EL PAIS › EL TESTIMONIO DE ISIDORO GRAIVER ANTE LA JUSTICIA

El cuñado negó las presiones

El hermano de David Graiver repitió ante la Justicia que no recibió presiones de los diarios que adquirieron Papel Prensa para vender la empresa. Dijo que los militares querían sacarlos del circuito comercial.

Isidoro Graiver, hermano de David Graiver, declaró el martes ante el juez federal Arnaldo Corazza y el fiscal Marcelo Molina. Durante la audiencia, repitió lo que había afirmado en una solicitada que se publicó el miércoles en los diarios Clarín y La Nación y ratificó el testimonio que dio ante un escribano público. Dijo que “nadie le indicó quiénes debían ser los compradores” de Papel Prensa.

Según consta en la declaración, Graiver aseguró que tomó la decisión de presentarse a dar su testimonio porque “lo sorprendieron las declaraciones que escuchó”, en referencia a las expresiones de Lidia Papaleo de Graiver, su cuñada, quien en una carta dirigida al secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, denunció que había sido presionada para desprenderse de la empresa y entregarla a los diarios Clarín, La Nación y La Razón. Ayer, la mujer ratificó esto ante la Justicia y aseguró que su cuñado había sido desplazado de los negocios familiares y que por eso mantenía una mala relación con su familia (ver aparte).

Cuando el fiscal general Marcelo Molina le preguntó si estaba al tanto de alguna presión que les impidiera operar comercialmente en el país, Graiver manifestó “no me consta”, pero admitió que la intención era “sacarlos del circuito comercial”. Asimismo, reconoció que las gestiones fueron realizadas con (Bernardo) Sofovich y (Héctor) Magnetto, pero fue (Manuel) Campos Carlés quien más había intervenido en la operación. El trato con “el mejor oferente” para la compra de su paquete accionario se cerró, finalmente, el 2 de noviembre de 1976, y si bien no existió una reunión deliberativa, la operación se hizo a través de Guillermo Gainza. Graiver dijo que “no había nadie detenido cuando se vendieron las acciones” y que estaban “en una situación incómoda comercialmente porque el gobierno de facto les habían puesto muchos obstáculos para que las vendieran”. Aseguró que cerraron el trato “con el mejor oferente”, que fue Fapel, una sociedad integrada por los diarios Clarín, La Nación y La Razón.

Respondió las preguntas que le hicieron los fiscales Molina y Hernán Schapiro, y aseguró que en la operación por la venta de las acciones de Papel Prensa había participado Juan y Eva Graiver (sus padres) y su cuñada Lidia Papaleo. Dijo, también, que no estaba al tanto de las amenazas que su cuñada había recibido después de la desaparición de su hermano; y que no tenía conocimiento sobre una relación entre el Estado y la empresa Fapel (que adquirió Papel Prensa), si bien sabía que Fapel era una sociedad constituida entre los diarios Clarín, La Nación y La Razón.

Graiver también fue secuestrado y estuvo en los centros clandestinos Puesto Vasco y Pozo de Banfield. Fue consultado sobre si sabía a qué se atribuía el secuestro de su familia y argumentó que los Graiver comenzaron a de- saparecer al momento de cobrar por la venta de distintas empresas y que el dinero que les correspondía nunca les fue entregado, sino que fue a parar a las arcas de la Comisión Nacional de Reparación Patrimonial (Conarepa). Contó que en los “interrogatorios” los represores le preguntaban “cosas absurdas relacionadas con los Montoneros y con las empresas”.

En el caso de Papel Prensa, dijo que Fapel hizo el depósito judicial, pero nunca fue percibido por su familia porque se lo quedó la Conarepa y que luego su familia fue indemnizada por estos hechos durante la presidencia de Raúl Alfonsín.

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Isidoro Graiver (en camisa) y Osvaldo Papaleo en una inspección judicial en el centro clandestino Puesto Vasco.
Imagen: Télam
 
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