EL PAíS › LOS INVESTIGADORES BUSCAN EVIDENCIA CIENTíFICA PARA SOSTENER LA ACUSACIóN CONTRA EL PADRASTRO

Un caso con muchos indicios, pero pocas pruebas

La autopsia revela que a Tomás lo mataron poco después de salir de la escuela, el martes al mediodía. Un informe ubica el teléfono celular de Cuello, a esa hora, en la zona donde fue hallado el cadáver. Hoy indagan al acusado.

 Por Raúl Kollmann

Al menos hasta anoche, había abundantes testimonios –sobre todo indirectos– contra Adalberto Cuello, pero pocas evidencias científicas para sostener la acusación por el homicidio agravado del pequeño Tomás Santillán. Cuello, ex pareja de la mamá de Tomás, será indagado hoy y tal vez el fiscal Javier Ochoaizpuro tenga cartas guardadas en la manga para exhibirle al imputado antes de la declaración indagatoria. En los diálogos mantenidos hasta ahora con funcionarios policiales y judiciales, Cuello niega que haya tenido que ver con el homicidio y la lógica indica que hoy se niegue a declarar. Los elementos que le darían contundencia a la acusación son el posible hallazgo de ropa con sangre, rastros hemáticos en alguno de los vehículos o en una vivienda, huellas o ADN de Cuello en un palo o caño de tres centímetros de diámetro que habría sido usado para matar a Tomás y que todavía no se encontró y –con menor fuerza probatoria– restos de barro o tierra compatibles con el lugar en el que se encontró el cuerpo o evidencias de que Cuello o alguien allegado usó su celular en esa zona a la hora del asesinato. Que se sepa, no hay pruebas de ese estilo en el expediente. Anoche se estaba a punto de producir una declaración clave, la de María Inés Gastaldi, la supuesta actual pareja de Cuello. Tienen una relación con idas y vueltas de más de diez años y ella es el único sostén de su coartada.

Autopsia. En la mañana de ayer se realizó en Junín la autopsia del cuerpo de Tomás. Un punto clave es que el chico no había sido víctima de abuso sexual, algo que hubiera llevado la investigación para otro lado: el móvil de la pedofilia. Es que hubo un chiquito del colegio que declaró que el martes, desde un VW Polo o Gol gris, se intentó seducirlo y por lo tanto existía alguna posibilidad de que lo mismo hubiera ocurrido con Tomás. Eso quedó descartado.

Otro elemento importante de la autopsia es que ratificó que Tomás fue asesinado a golpes en la cabeza, con un elemento contundente de unos tres centímetros de espesor. Algo así como un palo o una barra. El niño no tenía otros golpes en el cuerpo.

Por último, también se confirmó que al chico lo mataron el mismo martes, después de la desaparición. Ya los investigadores tenían ese diagnóstico porque Tomás estaba con la misma ropa y la vestimenta no estaba sucia. La autopsia ratificó la primera impresión de que el homicidio se concretó poco después de las 12 del martes, hora en que el chico salió de la escuela.

En cierto sentido, tras el descarte de la hipótesis de la pedofilia, cobró más fuerza la acusación contra Cuello, ya que es la que tiene como sustento un móvil: la venganza contra su ex pareja. Por ello el fiscal tomó la determinación de imputarlo por homicidio agravado.

Rastros. En la tarde del jueves, cuando se encontró el cuerpo, quedó la sensación entre los especialistas de la Policía Científica, que Tomás no había sido asesinado en ese lugar. O sea que lo mataron en otro sitio y arrojaron el cuerpo en el descampado. Esa impresión surgió porque la sangre estaba como en una especie de reguero, lo que indica algún arrastre.

Sin embargo, los de Científica volvieron al lugar a la mañana y quedó la duda, porque la aplicación del spray que hace resaltar la sangre los llevó a pensar que tal vez Tomás fue asesinado allí mismo. La cuestión está pendiente de resolución: se mandaron a peritar evidencias para establecer un diagnóstico definitivo sobre la escena del crimen. Al mismo tiempo, continuaban ayer los allanamientos en otros lugares donde podría haberse producido el desenlace.

Declaraciones.Desde el punto de vista del expediente, hay numerosas declaraciones que apuntan contra Cuello. La familia de Susana, la mamá de Tomás, lo acusa desde todos los ángulos. Señalan que el niño le tenía terror, que amenazó a Susana porque no le dejaba ver al bebé que tenían en común, que destruyó pertenencias del chico y que expresaba su bronca con él, supuestamente porque fue un obstáculo en la relación entre Susana y Cuello. “El lo detesta”, le contó la mamá de Tomás a la directora del colegio cuando ella le advirtió que el chico estaba decayendo en su rendimiento escolar.

En el marco de la separación, un juicio por alimentos y escenas de celos, Cuello amenazó: “Te voy a pegar donde más te duele”. Susana interpretó la frase en el sentido de que le iba a robar el bebé. Por eso –argumenta– no se lo dejó ver más. Cuando Tomás no volvió del colegio, de golpe presintió que la venganza podría ser ésa y corrió a hablar con la directora.

También se considera como un indicio que Cuello, con la mala relación que tenía con Tomás, lo haya recogido del colegio el viernes. Ese día, Tomás estaba con un primo. Y Cuello dejó a ambos en sus casas. La idea es que el acusado habría intentado cometer el hecho ya el viernes, pero que al estar el primo las cosas se le complicaron. Volvió el martes.

Cámaras. El gran problema que tiene el fiscal y los investigadores policiales es que, al menos hasta el momento, las pruebas directas no aparecieron. Nadie vio a Cuello con el chico, por ejemplo. Anoche se estaban revisando las imágenes de gran cantidad de cámaras de seguridad de Lincoln, ya no sólo las de la calle principal.

El objetivo era detectar un VW Gol gris propiedad de Carlos Gastaldi, padre de María Inés, la pareja de Cuello, y ver si en ese vehículo el acusado llevaba a Tomás.

Por ahora no hay ni un solo testimonio que sostenga el hecho clave: que Cuello tenía en su poder a Tomás el martes al mediodía.

Científicas. No sólo no hay testimonios directos, sino tampoco pruebas científicas contundentes.

- No se encontró el elemento contundente usado para matar al chico. Se lo sigue buscando, básicamente para ver si hay ADN de Cuello. A primera vista, el palo o caño parece un arma improvisada, algo contradictorio con la idea de un secuestro y crimen planificado como el que se le adjudica a Cuello.

- No aparece ropa de Cuello ensangrentada.

- No se encontró sangre en ninguno de los domicilios allanados.

- No se encontraron rastros de Tomás en ninguno de los seis autos que se peritaron: el de Cuello y los de sus allegados.

- No hay ADN de Cuello en la ropa o el cuerpo de Tomás. De todas maneras, se mandaron hisopados y muestras a peritar.

Estos elementos serían decisivos para esclarecer realmente el caso. Por ahora, no están.

Celulares.Los investigadores afirman que su punto fuerte en el expediente es que Cuello y su pareja no apagaron los celulares y que un informe de la empresa de telefonía indica que el martes al mediodía estuvieron en la zona donde apareció el cuerpo de Tomás.

Se trata de una evidencia de importancia, pero como se demostró en otros casos –como ocurrió con Candela– esos informes no son concluyentes. Debería aparecer algún otro elemento que le dé fuerza a la prueba de los celulares.

Coartada. Según les dijo Cuello a policías y funcionarios policiales, en el mediodía del martes estuvo con su pareja, descompuesto, en su casa. Esto es, a priori, contradictorio con la ubicación de los celulares. Anoche cobraba importancia la declaración de María Inés porque es ella la que sostiene la coartada. El vínculo de Cuello y María Inés tiene más de diez años, aunque con interrupciones. Está claro que ambos viven juntos actualmente, pero algunos dicen que son amigos, no pareja. En cualquier caso, da la impresión de que ella no declarará contra Cuello y anoche trascendió que existe la posibilidad de que la acusen como cómplice.

Transcurridas 24 horas del hallazgo del cuerpo, muchos pretendían ayer dar por esclarecido el caso. La realidad es que se requerirán pruebas más sólidas para cerrar la investigación. Hay elementos –esencialmente testimonios– que apuntan contra Cuello, pero sin evidencias científicas todo quedará en la duda.

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Los testimonios indirectos de familiares, entre ellos el de la madre de Tomás, incriminan a Cuello.
Imagen: Télam
 
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