EL PAIS › LA POLITICA DEL PAIS DESPUES DEL TRIUNFO DE CRISTINA KIRCHNER

Nuevos puentes, nuevas construcciones

La gran pregunta es si el 54 por ciento del domingo pasado creó algo nuevo o es una estupenda elección y nada más. Los independientes y el peronismo clásico, la construcción de un Estado fuerte ante las corporaciones.

 Por Raúl Kollmann

El resultado electoral del domingo pasado, con la abrumadora ventaja que obtuvo Cristina Fernández de Kirchner, abre un interrogante más profundo sobre el escenario del país: ¿nació algo nuevo o lo ocurrido es un magnífico resultado electoral dentro de las tendencias que ya se vivían? El dilema no es sencillo de resolver. Algunos consultores y encuestadores sostienen que todavía es demasiado temprano para hacer ese diagnóstico, otros creen que efectivamente pasó a una nueva etapa la construcción de un Estado fuerte, mientras que el resto cree que es un resultado electoral poderoso, pero que acentúa tendencias que no son irreversibles. No falta quien evalúa si el “cristinismo” no constituye una nueva etapa dentro del kirchnerismo. El debate sobre el futuro está planteado.

Heriberto Muraro, sociólogo, titular de Telesurvey y un veterano analista del peronismo, sostiene que “el sano sentido común indica que con ese nivel de popularidad el kirchnerismo va a acentuar lo que está haciendo, que yo definiría como la utopía kirchnerista, utilizado el término utopía en el mejor sentido. ¿En qué consiste esa utopía? En devolverle al Estado el poder que perdió durante la dictadura y durante el menemismo. Los críticos dicen que eso es populismo hegemónico. Lo cierto es que efectivamente fortalecer el Estado es fortalecer el Gobierno. En concreto, significa cuatro cosas: poner en caja a los sectores financieros, a los sectores agropecuarios, a los sindicatos y a los medios. Ese es el proyecto y lo van a acentuar. Los obstáculos son esencialmente dos: la crisis internacional y la inflación argentina. Incluyo esto último en especial porque es lo que desajusta el control sobre los sectores de poder de los que hablamos antes. Los cambios de nombre, para mí, no tienen importancia. Si está Guillermo Moreno o no está, no cambia el cuadro. La realidad es que en combinación con Brasil, el gobierno argentino y, por supuesto, Moreno, están tomando medidas proteccionistas. Y eso a la derecha internacional no le gusta. Diría entonces que se acentúa el proyecto, es continuidad de lo anterior, pero eso no es un hecho menor”.

Enrique Zuleta Puceiro afronta el interrogante desde otro costado. Evalúa si la alianza social que produjo el 54 por ciento, y en la que no están sólo los sectores peronistas tradicionales, llegó para quedarse. “No cabe duda de que se abre la posibilidad de un nuevo cuadro político de largo alcance, aunque sea todavía difícil asegurarlo. El dato central es que Cristina Kirchner lidera hoy una coalición progresista moderada. El suyo es, como subrayan algunos analistas del exterior, un programa socialdemócrata con código populista. Tiene por un lado un compromiso de base con la tradición del peronismo. Pero por otra parte, la amplitud de su triunfo no puede explicarse sin el concurso decisivo del voto progresista independiente. Su ventaja estratégica reside hasta ahora en su capacidad para equilibrar los componentes heterogéneos de una nueva coalición social que apunta a las expectativas de las clases medias emergentes.”

“Ello explica por qué el kirchnerismo se impuso no sólo en sus bastiones clásicos –las provincias del NEA y NOA y el Gran Buenos Aires–, sino también en las ciudades grandes e intermedias de todo el país, especialmente de la estratégica provincia de Buenos Aires. El 54 por ciento nacional está basado sobre todo en el 56,2 de Buenos Aires, donde votan casi cuatro de cada diez argentinos. Cristina supo, quiso y pudo convencer a un electorado básicamente independiente, defraudado por las alternativas de la oposición y básicamente preocupado por garantizar la gobernabilidad futura del país. Los argentinos oscilan hoy entre la preocupación y la esperanza. Reclaman un rol activo y protagónico del Estado. Nueve de cada diez creen que es necesario introducir cambios en la gestión económica. No porque duden de los logros y resultados alcanzados, sino porque están convencidos de que no son suficientes frente a la magnitud de la crisis. Sin embargo, no se trata de una adhesión incondicional. Aunque sean fenómenos muy diferentes, el menemismo pasó de un amplio dominio a implosionar.”

Eduardo Fidanza, de Poliarquía, es más cauto. “No podemos saber si los resultados de las elecciones presidenciales configurarán un escenario de largo plazo. Por ahora, creo que se trata de la acentuación de tendencias que venimos observando desde hace unos años. En primer lugar, la confirmación del dominio político del peronismo que, bajo distintas orientaciones, ganó ocho de las diez elecciones sin proscripciones que hubo en los últimos 65 años; en segundo lugar, la debacle de la UCR y de fuerzas afines. Lo inédito que acabamos de ver es la diferencia entre el ganador y el resto, pero ni el PJ hizo su mejor elección –Perón estuvo dos veces sobre los 60 puntos– ni el radicalismo la peor, que fue con Moreau en 2003.”

Tanto Luis Costa, de Ipsos-Mora y Araujo, como Luis Eduardo González, de la consultora uruguaya Cifra, evalúan que el resultado era de alguna manera previsible y que no cambia demasiado la perspectiva política. Para Costa, “lo que acaba de suceder no tiene mucho de novedoso, sino una consecuencia lógica y esperable en función de los sucesos de los últimos cuatro años. Los dirigentes de la oposición tienen todos más imagen negativa que positiva hace ya mucho tiempo y las únicas figuras que sobresalen son CFK y Scioli. El rechazo social a las figuras de oposición es muy importante y el apoyo a la Presidenta es más grande aún”. González coincide: “A mi juicio es una evolución del escenario anterior. Lo del domingo 23 ratifica un cuadro de mediano a largo plazo que nació (debiendo mucho al azar de las circunstancias) en 2003, pero que en 2007 ya estaba bastante claro”.

Ricardo Rouvier, consultor, pero también integrante de Carta Abierta, cree que hay continuidad, pero que en verdad el fenómeno nuevo ya se empezó a forjar antes. “La elección en sí misma es una evolución de la etapa anterior, pero el conjunto del cuadro es que el kirchnerismo llegó para quedarse. Es un proyecto que va más allá de los mandatos presidenciales porque es un nuevo modelo económico-social y la clave está en el papel del Estado. Ahí está el porvenir, el futuro. Algunos dicen que dentro de la etapa K hay algo que se podría llamar cristinismo. Por ejemplo, sostienen que la medida tomada esta semana con las empresas mineras rectifica una medida adoptada por Néstor. Honestamente, yo veo que todo esto se desarrolla igual dentro del modelo kirchnerista.”

También Artemio López llega a conclusiones parecidas. “Se trata de un escenario nuevo que alinea la representación política con el nuevo país surgido tras la gestión kirchnerista y la reformulación socioeconómica profunda que supuso. Está claro que tras el colapso opositor subyace la certeza de que no comprendían las transformaciones producidas y su impacto en la opinión pública, por lo que no lograron constituirse en ya no alternativa de gestión ejecutiva, sino ni siquiera en oposición electoralmente consistente. Un indicador muestra la inédita endeblez electoral opositora: la diferencia de Cristina Kirchner respecto del segundo, equivale a los votos obtenidos por Binner, Alfonsín y Duhalde sumados.”

El debate está abierto y sólo pasó una semana desde las elecciones. Las conclusiones que unos y otros sacaron serán puestas a prueba casi diariamente en el próximo período. Van a influir no sólo las fuerzas sociales y políticas del país, sino también el desafío que plantean las convulsiones internacionales que produce un modelo muy distinto del que sacó el 54 por ciento ocho días atrás.

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Imagen: Pablo Piovano
 
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