasado), se podría pensar en una de las más calamitosas y grotescas aventuras diplomático-militares en las que se han metido la soberbia armada de Occidente y sus obedientes lacayos. Basta con imaginar que los representantes del “bien” negocian con un líder acusado por una instancia internacional de crímenes contra la Humanidad. Los mismos representantes, en este caso concreto Francia, vendieron a Khadafi misiles Milán. Hace unas semanas, París les suministró a los rebeldes misiles idénticos. Ambos antagonistas se enfrentaron con las armas del mismo proveedor.

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“Las verdaderas negociaciones se llevan a cabo con Francia y no con los rebeldes”, dijo Seif al Islam.
 
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