EL MUNDO › EL DIA DESPUES DE LOS ATENTADOS, LOS PARISINOS PREGUNTAN POR QUE

Con lágrimas y en silencio

La gente salió a la calle a enfrentar la vida y a confrontarse, con una flor en la mano, con las mudas escenas donde 129 personas murieron y más de 350 resultaron heridas, 89 de ellas en estado de extrema gravedad.

 Por Eduardo Febbro

Desde París

Parte del mundo entró en la fase de una nueva guerra, asimétrica, desesperada. Sus huellas están en Irak, en Siria, en Turquía, en Túnez, en el Líbano, y ahora, de nuevo, en París. “¿Por qué, por qué ?”. La pregunta se repite como una serpentina sin fin en los distintos altares improvisados en cada uno de los seis lugares donde el recorrido homicida de los terroristas sembró la muerte entre el Estadio de Francia y los distritos 10 y 11 de París. Velas encendidas, flores sobre las veredas de los cafés o en los adoquines dónde jóvenes inocentes fueron abatidos a sangre fría, París desafió el miedo, el frío y la tristeza gris del sábado a pesar de que los centros comerciales, los cines y los museos estaban cerrados. La gente salió a la calle a enfrentar la vida y a confrontarse, con una flor en la mano, con sus lágrimas y su silencio, con las mudas escenas donde 129 personas perdieron la vida y más de 350 resultaron heridas, 89 de ellas en estado de extrema gravedad. El terrorismo del Estado Islámico golpeó en la fiesta popular del fútbol y en los barrios nocturnos de la capital donde se concentra la juventud. Los bares como Le Carillon o Le Petit Cambodge, en el ángulo de la Rue Albert y la Rue Bichat (15 muertos), en la esquina de la Rue de la Fontaine au Roi y la Rue du Faubourg-du-Temple, en el bar la Bonne Bière (5 muertos), en el restaurant La Belle Equipen, en el 92 de la Rue Charonne (19 muertos), en el bar Le Comptoir de Voltaire, en el número 23 del Boulevard Voltaire (un herido grave), o un poco más arriba, en el 50 del Boulevard Voltaire, donde se encuentra el teatro Le Bataclan (89 muertos), cada una de esas geografías sangrientas vio concentrarse una multitud taciturna. En el Bataclan, un pianista espontáneo trajo su piano y tocó la melodía de “Imagine”, de John Lenon, en homenaje a las víctimas. Bono, el líder del grupo de rock U2, depositó un ramo de flores en el altar armado en las afueras del Bataclan.

París desafió el terror en una misa colectiva envuelta en una indescriptible comunidad de pena y silencios. Las sombras de tantos muertos estaban ahí, frescas e hirientes, contando todavía en la superficie de las inmensas manchas de sangre pegadas en las veredas las tres horas de tragedia que marcaron un barrio y una generación. Eran casi todos jóvenes, fiesteros, ajenos al conflicto polimórfico por el que pagaron con sus vidas. Reproducir lo que decía la gente es decir lo que sentimos todos viendo estas muertes o las otras, las que también manchan las veredas de Siria o Irak, todas esas sombras y esos muertos que trajeron a Europa cientos de miles de migrantes que huyen de guerras más grandes y desamparadas. “Esa gente no tiene ni alma ni corazón”, decía el dueño del restaurante Le Carillon mientras contemplaba azorado el cementerio en que se había convertido su local. París está dividida en dos mundos por el río Sena: la rive gauche, y la rive droite. La orilla derecha sufrió en el mismo ano tres atentados globales: el de Charlie Hebdo y el supermercado judío (17 muertos), y este. La orilla derecha estaba de luto, con sus comercios cerrados y el testigo luminoso de la gran rueda de la Plaza de la Concordia apagado. En la orilla izquierda, del otro lado del Sena, el espejismo de una zona segura animó las calles. Parecía de pronto que hubiesen dos ciudades, una muerta, la otra viviente.

París, el viernes, desmintió su mito negativo de ciudad hostil e indiferente. Al mismo tiempo que los islamistas radicales exultaban en la red su felicidad por los atentados, un montón de cuentas y mensajes en Twitter no sólo narraban minuto a minuto lo que estaba sucediendo sino, también, ofrecían protección, casa, agua, comida. Con palabras claves como #PorteOuverte, #PortesOuvertes, #OpenDoor, #OffeneTüren, #RechercheParis, #PrayForParis, la red se movilizó para proteger a quienes se quedaron en la noche, sin techo ni compañía. Internet reprodujo lo que ocurría en la calle cuando la gente se asomaba a las ventanas o salía a la puerta para ofrecer un cama a los miles y miles de parisinos que deambulaban sin saber dónde ir, ni qué había pasado, ni cómo sería este mañana que ya es un hoy en cuya noche arden velas sobre las veredas.

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Parisinos colocan ofrendas florales y prenden velas en la puerta del teatro Bataclan.
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