EL PAíS › UN FISCAL DENUNCIO A LA POLICIA FEDERAL POR UNA RAZZIA HOMOFOBICA

“En la Argentina esto no debe pasar”

El 18 de abril, policías federales irrumpieron en una fiesta privada gay en Palermo. Ahora, el fiscal nacional de Investigaciones Administrativas acusa a los efectivos por graves delitos y pide que declaren penalmente. En su dictamen resalta que hubo vejámenes y discriminación. “Fueron policías de otra época”, aseguró a Página/12.

 Por Cristian Alarcón

Fue una razzia del más viejo estilo. Una fiesta interrumpida por un grupo de federales al grito de “puto de mierda”. Le dedicaban los insultos, las burlas, el escarnio macho y duro, al centenar de gays que participaban de una fiesta privada en la disco Cero Consecuencia, de Palermo, cerrada esa noche al público. Los mantuvieron en fila, encerrados, sin orden de allanamiento, mientras los exhibían al vecindario con las cortinas de las ventanas corridas. De cada uno de estos pasos surgen delitos que para la Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas van del vejamen a la privación ilegal de la libertad. En un dictamen, la Fiscalía acusa a los policías, desde el comisario al cabo, de violaciones a los derechos humanos que no sólo podrían significar prisión efectiva, sino, por lo menos, sanciones de la propia fuerza. También concluye que no fue sólo discriminación: el objetivo inicial era lograr una coima. Esta investigación administrativa le daría impulso a la investigación que ya lleva adelante una Fiscalía en lo Correccional porteña. En principio, Garrido pidió que se les tomara declaración indagatoria en esa causa a los policías homófobos. “Fueron policías de otra época”, denunció Garrido ante Página/12.

Al fiscal, después de una investigación de dos meses, le parece que “el Ejecutivo debería iniciar un sumario administrativo serio”. “Lo que tendrían que hacer es aplicarles las sanciones previstas por los reglamentos disciplinarios”, le dijo a este diario después de haberle remitido copia de la resolución administrativa a la fiscalía en lo criminal y al juzgado que investigan la causa penal, sin grandes novedades por ahora. Desde el Ministerio del Interior remarcaron la respuesta de Aníbal Fernández cuando ocurrió el hecho. “Se reunió con la CHA y enseguida ordenó una investigación que se está aún haciendo en Asuntos Internos. Seis policías, incluido el comisario y el subcomisario, fueron separados preventivamente y mientras no se dilucide la investigación penal no tienen funciones. Su situación es muy delicada”, le dijo a este diario anoche un vocero del ministerio. La fuente dijo que al ministro “le preocupa el maltrato que según los testimonios llegó al vejamen”.

Con su equipo de investigadores, Garrido reconstruyó lo ocurrido la noche del martes 18 de abril en los salones de la disco Cero Consecuencia, cuando los policías, alertados por un llamado al 101, se enceguecieron en su rol de controladores del orden y allanaron sin orden judicial el local, ese día cerrado para una fiesta privada. Los primeros en llegar al sitio fueron, según el dictamen, el cabo 1º Orlando García y su compañero, el suboficial auxiliar Miguel Angel Luceno: los dos parecían dos invitados más, iban de civil. Los escoltaban dos oficiales, pero uniformados. Forcejearon con el encargado de la puerta, Diego Cháves. Entraron a los empujones. Adentro pasaron por encima del relaciones públicas Claudio Romero.

El que llamó al 101 había dicho que en ese lugar, Cabrera al 3700, se estaba vendiendo droga. Con ese solo “dato” los policías se dieron a la tarea de requisar a la concurrencia, sorprendida en medio de una todavía tibia fiesta nudista. Los organizadores son el grupo que se anuncia en Internet, de manera muy profesional, como www.grupolosfieste ros.com Son cientos de gays –aunque también suelen organizar fiestas mixtas– que se inscriben vía e-mail y reciben información reservada sobre los lugares de encuentro que se realizan cada mes. Los lugares suelen ser saunas, bares o discos. En este caso, la cita era para los de hasta 35 años, varones, convocados a participar desnudos o al menos en ropa interior para compartir sexo, siempre con preservativo.

De manera que es imaginable el momento en que los hombres de la Federal se enfrentaron al grupo y prendieron las luces, apagaron la música y engrosaron la voz. Clásicos, al fin, obligaron a los presentes a formar.“¡Dos filas, carajo!” Los aún vestidos por un lado; los desnudos por el otro. Primero les exigieron identificación a los primeros y luego revisaron en el guardarropas las prendas de los segundos. Con ellos armaron una lista. “Corresponde poner de resalto –dice el dictamen de la fiscalía– que a los asistentes que se encontraban desnudos se los hizo formar una fila contra la pared, habiendo previamente abierto las cortinas que cubrían las ventanas desde las que se los podía ver desde la calle en esa vejatoria situación.”

En el escrito se sostiene que “surge de los testimonios que en este ilegal procedimiento el personal policial se burló de los asistentes profiriendo bromas agraviantes sobre la elección sexual de los mismos, que eran festejadas por el resto del personal policial, así como también por uno de los testigos”. “Puto de mierda, ahora te hacés el macho pero cuando estabas en bolas adentro te cagaste todo”, cita el documento como ejemplo. En el mismo se cuenta también que “uno de los asistentes huyó desvestido por los techos del local, pasando a un garaje contiguo desde cuyo techo se desplomó sobre un rodado Fiat Palio estacionado”.

Aquella noche, una hora después del ingreso de la policía al local, uno de los asistentes, Franco Pastura, alertó a la oficina de la Comunidad Homosexual Argentina, CHA (ver aparte). César Cigliutti, Marcelo Suntheim y el abogado Pedro Paradiso tuvieron que forcejear con algunos uniformados de la 21ª hasta que lograron entrar. Los líderes de la comunidad pedían identificaciones y alertaban a los festejantes que podían salir, mientras la policía volvía a cerrar la puerta. Al mismo tiempo, según asegura el fiscal, el comisario José Miguel Chamorro le aseguraba a la secretaria del juzgado de turno, Gloria Kehoe, que estaban en un local abierto al público y que encontraron a “un grupo de entre sesenta y setenta hombres desnudos teniendo sexo”. La secretaria dio orden de no identificar ni recibir declaración a estas personas. “La comisaría libró citaciones y secuestró elementos fuera de lo ordenado”, dice Garrido y se refiere, entre otros souvenirs, a una fuente llena de preservativos, una norma del grupo Los Fiesteros. En el sitio de Internet es posible comprobar –así lo hizo la fiscalía administrativa– el alto nivel de organización y la claridad de las normas fijadas para quienes desean participar en las fiestas.

Los investigadores administrativos concluyeron que la policía privó de su libertad y sometió a vejámenes al grupo “infligiéndoles tratos vejatorios, degradantes y discriminatorios mediante insultos, malos tratos, haciéndolos objeto de escarnio”. La fiscalía también considera que “el trato humillante y mortificatorio de las personas se hizo, además, con el presumible propósito de generar presión sobre los dueños del local para obtener contribuciones o dádivas”. “Tal cual lo relatan los testimonios, se trataba de una reunión nudista gay masculina en la que se podía tener sexo entre los participantes. Es obvio, entonces, que esta reunión se estaba llevando a cabo en un terreno en que existía una fuerte y razonable expectativa de intimidad, para lo cual se consolidó un ámbito libre de injerencias ajenas, entre ellas las del Estado mismo”, advierte la resolución fiscal. Garrido hace, en la presentación en la que solicita que la Justicia penal profundice la investigación y sean sancionados los policías, una encendida defensa del derecho a la vida privada y la intimidad de las personas protegidas por la Constitución. “En la Argentina el día de hoy no puede pasar esto, es intolerable”, dijo el fiscal.

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El boliche gay de Cabrera al 3700, en el barrio de Palermo.
 
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