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Gaza aguarda nerviosa el desenlace del secuestro del soldado israelí

Israel rechazó negociar un canje del soldado por presos palestinos –mujeres y niños–, condición que pusieron los captores. La tensión se palpaba en Gaza, ante la amenaza israelí de una “operación masiva”. El presidente palestino, Mahmud Abbas, aseguró que la policía buscaría casa por casa al rehén.

 Por Juan Miguel Muñoz *
Desde Gaza

Una frenética actividad diplomática y las amenazas contundentes de Israel se cernían ayer sobre los milicianos palestinos que mantienen cautivo al soldado Gilad Shalit para que accedan a su liberación. No es previsible que se plieguen dada la audacia del ataque que el domingo ejecutaron contra una base militar. Los captores, miembros de Hamas y de otros dos grupos, anunciaron una exigencia esperada: la excarcelación de las mujeres y los menores prisioneros en penales israelíes. Aunque existen precedentes de canje, el gobierno de Ehud Olmert rechazó negociar con las milicias. Gaza aguarda nerviosa el desenlace.

El comando palestino que mató a dos militares israelíes y capturó al cabo Shalit en una base a escasos metros de la frontera meridional de la Franja de Gaza ha desatado severas críticas por las fallas en los servicios de espionaje y en las fuerzas armadas. Los agresores surgieron por sorpresa desde un túnel con salida a las espaldas de los uniformados, y en el cuartel tardaron demasiado tiempo en apercibirse de que los militantes habían hecho un rehén.

Los gobernantes y mandos israelíes afrontan una de las situaciones que más detestan: el secuestro de civiles o soldados. Les ata las manos. Al menos, temporalmente. La doctrina oficial ante esta coyuntura ha sido siempre: “No se negocia con los terroristas”. Lo repitió ayer el ministro de Justicia, Haim Ramon: “No tenemos intención de negociar con Hamas un intercambio de prisioneros”. Sin embargo, al menos diez veces desde los años ’80 han cedido al canje de reclusos palestinos o de la guerrilla libanesa Hezbolá para recuperar a cautivos o cadáveres de soldados. En 1983 llegó a liberar a 4760 palestinos a cambio de ocho militares capturados en Líbano. Y en 1997 accedió a entregar al jeque Ahmed Yasín, líder de Hamas asesinado en 2004, a cambio de dos espías del Mossad que habían intentado matar en Ammán –Jordania– a Jaled Meshal, jefe ahora del movimiento islamista en el exilio.

El canje es el objetivo de los milicianos. Así lo anunciaron en un comunicado las Brigadas Ezedín al Kassam, brazo armado de Hamas; los comités de Resistencia Popular y el Ejército Islámico, grupo de reciente aparición. “El ocupante no obtendrá información alguna sobre su soldado desaparecido salvo que se atenga a lo siguiente: liberación de todas las mujeres y de los niños menores de 18 años.” Es una demanda que afecta a pocos cientos de los más de 9000 presos y que es vista con buenos ojos por la inmensa mayoría de los palestinos. Las madres y esposas de varios presos se manifestaron frente a la sede del Parlamento en Gaza y ante el cuartel general de la policía con retratos de sus familiares para apoyar la exigencia de los raptores. Mientras, funcionarios egipcios, pero también franceses, españoles, austríacos, estadounidenses y el presidente palestino, Mahmud Abbas, se esmeran por alcanzar con las milicias un acuerdo para zanjar la crisis. Abbas aseguró que la policía buscaría casa por casa al rehén.

Se palpa la tensión en la franja. En los pueblos cercanos a la base israelí atacada nadie andaba ayer por unas calles desiertas. Decenas de tanques y vehículos blindados están apostados a las puertas de Gaza prestos a una operación “masiva”. “Las próximas horas”, aseguró la ministra de Exteriores israelí, Tzipi Livni, “serán críticas”. “Dejémoslo claro: alcanzaremos a todos los implicados, no importa dónde se encuentren. No habrá impunidad para ninguno. Y ellos lo saben”, amenazó Olmert, que responsabilizó del destino de Shalit a Abbas, al primer ministro, Ismail Haniya, y a los demás dirigentes y activistas islamistas.

No se trata sólo de fuerza militar ante una tesitura endiablada. Una invasión israelí de Gaza pondría en peligro la vida del rehén. Las autoridades tienen en mente el precedente de Nachson Waxman, secuestrado en Ramalá a mediados de la década de los noventa y muerto durante una frustrada operación de rescate. De ahí la contención y el plazo de 48 horas que dio Olmert para el trabajo de los diplomáticos.

Era poco probable que la amenaza del primer ministro surtiera efecto en las milicias. En la ciudad de Gaza, donde se respiraba tensión pero escasa angustia, todos coinciden en que tarde o temprano llegará la dura represalia. Pero la mayoría se pregunta: “¿Qué más nos pueden hacer que no nos hayan hecho ya?”, “¿es que no han matado a decenas de civiles en los últimos días sin que haya muerto un solo israelí?”. El poder de disuasión de la enorme potencia militar israelí hace escasa mella.

* De El País de Madrid. Especial para Página/12.

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Las madres y esposas de varios presos se manifestaron frente a la sede del Parlamento en Gaza.
 
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