EL PAíS › DECLARO EN CORDOBA EL SECRETARIO DE DERECHOS HUMANOS DE LA MUNICIPALIDAD

“Uno no sabe si está vivo o muerto”

Luis Miguel Baronetto habló sobre su secuestro y el asesinato de su mujer, que acababa de dar a luz.

El secretario de Derechos Humanos de la Municipalidad de Córdoba, Luis Miguel Baronetto, relató ayer el asesinato de su esposa y de otros presos políticos en el primer día de testimonios del juicio oral y público contra Jorge Rafael Videla, Luciano Benjamín Menéndez y otros 29 represores. Baronetto narró la situación en la que se encontraban los “detenidos especiales” y reconoció a varios de los represores imputados de homicidio calificado y tormentos agravados.

“No me preguntaban nada. El cuerpo humano en un momento es como que ya no siente nada”, contó el testigo, que fue secuestrado junto a su esposa Marta Juana González el 15 de agosto de 1975. Ambos fueron torturados en las dependencias del Departamento de Informaciones de la policía cordobesa, la D2, y luego alojados en la Unidad Penitenciaria de Barrio San Martín (UP1).

De acuerdo con su relato, en la UP1 se enteraron, gracias a una radio que escondían, cómo los presos que compartían el predio comenzaron a aparecer muertos en la vía pública mientras que los informes oficiales fraguaban enfrentamientos luego de supuestos intentos de fuga. En una de esas fugas simuladas, los represores retiraron de la cárcel a un grupo de seis detenidos atados y encapuchados –entre los que se encontraba la mujer de Baronetto, que acababa de dar a luz– y los acribillaron en un descampado de la ciudad de Córdoba. El testigo dijo que se enteró de que habían fusilado a su esposa a través de un mensaje escrito en un papel higiénico que le acercaron a su celda.

Durante su permanencia en la D2, Baronetto identificó como sus torturadores a los policías Juan Carlos Cerutti, Ricardo Cayetano Rocha y Carlos Yanicelli, entre otros. Todos ellos le aplicaron, en patota, golpes de puño y patadas. “Uno no sabe si está vivo o muerto, ya no siente dolor”, contó el funcionario. Finalmente, en agosto lo sacaron de prisión. La víctima creyó que era para un traslado, pero en realidad lo llevaban al Registro Civil para que anotara a su hijo recién nacido.

Luego de pasar por las cárceles de Devoto, Caseros, Sierra Chica y Rawson, Baronetto fue liberado en 1983. En aquel momento empezó a “peregrinar en la Justicia y para poder llegar hoy a este juicio en el que tengo puestas todas mis esperanzas para que los que secuestraron y fusilaron a mi esposa reciban el castigo que por ley les corresponde”, expresó. El actual secretario adjunto de CTA Córdoba aclaró que venía al juicio “sin odios ni venganzas” y dijo que desde hace 34 años sólo espera “que se sepa quién mató a mi esposa”.

El juicio continuará mañana con la ronda de testigos, instancia que incluye a más de un centenar de personas citadas y que –se calcula– durará unos seis meses.

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Empezaron ayer en Córdoba las declaraciones de familiares y testigos.
Imagen: Télam
 
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