EL PAIS › CRISTINA KIRCHNER Y SU PAR DE CHINA, HU JINTAO, SE COMPROMETIERON A INCREMENTAR LAS RELACIONES COMERCIALES

Socios a la sombra de la Gran Muralla

Los presidentes cerraron diversos acuerdos, los más importantes en el área de transportes. CFK planteó que las exportaciones argentinas deben incluir productos con valor agregado. Una comisión especial analizará la suspensión china a la compra del aceite de soja.

 Por Fernando Cibeira

Desde Beijing

En el día más trascendente de su visita a China, la presidenta Cristina Kirchner se reunió con su par Hu Jintao, con quien firmó una serie de acuerdos y una declaración conjunta que promete incrementar las relaciones comerciales “aún más”. Los acuerdos más trascendentes tienen que ver con el área de transportes e implican negocios por unos 9500 millones de dólares. Básicamente, se trata de la renovación de líneas de trenes y de formaciones de subte que Argentina hará con China, financiada por los propios bancos chinos a plazos y tasas muy convenientes. “Ha sido una muy buena jornada”, sintetizó la Presidenta luego de la cena de honor que le ofreció Hu Jintao en el Salón Oeste del Gran Palacio del Pueblo. Respecto de los temas que quedan pendientes, como la suspensión china a la compra del aceite de soja argentino o la pretensión nacional de incorporar productos de mayor valor agregado a sus exportaciones, se resolvió que se discutan en una comisión especial que comenzará a reunirse a partir de mañana aquí en Beijing.

Como casi todo en la capital china, el Gran Palacio del Pueblo tiene dimensiones impactantes. Fue construido en 1959 y en verdad es la sede de la Asamblea Popular, el Legislativo chino, pero Hu Jintao recibe allí a los mandatarios extranjeros. Está ubicado en un costado de la histórica plaza de Tiananmen, justo en diagonal al retrato de Mao que indica el ingreso a la magnífica Ciudad Prohibida, la sede imperial de las dinastías Ming y Qing.

En el hall central del Gran Palacio había espacio para la orquesta militar que tocó los himnos, para las tropas a las que Cristina Kirchner y Hu Jintao pasaron revista, para toda la comitiva argentina, para la prensa que cubría el evento y sobraba espacio como para otra ceremonia igual. Tras la recepción, los presidentes pasaron al encuentro propiamente dicho, en un salón contiguo. En una larga mesa, los mandatarios se sentaron frente a frente en el centro, con los ministros y funcionarios a sus costados. Fue posible seguir los primeros cinco minutos del encuentro.

Hu Jintao comenzó agradeciendo la visita de la presidenta argentina y ella aseguró mantener un gran recuerdo de su viaje de 2004, cuando acompañó como primera dama al entonces presidente Néstor Kirchner. El mandatario chino consideró que, desde que llegó a la Casa Rosada, la Presidenta siempre le había otorgado una “alta prioridad” al vínculo con su país. “Es una gran amiga nuestra”, afirmó.

En plan de devolver gentilezas, Cristina Kirchner calificó como “altísimo honor” ser recibida en China, dándole a la potencia asiática –dijo– el lugar que le corresponde en la agenda internacional. Una vez más, la Presidenta le pidió disculpas por la suspensión del viaje, originalmente pautado para agosto, por –según definió ayer– “problemas de carácter interno”. En enero, la Presidenta no quiso dejar a Julio Cobos una semana al frente del Poder Ejecutivo en plena disputa del Gobierno con el entonces presidente del Banco Central, Martín Redrado, y con la oposición por el uso de las reservas para el pago de la deuda. A medida que le llegaba la traducción, Hu Jintao movía la cabeza afirmativamente, aceptando las palabras de Cristina Kirchner. Fueron necesarias varias explicaciones y un fino trabajo diplomático para reprogramar la visita en unos pocos meses.

La reunión se extendió por más de una hora. Los presidentes reaparecieron para la firma de acuerdos en otro salón que tenía en común con los otros algún cuadro o tapiz representando la Gran Muralla, el gran paisaje nacional. Según el área a que correspondieran los acuerdos, iban llamando a los ministros y secretarios para que firmaran. Julio De Vido pasó más de un sofocón tratando de entender las indicaciones del personal de protocolo chino y se terminó sentando cada vez en una silla diferente.

La visita terminó con una cena de la que también formaron parte los alrededor de 70 empresarios que participan de la misión comercial que busca poner un pie en el fabuloso mercado chino. “Este es un día histórico, a partir de ahora Argentina va a ser el principal socio de China”, aseguró antes de mostrar su invitación para ingresar un súper optimista Franco Macri, pionero en eso de apuntarle al mercado asiático.

Y si el tema de la soja no fue motivo de conversación directa entre los presidentes, lo fue de manera indirecta cuando se juntaron en la mesa principal. Cristina Kirchner quiso saber si lo que había sobre el pescado que le habían servido era harina de trigo. El presidente chino le respondió que era harina de soja, un producto muy habitual entre los budistas. Le explicó que, como son vegetarianos, los budistas saborizan la harina de soja para darle distintos gustos a la misma comida, como por ejemplo ponerle gusto a carne o a pollo.

Comisionados

Por la noche, ya de vuelta en el hotel y de buen humor, la Presidenta hizo su evaluación del día junto al canciller Héctor Timerman. Por la mañana se sabía que había habido una reunión de la que participaron Timerman, la ministra de Producción, Débora Giorgi, y los secretarios de Relaciones Económicas Internacionales, Alfredo Chiaradía, y de Industria, Eduardo Bianchi, con funcionarios chinos, en las que analizarían los últimos tironeos surgidos en el vínculo bilateral. Pero el contenido del encuentro se mantuvo en estricta reserva. Cristina Kirchner comunicó la conformación de una comisión en la que estarán Bianchi y un representante de la Cancillería para analizar “no un tema en particular sino la totalidad de la relación”, según explicó.

La Presidenta planteó como un tema de interés principal –“y todos lo recibieron con agrado”– que Argentina mejore el valor agregado de los productos que exporta a China. Más del 80 por ciento de las ventas al gigante asiático son cuatro productos de escasa o nula manufactura, como los granos de soja. En cambio, casi la totalidad de las ventas chinas a la Argentina son productos de altísimo valor agregado. “Ellos lo entienden y vamos a charlar”, dijo la Presidenta.

No hizo una aclaración puntual, pero se dio por supuesto que allí también se analizará el entredicho surgido a partir de que el año pasado Argentina aplicara 18 medidas antidumping a productos chinos. Como respuesta, China paralizó este año la compra de aceite de soja, un producto que importaba por 2 mil millones de dólares anuales y ahora empezó a adquirir en otros mercados, como Brasil y Estados Unidos. En el Gobierno buscaron que la visita no quedara empañada por este conflicto –por cierto circunstancial y limitado–, aunque la verdad es que todavía no pudo encontrar su cauce. No obstante, en la comitiva imaginaban que la solución llegaría en el corto plazo.

Fuera de lo comercial, la Presidenta destacó la fina sintonía política que ambos países alcanzaron en los últimos tiempos. Al comenzar la reunión, los presidentes repitieron un ritual tradicional del vínculo bilateral: Hu Jintao reivindicó los derechos argentinos en las islas Malvinas y Cristina Kirchner la existencia de “una sola China”, que tiene que ver con las pretensiones separatistas de Taiwan. Pero más allá de estas señales de confianza mutua, también insistieron en la necesidad de reformar el FMI y de regular el sistema financiero internacional, posturas que pesan en los principales foros internacionales como el G-20 o la Ronda de Doha.

La Presidenta contó que Hu Jintao también adelantó la intención de China de acelerar su acercamiento a la región, a través de la Unasur y del Mercosur. “Como conozco al señor de la Unasur, voy a hacer uso de eso”, bromeó. “A ver si me escucha alguno de la oposición –cerró– y después dice que estoy tratando de utilizar influencias.”

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Cristina Kirchner, junto a Hu Jintao, en el Gran Palacio del Pueblo, ubicado a un costado de la plaza de Tiananmen.
Imagen: Télam
 
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